Necesitamos un mercado realmente libre

Muchos estadounidenses todavía alegan que su sistema económico fomenta una mayor competencia corporativa.

Huawei

Los vetos a Huawei han sido definidos como un ejemplo de socavar la competencia. 

Reuters

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Portafolio
abril 05 de 2019 - 08:20 p.m.
2019-04-05

Los recientes acontecimientos en el ámbito mundial de los negocios se pueden considerar de diferentes formas.

Consideremos los llamados de EE. UU. para que la empresa tecnológica china Kunlun se desligue de la red social estadounidense Grindr, debido a que los datos de la aplicación de citas para personas homosexuales, bisexuales y transexuales podrían utilizarse para chantajear a las personas con permisos de seguridad, lo cual comprometería los intereses estadounidenses.

Luego, siguieron los tuits de Donald Trump sobre su reunión con el director ejecutivo de Google, Sundar Pichai, quien aparentemente está “comprometido con el ejército estadounidense, no con el chino”. Supongo que es bueno saberlo.

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A esto le siguió un anuncio de los planes de Google para desplegar contenido web más rápido para Cuba, lo cual parece oponerse a las promesas de Trump de aplicarle más mano dura al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Se entiende, por supuesto, que los cubanos le brindan servicios de inteligencia a Caracas.

Todo sucedió en medio de una gran cantidad de acontecimientos en los sectores de la tecnología y el comercio, incluyendo una disputa entre los estados miembros de la UE sobre si aliarse con China o con Estados Unidos en la batalla por las redes de telefonía 5G.

EE. UU. quiere derribar al ‘campeón’ chino de las telecomunicaciones y fabricante de chips, Huawei, presionando a los aliados para que no usen sus equipos. Mientras tanto, Apple, está ocupado socavando al propio fabricante estadounidense de chips 5G, Qualcomm, en una serie de costosas batallas legales por infracción de patentes.

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¿Te resulta difícil seguir todo esto? A mí también. Pero hay un denominador común aquí. En conjunto, estas historias revelan los conflictos inherentes al sistema de libre mercado de EE. UU. conforme choca con las realidades del capitalismo de Estado, y el cambio de una economía industrial a una digital.

En esto, veo dos dicotomías que vale la pena examinar. En primer lugar, las compañías más grandes y ricas de EE. UU. han estado a la vanguardia de la globalización. A pesar de las disminuciones en los ingresos en el extranjero durante los últimos dos años, casi la mitad de las ventas del S&P 500 proviene del extranjero. Entonces, ¿cómo se puede percibir a esas compañías como "totalmente comprometidas" con EE. UU. o, de hecho, con algún país en particular?

Eso nos lleva a otras preguntas incómodas. Si las empresas chinas que poseen aplicaciones estadounidenses son un riesgo para la seguridad, entonces, ¿cómo es que no es un riesgo también el hecho de que Google (o Amazon, Apple o Microsoft) hacen negocios en China?

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Se puede evadir la respuesta hablando sobre si los datos de los usuarios se almacenan en servidores en China, o si las tecnologías más avanzadas de las compañías se desarrollan allí, pero la pregunta central será más apremiante conforme las compañías tecnológicas se vuelvan cada vez más importantes para la seguridad nacional.

Es difícil imaginar que a una compañía como Raytheon se le permita realizar sus negocios de defensa y aeroespacial tanto en China como en EE. UU. Las compañías que realizan las investigaciones más avanzadas en campos como el de la inteligencia artificial son posiblemente más importantes para el departamento de defensa que el antiguo complejo industrial militar. Pero aun así están involucradas con ambas partes.

Un segundo punto disonante tiene que ver con cómo funciona y cómo no funciona la versión del capitalismo estadounidense.

Los estadounidenses a menudo alegan que el sistema fomenta la competencia. Pero dado el nivel de concentración corporativa y la cantidad de dinero en la política, ¿hasta qué punto es realmente así? ¿Cómo es, por ejemplo, que Google es la primera en tener la oportunidad para conectar a Cuba? Porque el exdirector Eric Schmidt y otros tres ejecutivos de Google, que tenían muchísima influencia con la administración del presidente Barack Obama, visitaron la isla en medio de un embargo en 2014.

Seis meses después, la política hacia Cuba cambió. Ahora, Google puede enviar videos de YouTube a la isla bajo el mandato de Trump. No es un gran acuerdo comercial para ellos; y hay quienes dirían que es mejor que dejar que los oligarcas latinos lo hagan.

Pero también favorece la conclusión de que EE. UU. se parece más a América Latina que lo que a muchos de nosotros nos gustaría pensar: un lugar donde el dinero y las conexiones personales son más importantes que cualquier otra cosa. No es de extrañar que los millennials consideren que los mercados se construyen políticamente de una forma que sus padres no consideraban. Aunque son demasiado jóvenes para recordar los fracasos del comunismo, ven las hipocresías del capitalismo a su alrededor.

Es difícil saber dónde terminará la disonancia. ¿Cómo un sistema que alienta a las compañías multinacionales a trasladar capital, empleos y propiedad intelectual a cualquier lugar también recompensa a los Estados nación que generaron esas compañías en primer lugar? ¿Cómo pueden los políticos reducir la brecha entre la economía y la política de formas que no conduzcan a la autocracia u oligopolio? El socialismo no es la respuesta.

Tampoco lo es copiar el sistema de mercado de comando y control de China, que creo que en última instancia será demasiado frágil para lidiar con una sociedad moderna y digital.

Más bien, debemos reconocer que el Estado tiene que desempeñar un papel, no seleccionando a los ganadores corporativos, sino invirtiendo en las cosas en las que el mercado no invierte - infraestructura, educación y atención sanitaria - y luego garantizando que las compañías que se benefician de ellas paguen su cuota justa de impuestos.

También debemos garantizar que nuestro mercado sea realmente libre, mediante la aplicación de reglas antimonopolio y la creación de regulaciones inteligentes para crear un campo de juego equitativo.

Hacerlo podría ayudarnos a ver mejor las fortalezas de nuestro propio sistema.

Rana Foroohar

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