Impacto económico de legalizar en EE.UU. la marihuana

Wall Street entra a invertir en un sector que tiene un valor estimado de US$10.000 millones.

Marihuana legalizada en EE.UU.

El tema, como el de matrimonio de mismo sexo, se ha convertido en un caso de estudio de cuán rápidamente puede cambiar la opinión.

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Portafolio
enero 18 de 2019 - 08:43 p.m.
2019-01-18

Esta semana, William Barr, el candidato de Donald Trump para el cargo de fiscal general, ha estado soportando el ritual de un interrogatorio exhaustivo en Washington que representa la audiencia de confirmación. Como era de esperarse, los temas que acapararon los titulares fueron los relacionados con la investigación de Trump por parte del Robert Mueller y otros asuntos de derecho constitucional. Pero, en mi opinión, hubo otro momento revelador, uno que se relacionaba con el debate sobre la marihuana.

Cuando se le preguntó a Barr si quería legalizar la droga, él dijo que, si bien no quería legalizarla en EE. UU., no planeaba detener el negocio creciente de la venta de la “debido a que se han realizado inversiones”.

¿Estás confundido? Deberías estarlo. Porque si quieres ver cuán contradictoria puede ser la política estadounidense, el caso de la marihuana representa un excelente ejemplo. En teoría, como dijo Barr, el uso de la droga sigue siendo ilegal desde una perspectiva federal. Por lo tanto, los bancos y las compañías de tarjetas de crédito no tocarán la industria; es ilegal transportar marihuana a través de las fronteras estatales; y las prisiones de la nación están abarrotadas de personas, desproporcionadamente de raza negra, condenadas por “delitos” pasados relacionados con la marihuana.

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Sin embargo, a principios de esta década, estados como California y Colorado legalizaron la droga para uso recreativo, y su aceptación en algunos lugares es tan generalizada que se puede ordenar para entrega a domicilio tan fácilmente como si fuera una pizza. Otros estados están siguiendo el ejemplo: esta semana, Andrew Cuomo, el gobernador del estado de Nueva York, presentó planes para legalizar la droga para uso recreativo. De hecho, una cuarta parte de EE. UU. actualmente tiene acceso legal a la marihuana recreativa, y hasta dos tercios pueden tener acceso a la droga con fines médicos.

Como era de esperarse, esto ha provocado un auge en las inversiones, conforme Wall Street se abalanza sobre un campo que ya tiene un valor estimado de US$10.000 millones. Pero dado que el negocio no es legal a nivel federal, las compras minoristas se realizan, casi en su totalidad, en efectivo.

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Y si se les pregunta a los grupos de gestión de activos acerca de sus estrategias con relación a la marihuana, la mayoría no las discutirán en público. En otras palabras, la sensación de disonancia cognitiva permea confusamente en el ‘ambiente’, no sólo en el mundo de la marihuana, sino también en Washington.

¿Es probable que esta situación cambie? Los evangelistas de la marihuana argumentan que sí sucederá, por razones culturales, entre otros motivos. Después de todo, el tema, como el del matrimonio entre personas del mismo sexo, se ha convertido en un estudio de caso en cuán rápidamente puede cambiar la opinión pública. Según el Centro de Investigaciones Pew, en 2010 la proporción de votantes que apoyaban la legalización de la marihuana era de 40%; hoy en día está más cerca a 60%.

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Si bien estos temas culturales son los que acaparan los titulares, existe otro factor crucial que recibe menos atención: la economía. Un grupo de economistas — integrado por Benjamin Hansen, Keaton Miller y Caroline Weber — recientemente condujo fascinantes investigaciones en esta área. Ellos analizaron las ventas de marihuana en los estados vecinos de Washington y Oregón, donde las tiendas habían estado legalmente vendiendo marihuana recreativa desde julio de 2014 y octubre de 2015, respectivamente.

Antes de que Oregón aprobara esta ley, las ventas en Washington estaban en auge, particularmente cerca de la frontera, lo cual indicaba una operación masiva de contrabando transfronterizo. Pero después de que Oregón legalizó la venta en tiendas para uso recreativo en 2015, las ventas a lo largo de la frontera con Washington cayeron de inmediato en un 36 por ciento. Lo que es aún más notable es que los economistas han extrapolado hacia el pasado para calcular que, al aplicar impuestos a la marihuana legal, Washington “ha ganado entre US$64 millones y US$100 millones en ingresos fiscales de los compradores transfronterizos hasta la fecha”.

Además, los economistas concluyeron que al multiplicar esto a través de todo el país, el resultado es que “los incentivos transfronterizos pueden crear una ‘carrera hacia la legalización’”. El anuncio de Cuomo se produjo aproximadamente al mismo tiempo que los políticos de Nueva Jersey hicieron una promesa similar: los políticos de ambos lados del río Hudson saben que, si no actúan, corren el riesgo de perder los ingresos fiscales potenciales entre sí.

Esto alegrará los corazones de los libertarios, quienes, durante mucho tiempo, han apoyado la despenalización total; a fin de cuentas, décadas de patrullar la frontera mexicana no han impedido la entrada masiva de heroína. De hecho, si se desea ver el poder de los incentivos económicos en acción, hay que considerar que los inversionistas en la marihuana creen que la droga ahora fluye libremente a través de la frontera mexicana, pero del norte al sur — no al revés — debido al aumento de la oferta en EE. UU.

Por supuesto, esta situación también horrorizará a los muchos que se oponen a la droga por motivos morales o religiosos. También puede preocupar a algunos médicos. Existe cierta evidencia de que la marihuana puede tener beneficios médicos para numerosos usuarios, pero también existe evidencia de que el uso excesivo entre los adolescentes puede ser perjudicial para el desarrollo cerebral.

A muchos como yo también les preocupará que el peculiar marco ‘semilegal’ signifique que el etiquetado todavía está parcialmente autorregulado. Por esta razón, las tiendas de marihuana pueden vender productos que parecen dulces para niños, sin una indicación clara de la dosis.

Espero que, en los años venideros, EE. UU. comience a hablar más abiertamente sobre esta extraña situación y actúe, idealmente, adoptando la legalización federal pero con la debida regulación (y etiquetado del producto). Barr también desea más claridad. “Si queremos tener un enfoque federal, entonces logrémoslo y hagámoslo correctamente”, comentó. No apuesto a que esto suceda pronto, sobre todo mientras que los republicanos dependan tanto del voto de los evangélicos. Por el momento, esta confusa ‘niebla legal’ le conviene a todas las partes; no importa que pueda confundir a todo el mundo.

Gillian Tett

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