Mercados se están adaptando a un mundo más turbulento

Es probable que se produzca una recesión global sincronizada, la cual podría presentar pequeños repuntes en los indicadores, pero serían pasajeros.

Los problemas de Boeing han supuesto un auténtico golpe para el conjunto mundial de las cadenas de valor.

Los problemas de Boeing han supuesto un auténtico golpe para el conjunto mundial de las cadenas de valor.

AFP

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Portafolio
agosto 20 de 2019 - 10:00 p.m.
2019-08-20

Los cambios de paradigma suelen suceder lentamente, y de repente todos al mismo tiempo. Esa es la lección de la reciente turbulencia en los mercados. Y, ante esto, lo sorprendente es que los males no se hayan producido antes.

Los expertos pueden haber vinculado la peor caída del Dow Jones en el año a nuevas inversiones en la curva de rendimiento de los bonos en EE. UU. (un indicador histórico de recesiones), pero las señales subyacentes de enfermedad en la economía mundial han estado presentes por mucho tiempo. La pregunta era en qué momento los mercados iban a abandonar la complacencia generada por una década de bajas tasas de interés y expansión cuantitativa, y aceptar esta nueva realidad.

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Tengamos en cuenta que, desde enero de 2018, todas las principales economías, excepto India, han sufrido un deterioro de los índices de sus gestores de compras. Los PMI son uno de los mejores indicadores prospectivos de las condiciones económicas para el sector manufacturero, que es un referente para la actividad económica general. La desaceleración en la eurozona ha sido drástica, particularmente en Italia y Alemania,
donde la economía ahora se está contrayendo oficialmente.

Como señaló el estratega Louis-Vincent Gave de Gavekal, “se pueden detectar las huellas digitales de muchos culpables” en los problemas del sector manufacturero, desde los desafíos estructurales del sector automotriz, el fiasco del Boeing 737 Max y su efecto en las cadenas de suministro globales, hasta la falta de lanzamientos de nuevos productos exitosos en el sector de la tecnología, y la mediocridad de la inversión empresarial, la debilidad del sector energético y la desaceleración en China.

Todo lo que se requiere es un gran incumplimiento de deuda soberana o una cascada de bancarrotas corporativas y el mercado podría entrar en caída libre.

Por supuesto, la política no ha sido de mucha ayuda. Pero una vez más, ninguno de los acontecimientos recientes ha sido sorprendente. Tomemos como ejemplo a Argentina, que sufrió una caída del mercado del 48% un día de la semana pasada después de que la oposición peronista tomó una clara ventaja en sus elecciones presidenciales.

La pregunta es por qué los inversionistas estaban, como dice la frase de Casablanca, “¡escandalizados, escandalizados!” al descubrir que un país que ha sido un moroso en serie estaba girando de nuevo a la izquierda.

Esto plantea otras preguntas. ¿Qué podría pasar en el Reino Unido si una elección general, antes o después de un Brexit sin acuerdo, le permite a Jeremy Corbyn tomar el poder? ¿Qué podría deparar el futuro de la turbulenta política de Italia? ¿Cuál podría ser el impacto de una victoria de Elizabeth Warren o Bernie Sanders en las elecciones estadounidenses? Como se expresó recientemente en una nota de 13D Global Strategy, semejantes acontecimientos “encajarían perfectamente en el ciclo que va de la acumulación a la distribución de la riqueza”, que será el mayor cambio económico de nuestras vidas.

¿Por qué tardamos tanto en aceptar esta nueva realidad? Porque hemos pasado décadas viviendo en la vieja realidad, la realidad neoliberal posterior a Bretton Woods. La globalización económica desenfrenada y los años de política monetaria relajada han impulsado los precios de los activos y favorecido el capital sobre la mano de obra, aparentemente de forma indefinida.

Hemos quedado entumecidos por los billones de dólares emitidos por los bancos centrales, por programas de negociación algorítmica que compran cuando hay descensos y, por lo tanto, disminuyen la sensación de riesgo político a largo plazo, y por una inversión pasiva récord.

Todo esto se ha combinado para atenuar las señales que ahora, finalmente, parpadean en rojo. Somos testigos de la reciente recesión de los índices bancarios, de transporte e industriales, así como la caída de las acciones de pequeña capitalización, un indicador histórico de problemas en las grandes compañías. Al final de un ciclo de recuperación, el capital suele amontonarse en las grandes y las empresas más pequeñas sufren.

Conforme los mercados finalmente aceptan el aumento del riesgo político, el cambiario, el crediticio y la creciente probabilidad de gobiernos izquierdistas, se hace evidente que los cambios y las sorpresas llegan rápida y furiosamente. No en balde todos ahora se preguntan: “¿Qué viene después?”

Creo que es muy probable que la respuesta sea una recesión global sincronizada, acentuada por una desaceleración gradual del mercado, una en la que podría haber algún repunte ocasional, pero cuyo rumbo general es hacia abajo.

Esto podría durar algunos años. En las próximas semanas, esperaría ver nuevos niveles mínimos en los rendimientos de los bonos, una profundización de la inversión de la curva de rendimiento, precios más altos para activos de ‘seguridad’ como el yen y el franco suizo, y un continuo mercado alcista en el oro.

También esperaría escuchar más discursos de línea dura por parte de Donald Trump. Las persistentes críticas del presidente estadounidense contra China y la Reserva Federal siempre se verán después de cualquier recesión del mercado.

Probablemente habrá más intentos por parte de Trump de mantener desequilibrada a la oposición, como la decisión de demorar los nuevos aranceles sobre los productos chinos hasta diciembre para que los consumidores no se vean afectados durante la temporada de compras navideñas. (Nada de esto aumenta las posibilidades de que haya un acuerdo comercial real).

Mientras tanto, los consumidores estadounidenses ya están sufriendo y eso podría tener grandes implicaciones para la campaña de reelección de 2020 de Trump. Se está desacelerando el impulso en el crecimiento del empleo en estados pendulares como Michigan, Ohio y Pensilvania.

Un informe reciente realizado por el encuestador liberal Stan Greenberg reveló que un tercio de las mujeres blancas de clase trabajadora en algunas áreas conservadoras están comenzando a volverse contra el Presidente, irritadas por sus frecuentes alardes sobre el auge de la economía estadounidense. “Quizás en la ciudad de Nueva York”, dijo una mujer de Wisconsin. “Pero no aquí”.

Para Donald Trump y el público estadounidense en general, el verano del miedo puede convertirse en un invierno de descontento político.

Rana Foroohar - Finantial Times

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