Sergio Calderón Acevedo
columnista

La siguiente esculcada

Con el apretón que viene en el 2019 poner a los bogotanos a pagar más impuestos es pegarse un tiro en el pie.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
diciembre 23 de 2018
2018-12-23 06:55 p.m.
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Ríos de tinta (¡y ahora de bytes!) han corrido por los medios con respecto a la ley de financiamiento. Parece que no hay otra noticia. Hasta nos hizo olvidar otros temas tan o más trascendentales, como las guerras contra el narcotráfico y la delincuencia, que perdieron los generales Mejía y Nieto, quienes afortunadamente ahora lucen flamantes everfits.

Aunque fue ruido de un día, también fue olvidado por culpa de la flamante ley, y aceptado con resignación, como quisieron los concejales y el Alcalde Mayor, el aprobado cobro de una valorización por casi un billón de pesos. Con una lista de 16 obras, varias de ellas innecesarias, los cabildantes distritales pretenden que los estratos 4, 5 y 6 (¿quién más puede ser víctima ideal de más tributos?) paguen lo que normalmente debe ser sufragado con el ya excesivo impuesto predial. Ahora se supone que los bogotanos debemos estar agradecidos porque el impuesto a los inmuebles ‘solo’ subirá 4,5 por ciento en 2019 (50 por ciento más que la inflación), como lo manifestó sin rubor alguno la Secretaria de Hacienda, Beatriz Helena Arbeláez.

Debería pensar la doctora Arbeláez que, con el cobro de la valorización, no sería mala idea dar un alivio una sola vez, y reducir el predial en lugar de incrementarlo. Sobre todo con la parálisis del sector inmobiliario, y con el impuesto a la venta de inmuebles que recaerá casi exclusivamente en los estratos 5 y 6, por la ley de financiamiento.

Con ese billón que nos quitarán, si es que nos queda algo después de la cascada de la ley de financiamiento, pretende la administración distrital construir, entre otros, un centro cultural en uno de los barrios más lujosos de la capital, un puente peatonal a una cuadra de otro que ya existe, y que es uno de los pocos bien usados, una ciclorruta que ya existe (alameda de Los Molinos), y otras tantas que no aportan a la mejor movilidad.

El alcalde Enrique Peñalosa anunció la semana pasada la construcción de un viaducto gigantesco en la 127 con avenida Boyacá. Este sí es de altísimo impacto, y que para nada utilizará recursos del nuevo impuesto. ¿Será que lo mismo puede hacer para varias intersecciones de la calle 100 (en la 19 o la avenida Suba, por ejemplo)? ¿O de la NQS (calle 106, calle 134 o calle 170)? ¿O de la calle 127, en la 15, la 19 y la avenida Suba?

El secretario de Movilidad, Juan Pablo Bocarejo, tal vez no ha pasado por estas intersecciones, pues estará muy ocupado controlando que los que anden en patineta tengan el casco bien abrochado, o que nadie les compita a los taxis amarillos desde un Uber, o que las cámaras de los fotocomparendos, que nadie paga, tengan el aviso 500 metros antes.

Afortunadamente, la concejal Ángela Garzón se le ha atravesado al nuevo gravamen y ha demandado su nulidad. Con el apretón que viene en el 2019, y con elecciones de alcaldes en octubre, poner a los bogotanos a pagar más impuestos es pegarse un tiro en el pie, y devolverles el poder a los genios de la ‘izquierda democrática’ para que sigan destruyendo a Bogotá y contando billetes impunemente.

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