Recesiones se han vuelto más aterradoras

Una crisis financiera que es difícil de predecir, como puede estar pasando en la actualidad, es la causa más probable de una nueva depresión. 

Recesión

El mundo pocas veces ha estado peor equipado para luchar contra una recesión. Sin embargo, nunca ha enfrentado menos recesiones contra las que ha tenido que luchar.

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septiembre 07 de 2019 - 12:23 p.m.
2019-09-07

El mundo pocas veces ha estado peor equipado para luchar contra una recesión. Sin embargo, nunca ha enfrentado menos recesiones contra las que ha tenido que luchar. Eso hace que el próximo colapso global sea difícil de imaginar, pero lo más probable es que sea un evento traumático e inesperado, más parecido al brote repentino de una nueva enfermedad que al inicio anual de la temporada de influenza.

Las alarmas de una recesión sonaron fuertemente este verano gracias a una inversión de la curva de rendimiento estadounidense, lo cual significa que las tasas de la deuda a corto plazo son más altas que las de la deuda a más largo plazo. Eso sucedió conforme la expansión económica rompía récords y experimentábamos una caída global en las medidas de confianza en la fabricación.

(El comienzo de una recesión global está cada vez más cerca). 


Con las tasas de interés atrapadas en o cerca de cero en gran parte del mundo industrializado, los bancos centrales cuentan con escaso espacio para responder. Cualquier desplome en la actividad económica representa una aterradora perspectiva.

Posiblemente, a este episodio de debilidad global se le permita tornarse en una recesión estadounidense y mundial. Sin embargo, eso desafiaría el patrón de las recesiones de las recientes décadas, el cual ha cambiado tanto en causa como en frecuencia.

Las recesiones son más raras y, cuando comienzan, lo que las provoca es, cada vez más, un colapso financiero en lugar de una actividad comercial decreciente o un sobrecalentamiento económico.

Los pronosticadores de las recesiones han tenido un terrible historial pero, en el pasado, los traficantes de ruina sólo tenían que esperar unos años para vivir su momento de gloria. Actualmente la redención puede tomar décadas. A 122 meses desde su inicio, la actual expansión estadounidense es la más larga jamás registrada, por delante del período de 1991 a 2001. La expresidenta de la Reserva Federal (Fed) de EE. UU., Janet Yellen, ha argumentado que es un “mito” que las expansiones económicas mueren de vejez. Unas expansiones más largas significan que las recesiones se han vuelto más raras.

Durante los 35 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, hubo ocho recesiones estadounidenses; en los 35 años siguientes, hubo cuatro. Las tendencias en otros países desarrollados son similares. En las décadas de 1990 y 2000, los economistas solían hablar de una “gran moderación”, la idea de que la producción se había vuelto significativamente menos volátil desde principios de la década de 1980. Pero eso resultó ser una declaración vergonzosa después de la crisis financiera de 2008, y la frase desapareció. La evidencia desde entonces, sin embargo, sugiere que el fenómeno es real. La volatilidad del crecimiento trimestral en Estados Unidos en la actualidad es más baja de lo que nunca ha sido.

Una serie de explicaciones han sido presentadas. Una es la disminución de los ciclos de inventario en la fabricación: el uso de técnicas de ‘justo a tiempo’ (JIT, por sus siglas en inglés) ha reducido la necesidad de ajustar las existencias. Otra es el cambio estructural de la economía hacia los servicios. La demanda de clases de ‘spinning’, o ciclismo estacionario, de consultoría de gestión, de karaoke y de cirugía plástica puede fluctuar con la economía general pero, a diferencia de las fábricas de acero y las de automóviles, no tienen una gran dinámica cíclica propia.

(¿Cómo puede Colombia resistir la turbulencia económica mundial?). 


Una tercera explicación, probablemente más importante, es el éxito de los bancos centrales en estabilizar la inflación y evitar los ciclos de auge y contracción. La mayoría de las recesiones estadounidenses en los años de la posguerra comenzaron cuando la economía se calentó demasiado, cuando la inflación se aceleró y cuando la Fed aumentó las tasas de interés para restringir la demanda. Han pasado décadas desde la última vez que esto ocurrió. Más recientemente, los bancos centrales han luchado con la falta de inflación, pero no demasiado.

Cuando los legisladores no le temen a la inflación, pueden proporcionar un estímulo para compensar una desaceleración. De hecho, el riesgo es más bien que carecen de armas para contrarrestar los choques reales como el Brexit o como los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump sobre productos provenientes de China.

Pero los legisladores definitivamente lo están intentando. La Fed está recortando las tasas de interés, un ejemplo seguido por India, Tailandia, Filipinas y Nueva Zelanda, entre otros, sólo en agosto. Un estímulo fiscal está en camino en Corea del Sur y en el Reino Unido. Y China está lista para hacer todavía más.

Es aquí donde un sinnúmero de las predicciones de recesión se equivocan. Cuando la amenaza es obvia, la respuesta en materia de políticas llega por adelantado. Una apuesta en cuanto a que la actual desaceleración global se convertirá en una recesión global es, en parte, una apuesta a que los esfuerzos de estímulo actuales fracasarán.

Es fácil seguir este argumento hasta que se convierte en una falacia: los legisladores actuarán para prevenir una recesión, así es que no es posible que se produzca una grave recesión. A principios de la década de 2000 hubo mucha arrogancia en este sentido, pero lo ocurrido en 2008-09 representó un correctivo brutal. Esa recesión comenzó en el sector financiero, con préstamos de alto riesgo y con la vivienda, al igual que la recesión de 2001 comenzó con el estallido de la burbuja de las puntocom.

El ciclo económico puede haberse atenuado, pero el financiero de Hyman Minsky todavía está con nosotros. Cuando llegue la próxima recesión, las finanzas serán la más probable causa.

Si las fluctuaciones económicas reales son difíciles de predecir, establecer el momento específico de cuándo ocurrirá una crisis financiera es casi imposible. Los analistas pueden detectar desequilibrios en los mercados, pero sólo pueden suponer cuándo y cómo se desarrollarán. Existen algunas señales de que estamos atrasados en el ciclo actual.

Las valoraciones de los activos son altas según los estándares históricos. La deuda privada ha aumentado mucho en China y en algunas economías periféricas. La administración Trump está revirtiendo las regulaciones financieras. Todo esto aumenta el riesgo. Pero las señales de estrés que a menudo preceden a una crisis - un entusiasmo desmesurado o un aumento en los impagos - no son obvias.

Nada de esto significa que una recesión no ocurrirá; el punto es que son impredecibles. Pero, según el patrón de recesiones recientes, existen pocas señales de que una ya esté en marcha. Lo que sí es seguro es que una crisis económica en las condiciones actuales sería excepcionalmente difícil de combatir. Es probable que ése sea el patrón de las futuras recesiones: raro y aterrador.

PEORES CIFRAS EN ECONOMÍA DE EE. UU.

La economía de EE. UU. no cumplió las expectativas en agosto, mes en el que se crearon 130.000 nuevos empleos, un signo más de que el ritmo de contrataciones ha caído en 2019.

De este modo, aunque la economía estadounidense continúa en un nivel próximo al pleno empleo, con una tasa de desempleo que se mantuvo en el 3,7%, la creación de 130.000 nuevos puestos de trabajo estuvo notablemente por debajo de las expectativas de los analistas, que habían anticipado unos 170.000.

Además, el Gobierno estadounidense revisó a la baja los datos de creación de empleo de julio, de 164.000 a 159.000, y de junio, de 193.000 de 178.000. Esto se traduce en una media mensual de 156.000 empleos creados en los últimos tres meses, por debajo del promedio de 190.000 mensuales en los ocho años desde que las contrataciones empezaron a crecer después de la última recesión.

Sin embargo, este ha sido el mes número 107 en el que el empleo crece de manera consecutiva en EE. UU., la racha más larga de bonanza en el mercado laboral de que se tiene constancia. El salario medio subió en agosto 11 centavos de dólar la hora, hasta los US$28,11.

En los últimos 12 meses, los salarios se han incrementado un 3,2%, una décima menos que lo registrado en el mes pasado.

La tasa de participación en la fuerza laboral, es decir, la proporción de estadounidenses que se encuentran empleados o buscando empleo, mejoró levemente hasta el 63,2%, dos décimas por encima de julio.

Estas cifras de empleo son síntoma de que la economía está perdiendo fuelle pero se mantiene estable, gracias a un mercado laboral sólido y a un consumo constante, en un contexto de desaceleración y de tensiones comerciales. La preocupación aumentó cuando el indicador de actividad manufacturera se contrajo por primera vez en 3 años.

Robin Harding

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