Sergio Calderón Acevedo
Columnista

¿Último llamado?

En Colombia pensamos que, en esta novela, somos simples espectadores. Pero somos tan contaminantes como cualquiera, y más desiguales.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
enero 27 de 2020
2020-01-27 09:41 p.m.
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No se necesita una reunión de mandatarios y líderes empresariales en las remotas cumbres de los alpes suizos, para darse cuenta de que los principales problemas del mundo son la negligente destrucción del medio ambiente y la inequidad social. Los medios en todo el planeta usan los términos “cambio climático” y “desigualdad”, al referirse a las discusiones de la más reciente versión del Foro Económico Mundial de Davos.

Y seguimos sobrediagnosticando estos problemas, sin atacar sus causas primarias, y provocando más indignación. Creamos ‘gretas’ en cada escuela, en cada red social, en cada programa radial, lleno de pseudo-intelectuales. Y el mundo marcha, vandalizando estaciones de transporte público y bloqueando la libre circulación, como si la simple protesta, la emotiva indignación, el activismo obsesivo, fuera a producir algún cambio. En Colombia pensamos que, en esta novela, somos simples espectadores. Pero somos tan contaminantes como cualquiera, y más desiguales. Creemos que nuestro aporte al calentamiento global es mínimo, porque la mayor parte de nuestra energía eléctrica es hídrica, y que eso la hace sostenible, y no vemos los desastres ambientales y sociales que causan los ‘hidroituangos’, o la corrupción que causan nuestros ‘guavios’.

Por nuestra privilegiada posición geográfica, contamos con extensas zonas de alta solaridad en la región caribe, en la altillanura, a lo largo de la cordillera central, en Boyacá. Allí es más barato producir energía solar que con cualquier otra fuente. Tenemos condiciones óptimas para generación de energía eólica en La Guajira, Cesar y Norte de Santander. Y la energía geotérmica sería de pancoger en nuestras zonas volcánicas. Esta sí que es barata y sostenible. El país está cubierto por rellenos sanitarios, pestilentes y peligrosos campos, donde botamos todo lo que podría ser reciclado, compostado o simplemente quemado para generar más energía. Tranquilos, el metano que sale de los basureros es más dañino que la quema.

Tampoco estamos en plan de mejorar las condiciones sociales, a pesar de que el famoso Gini ya se materializó en las calles, y está fermentándose a buena temperatura para políticos populistas, tan corruptos y mentirosos como los otros. Aquellos incitan al paro, al odio y a la lucha de clases, y se están adueñando del tema, acompañando marchas en la costa.

Presión fiscal, gasto social, lucha contra la corrupción, rediseño del sistema pensional, entre muchos más, son todas herramientas que deberían estar siendo usadas para combatir la inequidad. Por estar preocupados con la inflación, el PIB, el desempleo y otros grandes agregados, los gobernantes y los legisladores están perdiendo, tal vez, la última oportunidad de adelantar grandes reformas. El director del Dane les podría explicar que un crecimiento de 4% en la economía puede ser el resultado de que al 1% más rico su PIB le está creciendo 10%, mientras el resto está en recesión.

Greta pecará por exceso de pasión y falta de bases técnicas, pero viene de una región del mundo donde estos dos problemas parecen resueltos, y de ellos tenemos mucho qué aprender. Y ellos, los escandinavos, nos quieren preguntar cual parte de ‘el fin está cerca’ no entendemos.

Sergio Calderón Acevedo
Economista

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