Sergio Calderón Acevedo
Columnista

¡Fuego!, llamen a los codirectores

Algunos estarán a favor de bajar las tasas de interés, diciendo que la economía necesita un respiro y que el alto desempleo así lo aconseja.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
agosto 05 de 2019
2019-08-05 11:36 p.m.
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No la tienen fácil los codirectores del Banco de la República. Desde hace meses se viene cocinando para la economía mundial la tormenta perfecta, y ellos, como encargados de llevar la nave de la economía a buen puerto, ven cómo cada día los nubarrones se vuelven más negros: Trump intensifica la guerra comercial; la Reserva Federal decide bajar las tasas de intervención; el Banco Central Europeo se prepara para un relevo; Argentina, México y Brasil solo muestran síntomas de deterioro; y, para rematar, en Colombia sube el desempleo, se atiza la inflación y el mismísimo gerente del Emisor vuelve a decir, que Santos manda decir, que la economía crecerá menos de lo esperado. Y el ‘paganini’, por supuesto, es el pobre peso.

Estar sentado hoy en la Junta del Banco de la República es un oficio altamente riesgoso, digno de una de esas series del Discovery Channel. Ninguna decisión es fácil, ni deja contentos a todos los agentes económicos.

Supongamos que aguantan hasta el 27 de septiembre, como anunciado, para discutir si modifican o no la tasa de intervención. Abrirán la discusión, ya tarde, revisando los recientes pronósticos de crecimiento económico lanzados a los medios por parte de su gerente.

Algunos estarán a favor de bajar las tasas de interés, diciendo que la economía necesita un respiro y que el alto desempleo así lo aconseja.

Además, los de ese bando dirán que no seguir los pasos de la Fed abrirá aún más la brecha de tasas domésticas y externas, lo cual reversaría el alza del dólar, en detrimento de algunos sectores exportadores que están viviendo sus días de gloria.

Los otros dirán que no, que disminuir la tasa, que se encuentra en 4,25% desde el 30 de abril de 2018, puede impulsar la inflación, la cual se acerca ahora al nivel sicológico de 4%. Y bajar las tasas de intervención es abaratar aún más los recursos que usan hoy especuladores para comprar dólares, ejerciendo mayor presión sobre el tipo de cambio, en un mortal juego como el que vivió el país hace 20 años, cuando se tuvo que decretar la muerte de la banda cambiaria, porque el mercado siempre es más fuerte que quienes dicen poder regularlo.

En las largas horas que tienen nuestros codirectores para dedicar a la lectura de apasionantes tratados de economía, deberían echar mano a muchos estudios que demuestran que, en Colombia, la devaluación acelerada, como la que vivimos en la actual coyuntura, beneficia a unos cuantos exportadores de bienes primarios, flores y frutas, y llena sus bolsillos, pero roba competitividad a la economía y produce recesión.

Es lógico: las materias primas y los bienes de capital que requiere Colombia para atender su demanda interna y para exportar bienes de alto valor agregado a economías menos avanzadas, como las centroamericanas y las andinas, son importadas. Y su mayor costo se refleja en inflación y en menor crecimiento. La última vez que esto quedó demostrado fue en 2016, cuando el tipo de cambio logró su, hasta ahora, su máximo histórico, y la economía se frenó.

No deben equivocarse los codirectores: no frenar la devaluación es jugar con fuego. Y las reservas internacionales, más que quintuplicadas en veinte años, les dan suficiente agua para extinguirlo.

Sergio Calderón Acevedo
Perito financiero y docente

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