Invasión de algas pone en jaque al turismo mexicano

Varios ecosistemas han sido devastados por una masa de 550 km de sargazo.

Playas de México afectadas por algas

Las playas de la región, que antes estaban llenas de turistas, ahora están repletas de equipos de limpieza para contener la invasión del sargazo.

EFE

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julio 05 de 2019 - 08:20 p.m.
2019-07-05

En lugar de los mares turquesa y las límpidas playas que Don Gatti - un administrador de California - había anticipado cuando llegó a Playa del Carmen, México, encontró que el color del agua era marrón y que una alfombra de algas podridas cubría las blancas arenas.

La playa no está llena de turistas, sino de dos docenas de trabajadores moviendo las algas marinas con palas y carretillas, algunos hasta la cintura en el lodo. Un camión con una pala delantera transporta las algas. El olor es espantoso.

“Esto no es lo que esperábamos”, admitió Gatti mientras se reclinaba en una silla playera a unos metros del equipo de limpieza.

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La situación a lo largo de la costa caribeña de México empeoró esta semana cuando la gigante masa flotante de sargazo, de más de 550 km de largo, llegó a la costa. La ‘ola’ sin precedentes de estas algas marinas llegará a Tulum - conocida por sus playas y por sus ruinas mayas situadas en un acantilado - y a la costa, incluso hasta Belice al sur.

Desde 2011, el sargazo ha estado acumulándose en algunas de las playas más admiradas de México en cantidades cada vez más grandes, causando no sólo un hedor y una fealdad visual, sino también daños a los arrecifes de coral y a los ecosistemas marinos.

La península de Yucatán, en México, está particularmente expuesta, pero las algas marinas han estado obstruyendo las playas de todo el Caribe y de Florida en una catástrofe generada por el hombre de crecientes proporciones. Sin embargo, la llegada de una isla de algas del tamaño de Jamaica representa una preocupante escalada. “Éste es el mayor desastre ambiental para México. Éstas son algunas de las áreas con mayor biodiversidad del mundo”, señaló Esteban Amaro, un hidrobiólogo que monitorea las algas.

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Stephen Leatherman, un experto en playas de la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés), estuvo de acuerdo. “No ha habido nada como esto en el pasado, que yo sepa. Esta enorme cantidad de sargazo es un desastre”, comentó.
“A menos que hagamos algo pronto, en algunos años el daño se volverá irreversible”, agregó Brigitta van Tussenbroek, del laboratorio de algas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El sargazo ha sido observado en el Atlántico desde la época de los conquistadores, pero la deforestación masiva en el Amazonas para despejar tierras para el cultivo, y el uso intensivo de fertilizantes, han introducido nitrógeno a los océanos, el cual estimula el crecimiento de algas. La cantidad de algas se ha disparado debido a las temperaturas oceánicas más cálidas, explican los científicos.

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En el mar, el sargazo está vivo y proporciona un hábitat para tortugas y peces. Pero una vez que llega a tierra y muere, produce gases tóxicos y genera lixiviados ácidos y metales pesados que vuelven al mar, alterando así el grado de acidez o alcalinidad (pH) del agua y privando a los océanos de oxígeno. Eso ha conducido a la propagación del síndrome blanco, una agresiva enfermedad de los corales, señaló Amaro.

Andrés Manuel López Obrador, el presidente de México, ha movilizado a la Marina mexicana para combatir las algas con medidas tales como barcos y barreras para atrapar las algas. Él está presupuestando US$2,7 millones para abordar el problema.

Pero esto es menos de una décima parte de lo que los hoteleros de la costa afectada esperan pagar por limpiar las playas este año. El Presidente ya ha enfurecido a la industria turística, de US$23.000 millones, al deshacerse de la junta de turismo en su campaña de austeridad. Ahora, él también ha indignado a las empresas locales al decir que el impacto de las algas en la región - que representa la mitad de la contribución del 8,7% del turismo al producto interno bruto (PIB) - “no fue gravísimo”.

A medida que comienza la temporada de vacaciones de verano, la opinión pública también está en desacuerdo con López Obrador: la mitad de los encuestados en una encuesta realizada por la firma Mitofsky consideró el sargazo como un problema grave y nacional. El turismo es la tercera más grande fuente de ingresos detrás de la fabricación de automóviles y de las remesas.

Los hoteleros temen que, si México no combate las algas, los turistas elegirán centros turísticos en otros lugares del Caribe, como la República Dominicana, la cual ha combatido exitosamente las algas con barreras marinas.

A lo largo de la playa de Tulum, algunos hoteleros están considerando cerrar debido a que las bodas en la playa - un pilar de su negocio - se han acabado.

Francesca Pesaresi, la dueña del hotel María del Mar, el cual cuenta con nueve suites de lujo, comentó que la situación era “bastante desastrosa”. Las reservaciones anticipadas se redujeron en un 80% y la ocupación general fue un cuarto menos que la del año pasado.

“Nosotros pagamos un impuesto turístico del 3% y los turistas pagan un impuesto de salida. Si sólo el 1% de esto se usara para combatir el sargazo, representaría una gran ayuda”, indicó Pesaresi. “El sargazo está aquí para siempre y está matando nuestros mares y nuestros corales”, agregó.

Según datos de la industria, los hoteleros de la Riviera Maya, la cual se extienden a lo largo de 120 km desde Puerto Morelos hasta Punta Allen, han perdido unos US$12 millones este año debido a las cancelaciones relacionadas con el sargazo.
Pero los turistas que ya estaban en México estaban lidiando de la mejor manera posible con la situación.

“Leímos al respecto, pero es muy diferente estar aquí viéndolo, oliéndolo”, explicó Ben Brenson, un trabajador de servicios terrestres para aviones en Chicago. Él reconoció que si no hubiera estado asistiendo a una boda, “probablemente hubiera elegido un destino diferente”.

“Supongo que esto es lo que le estamos haciendo a la naturaleza”, dijo Brenson. “Es culpa nuestra y la gente no se da cuenta”.

Jude Webber

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