Ciudades inteligentes y seguras

Quienes tienen el rol de proteger a la gente deben contar con soluciones que les permitan tomar decisiones efectivas en tiempo real.

Colombia, un país con potencial para ciudades inteligentes

El análisis de experiencias exitosas en las urbes latinoamericanas muestra que los ingredientes para avanzar en el desarrollo son muy diversos.

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Portafolio
agosto 12 de 2019 - 10:00 p.m.
2019-08-12

Cuando escuchamos frases de organismos internacionales que sustentan que Latinoamérica “es la región más violenta del planeta, fuera de las zonas de guerra” o que “uno de cada tres homicidios que ocurren en el mundo se registra en América Latina y el Caribe” nos sentimos preocupados, pues sin duda esto es parte de las conversaciones cotidianas que tenemos con familia, amigos y colegas de trabajo.

Todos como ciudadanos por igual, sin importar país o ciudad, nos sentimos afectados por las experiencias y relatos que exponen el grado de inseguridad, criminalidad y violencia que se vive en las calles, y de la cual muy seguramente hemos sido víctimas en mayor o menor grado, directa o indirectamente.

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Así, nos encontramos hoy ante un círculo vicioso en donde la inseguridad impacta en la inversión y actividad económica, lo que conlleva a menores oportunidades de crecimiento y generación de empleo, reproduciendo el ciclo de pobreza que es uno de los factores de la delincuencia.

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Como ciudadanos, el crimen impone un costo adicional en nuestras vidas, afectando en la salud, en la productividad, en nuestra capacidad de inversión (de esfuerzo, de ahorros) y nuestro nivel de consumo, al entrar en una dinámica de supervivencia.

Sin duda una ciudad segura, es una ciudad más susceptible a desarrollarse. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en un estudio reciente sobre el costo que tiene la violencia en Latinoamérica confirmó que la violencia y el crimen le cuestan a la región de América Latina y el Caribe hasta US$261.000 millones, monto que evidentemente es quitado de otras partidas que apoyan rubros claves como educación o combate a la pobreza.

Además, el mismo BID destaca que, paradójicamente, se gasta más del Producto Interno Bruto (PIB) en seguridad en comparación a países desarrollados con tasas más bajas de criminalidad. Mientras que Estados Unidos invierte 2,75%, Francia 1,87% y Alemania 1,34% en el combate a la inseguridad, en la región latinoamericana se destina hasta 3,55%.

Así, parece ambicioso pensar en América Latina el concepto de ciudades inteligentes o ‘smart cities’, por su equivalente en inglés, con características de sostenibilidad, con servicios que aumenten la calidad de vida de sus habitantes, sumando sistemas convergentes basados en TIC[1] para asegurar el orden.

Organismos como el Banco Mundial y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito afirman que las altas tasas de criminalidad y violencia en Latinoamérica están afectando el crecimiento y amenazando el bienestar humano, en consecuencia impidiendo el desarrollo social y económico.

Entonces, ¿Cómo convertimos nuestras ciudades en lugares seguros y prósperos? ¿Cómo convertirse en ciudad inteligente con los grandes retos en materia de seguridad?

La conclusión inescapable de una Ciudad Inteligente o aquellas que pretendan serlo, es que deben poner la inteligencia al servicio de la seguridad de sus ciudadanos. Los gobiernos municipales han comenzado a enfrentar ese desafío con determinación, asumiendo cada vez mayor responsabilidad e iniciativa en las políticas y estrategias de seguridad pública dentro del concepto de Ciudad Inteligente.

Los resultados han comenzado a hacerse notar. En el análisis de experiencias exitosas desarrolladas en las urbes latinoamericanas, se pueden resumir algunos aspectos claves coincidentes: coordinación y colaboración estratégica con las fuerzas de seguridad (propias o de ámbitos territoriales superiores como ser estatales / provinciales o nacionales); fortalecimiento supra-institucional a través de la mejora de los servicios y plataforma tecnológica de atención de emergencias; provisión de otras herramientas de tecnologías de información y comunicación modernas para la lucha contra el crimen; implementación de mecanismos de comunicación ciudadana eficaces que promuevan la participación de la ciudadanía, y otros.

Como se puede ver, la tecnología juega un papel muy importante. A este respecto, un estudio[2] muy relevante es el realizado en 2018 por Lucía Dammert, analista e investigadora internacional en Seguridad, quien analizó la situación de múltiples instituciones de seguridad pública de la región latinoamericana y pudo reconocer que aquellas que han desarrollado un proceso serio de adquisición de tecnología, en donde las estrategias de trabajo policial están basadas en evidencia, son aquellas que efectivamente pueden prevenir y controlar el delito con mejores resultados.

En el análisis de experiencias exitosas desarrolladas en las urbes latinoamericanas, liderado por la investigadora, los ingredientes necesarios para avanzar son muy diversos y retadores pero llaman la atención tres relativos a la tecnología: una constante y efectiva formación policial, misma que debe considerar edad apropiada y un facilidad para adaptarse al desarrollo tecnológico; en segundo lugar, el invertir en sistemas de información que al cruzar permita determinar con exactitud los delitos para definir acción y por último, reconoce que las TIC, son el mejor aliado para empoderar y mejorar la gestión policial, aumentar la responsabilidad de los cuerpos del orden y luchar contra la corrupción.

Asi, las ciudades inteligentes buscan priorizar el uso de las TIC para la seguridad. Para ello, quienes tienen el rol de proteger a la ciudadanía (fuerzas de seguridad pública y emergencias), deben contar con soluciones tecnológicas inteligentes que les permitan tomar decisiones efectivas en tiempo real en medio de una emergencia y, más aún, anticiparse a situaciones que amenacen su seguridad, para prevenirlas.

IVÁN KRALJEVIC
Gerente de desarrollo de negocios de soluciones de comando y control en Motorola Solutions

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