JUEVES, 29 DE FEBRERO DE 2024

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Stefano Farné
columnista

Reforma Laboral 2.0

Quien redactó texto de la reforma laboral pensó que esta favorecería el empleo (formal), pero en el debate prevaleció una confusa tesis negacionista.

Stefano Farné
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Stefano Farné

Afortunadamente, el Gobierno decidió aplazar la reanudación de la discusión en el Congreso del proyecto de reforma laboral. De hecho, si bien este proyecto tenía unas cosas buenas y otras no tanto, el efecto final más probable sobre el mercado del trabajo no podría calificarse como totalmente positivo en su conjunto.

Este proyecto fue redactado por buenos abogados, pero por economistas distraídos. Y la principal distracción fue creer que las empresas no reaccionarían a las medidas propuestas y pagarían mayores recargos, indemnizaciones y beneficios a sus trabajadores, reduciendo sus márgenes de utilidades. Si así fuera, efectivamente, los trabajadores formales gozarían de mayores remuneraciones y de empleos de mejor calidad. A su turno, estos “mejores empleos, implican mayor demanda de bienes y servicios a las empresas … y consecuentemente aumento en el empleo” (Exposición de motivos pp. 117-118).

Sin embargo, lo más probable es que las empresas intenten mantener sus márgenes de ganancias y reaccionen aumentando los precios de los productos vendidos o reduciendo el personal ocupado, buscando alternativas productivas entre las que ofrece la tecnología moderna.

En el primer caso aumentaría la inflación y los trabajadores formales no verán aumentos del poder adquisitivo de sus remuneraciones, mientras que el resto de la población sufrirá una pérdida a causa del mayor nivel de los precios. En el segundo, algunos trabajadores formales traerán beneficios de la reforma, pero otros perderán la oportunidad de emplearse y, obviamente, no gozarán de mejores condiciones de vida.

Tal vez, el lector distraído no se percató de que, como dejaron constancia en la exposición de motivos, los autores del proyecto de ley pensaban que la reforma laboral habría llevado a un aumento del empleo (vía mejor calidad del mismo). Empero, por extraño que pueda parecer, en toda ocasión sus promotores insistieron que las reformas laborales, incluida la que presentaron, no generan empleos. Y aquí sale a relucir otra distracción. ¿A cuál empleo se referían los defensores del proyecto de ley?

Evidentemente, no hay reforma laboral que tenga como objetivo estimular el empleo informal, o, al menos, eso es lo que se esperaría de unos hacedores de política racionales. Luego, cuando se afirma que una reforma laboral no genera empleo, se debe entender que no genera empleo formal. Y esto es lo contrario de lo que se infiere, nuevamente, en la exposición de motivos donde se lee que “la reforma laboral contiene cuatro medidas que impactarán positivamente la formalización laboral en Colombia” (p. 118). Esta serían las que beneficiarían a los aprendices, el servicio doméstico y los trabajadores de plataformas de reparto y del campo. En fin, quien redactó el texto de la reforma laboral pensó que esta favorecería el empleo (formal), pero en el debate prevaleció una confusa tesis negacionista.Esperemos que la pausa legislativa sirva para aclarar en el nuevo proyecto de reforma algunos conceptos básicos que rigen el funcionamiento del mercado de trabajo.

Stefano Farné
Director Observatorio del Mercado Laboral, Universidad Externado.

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