Sergio Calderón Acevedo
columnista

Tribugá, ya 

Poner un puerto en el Pacífico es atraer inversión extranjera y es dar a los chocoanos la oportunidad de salir de la miseria.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
mayo 13 de 2019
2019-05-13 08:59 p.m.
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Afortunadamente, revivió el proyecto del puerto de transferencia y de aguas profundas de Tribugá, a pocos metros del centro de Nuquí, en Chocó. No demoraron los de la tal oposición en descalificar el puerto, y en arrinconar a la Ministra de Transporte, quien declaró que era mentira y que el puerto no está en el PND.

Dejarse amilanar por la ignorante masa que no conoce el proyecto, ni su importancia estratégica, ni los diseños que garantizan su sostenibilidad ambiental, es un enorme error. Los mismos que quieren condenar a Bogotá a emprender un oscuro metro subterráneo, que permitiría llenar sus bolsillos y dejar la obra inconclusa, como lo hicieron con unos sucios y usados camiones de basura, no quieren entender que Tribugá es apenas uno de los eslabones de nuestro propio canal interoceánico, que arrancaría allí y terminaría en Tarena, en aguas del Urabá chocoano.

Colombia se precia de tener costas en los dos grandes océanos, pero ello de nada le sirve si no puede conectarlos con puertos de aguas profundas en ambos cabos y una línea de ferrocarril que permita el tránsito de las mercancías. Y Chocó es el terreno por el cual debe ser desarrollado este canal, que permitirá no solo abrir Colombia al Pacífico, sino contar con infraestructura portuaria para los tiempos modernos.

Seguir dependiendo, ad infinitum, del puerto de Buenaventura solo porque una rancia y reducida aristocracia vea amenazada su supremacía en el occidente colombiano, es seguir condenando a Chocó a ser el departamento más pobre y atrasado del país, siendo a su vez el más rico y de mayor potencial de crecimiento.

Y continuar alegando que la construcción del puerto en Tribugá, y la carretera que lo una con Quibdó, representa un desastre ecológico, desconoce que los primeros diseños, hechos hace más de veinte años, tienen en cuenta estos temas y garantizan la preservación, e incluso la mejora, de zonas de protección.

Decían los economistas Édgar Vieira y Gonzalo Navarro, en un estudio titulado ‘La infraestructura de Colombia para una adecuada articulación internacional’ (2010), que “el puerto se construiría sobre la península arenosa que cierra la ensenada por el sur, sin tocar los manglares ni la selva primitiva; por el contrario, con un manejo ecológico adecuado y en concierto con la naturaleza”.

Quienes alegan que el proyecto no es viable económica ni financieramente, no están pensando más allá del momento actual. Poner un puerto de aguas profundas en el Pacífico colombiano es atraer inversión extranjera, es permitir la salida más competitiva al mercado más grande del mundo, es poder competir con el Canal de Panamá, pero, ante todo, es dar a los chocoanos la oportunidad de salir de la miseria.

Quienes critican el proyecto no han oído hablar de Altagracia, Campobonito, Chachajo, ni de varios municipios y corregimientos donde el índice de necesidades básicas insatisfechas bordea el 100 por ciento. ¿Por qué creen que en Chocó hay un paro todos los años?

Primero entiendan qué es y dónde quedaría el puerto. Entiendan los alcances y sus especificaciones técnicas. Entiendan el impacto económico para Chocó y para Colombia. Mejor dicho, como diría el filósofo Beto Reyes: “hay que leer”. O como diría su despreciada, pero llena de razones, enemiga: “estudien, vagos”.

Sergio Calderón Acevedo
Perito financiero y docente
@sercalder60 / sercalder@gmail.com

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