Sergio Calderón Acevedo
columnista 

Vacuna contra el desempleo

Nuestros congresistas y funcionarios deberían aprovechar el aislamiento para estudiar el modelo alemán, y sus esquemas de gobierno corporativo. 

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
abril 13 de 2020
2020-04-13 10:49 p.m.
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La última vez que la economía mundial se enfrentó al abismo incierto de la recesión fue en 2008, cuando el sistema financiero internacional, afectado por la crisis de Estados Unidos, estuvo más que nunca al borde del colapso. El virus en aquella ocasión fue el sub-prime, que empezó a cobrar víctimas en 2007, y pronto se convirtió en una pandemia financiera, que paralizó no solo a varias economías, sino que ocasionó un desplome del intercambio global.

¿Suena familiar? En aquella ocasión el PIB de los Estados Unidos cayó 2,5% y el de Alemania 5,7%, en 2009. Por estos lados apenas nos enteramos, pero no hubo crecimiento, tampoco recesión técnica. En EEUU el desempleo se duplicó, al pasar de 7 a 15 millones de desocupados, mientras que en Colombia pasó de 2,2 a 2,5 millones.

¿Y Alemania? El país que sufrió el peor golpe de la crisis, por ser el campeón mundial de las exportaciones, apenas perdió 150 mil empleos, los cuales fueron fácilmente subsidiados por su gigantesca red social, por lo cual se puede decir que nadie pasó penas. También, durante la caída, el gobierno federal destinó EUR 5 millardos a subsidiar a consumidores, no a las empresas, en la compra de automóviles, evitando el pinchazo de su industria bandera.

Los alemanes conocen el secreto de preservar el empleo como el bien más preciado y resguardado de su población. Lo inventaron en 1910, en el ocaso del imperio romano-germánico, para atenuar la crisis de la industria de la soda. Allí se originó el concepto del Kurzarbeit (trabajo corto), que implica que, en épocas de contracción, se aplica un pacto tripartita (empresas, trabajadores y estado), en el cual los primeros no despiden a nadie, los segundos aceptan una reducción del tiempo de trabajo y de sus salarios, y el tercero cubre económicamente algunas necesidades de los trabajadores para que no mueran de hambre.

Este concepto está completamente regulado y plasmado en el Código Social (Sozialgesetzbuch), y forma parte de los cimientos con los cuales los padres fundadores de la moderna República Federal de Alemania (Adenauer, Heuss y Erhardt) estructuraron la economía social de mercado, el modelo económico más exitoso del último siglo. Mientras el PIB cae, los trabajadores van a sus puestos menos horas, pero usan el resto para capacitarse, bajo el paraguas de la Bundesagentur für Arbeit (como un Sena, pero mucho más), para ser aún más productivos cuando la locomotora vuelva a arrancar. Esta agencia, además, tiene información completa de las vacantes que hay en toda la economía, para poder diseñar la capacitación que más necesitan las empresas.

Mientras en Colombia nos devanamos los sesos para evitar que la tasa de desempleo regrese al 21% que tuvimos en 2000, luego de la recesión que dejó una caída de 4,2% del PIB en 1999, los descendientes de los teutones se preparan para crecer y liderar la Europa que saldrá renovada y fortalecida de esta coyuntura.

Nuestros congresistas y funcionarios del gobierno deberían aprovechar el aislamiento para estudiar el modelo alemán, y sus esquemas de gobierno corporativo, para evitar que el próximo virus nos coja sin pretextos para haberlo prevenido, y sin mascarilla anticíclica.

Sergio Calderón Acevedo
Economista

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