Reducción del PIB de Brasil alimenta temores de recesión

La mayor economía de Latinoamérica sufre una contracción en el primer trimestre, lo que supone el primer revés económico para Bolsonaro.

Jair Bolsonaro

Los brasileños y los inversionistas del país confiaron en que el equipo económico de Bolsonaro impulsaría la economía.

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Portafolio
junio 04 de 2019 - 11:00 p.m.
2019-06-04

La economía de Brasil se contrajo durante el primer trimestre de este año, representando un perjudicial revés para el presidente Jair Bolsonaro y para sus planes de impulsar el crecimiento en el país más grande de Latinoamérica.

El resultado — el cual marca la primera contracción del país desde 2016 — ha aumentado los temores de que Brasil pudiera regresar a una recesión menos de dos años después de haber salido de una brutal recesión de muchos años.

Más de 13 millones de personas en Brasil están actualmente desempleadas, y millones más están subempleadas. Cerca de 55 millones de personas — más de una cuarta parte de la población — actualmente viven por debajo del umbral de pobreza, un aumento en comparación con 52 millones en 2016.

Con una disminución en las inversiones, gran parte de la infraestructura de la nación y numerosos servicios públicos se encuentran en serio deterioro. “El panorama es preocupante y el riesgo de una recesión es concreto”, dijo Zeina Latif, la economista jefe de XP Investimentos en São Paulo. “Un tema central es la disminución de la confianza empresarial por las cambiantes señales y de los errores políticos que la administración ha estado acumulando”.

El creciente pesimismo representa un revés para Bolsonaro, quien en octubre fue elegido principalmente por brasileños de ingresos medios y altos que creyeron que su agenda económica liberal atraería inversiones y reavivaría el crecimiento del país.

Después de la votación, el optimismo empresarial aumentó y el mercado de valores se disparó anticipando que Bolsonaro y su equipo económico, encabezado por el ministro Paulo Guedes, aprobarían una reforma de pensiones ampliamente considerada necesaria para restablecer la confianza y estimular el crecimiento económico.

Pero aunque la reforma aún está lista para ser aprobada, una serie de debilitados indicadores económicos, así como la continua lucha política interna en Brasilia, han comenzado a influir en el sentimiento y la perspectiva más amplios.

“En este ambiente político, me temo que Brasilia va a arruinar todo de nuevo. Voy a esperar hasta que reciba una señal de que vamos en la dirección correcta”, dijo un banquero en São Paulo. “Las personas necesitan un mayor nivel de confianza para invertir en la economía real”, agregó.

Los datos del Gobierno mostraron una contracción en el PIB del 0,2% durante el primer trimestre, después de la publicación de una serie de s indicadores. La producción industrial bajó un 2,2% en el primer trimestre y el sector de servicios en general se ha reducido en un 1,7%.

Ahora se pronostica que el crecimiento para el año sea de un 1,2%, frente al 2,6% estimado en enero, según el Boletim Focus del banco central de Brasil.

“Sólo hemos visto recortes en educación y salud. Las empresas necesitan empleados, pero no están contratando para reducir costos. Es una situación en la que la desigualdad social solamente aumenta”, expuso Vanderley Moretto, quien ha estado desempleado desde noviembre.

Tony Volpon, economista jefe de UBS en São Paulo, atribuyó la contracción trimestral a los “choques negativos, en particular a la crisis en Argentina, a la desaceleración mundial, especialmente en la manufactura, y al desastre de la presa de Vale en Brumadinho”. Pero señaló que Brasil estaba atrapado en un “equilibrio de bajo crecimiento” debido a la falta de inversión.

“Lo que todos han estado esperando durante los últimos dos años es cierta normalización de las inversiones, que las inversiones comiencen lentamente a alcanzar los niveles previos a la recesión, y eso no ha sucedido”, comentó Volpon.

Gran parte de esta reticencia corporativa se debe a las preocupaciones acerca de la precaria posición fiscal de Brasil, una situación que Guedes espera que su propuesta de reforma de pensiones pueda abordar.

Agobiado por una enorme cantidad de obligaciones de bienestar social, el déficit fiscal de Brasil se ha disparado en los últimos años, y se prevé que la deuda pública bruta alcance el 90% del PIB este año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“El gran drama de Brasil es el acelerado crecimiento del gasto, el cual se basa en un insostenible sistema de pensiones”, explicó Marcos Lisboa, un economista de la escuela de negocios Insper. “Cuanto más tarde en resolverse ese problema, más tiempo tardará en recuperarse la economía, más frágil se tornará la economía y más sensible será a los choques negativos”, agregó Lisboa.

Sin embargo, existen algunos detalles positivos. Las ganancias corporativas son saludables en diversos sectores. Las ganancias reportadas de las compañías que cotizan en la bolsa de valores B3 de São Paulo el año pasado alcanzaron los US$44.000 millones, un aumento del 40%, según datos de Economatica.

En el sector privado, existe “un claro avance hacia el crecimiento y hacia las inversiones”, declaró Álvaro Gonçalves, el director ejecutivo del grupo de capital privado Stratus. “El número de compañías que se preparan para una oferta pública inicial (OPI) llegó a 30 en el primer trimestre, aproximadamente un 50% más que durante el primer trimestre del año pasado”, agregó.

Algunos economistas también creen que el crecimiento del PIB se recuperará en la segunda mitad del año.

“La expectativa es que haya un crecimiento más fuerte, más del 0,5% para cada trimestre. Esto refleja la disipación de las nubes de incertidumbre, particularmente en relación con la agenda de la reforma”, señaló Thais Zara, la economista jefe de Rosenberg Consultants.

Sin embargo, ella agregó que “depende mucho del ambiente político y de la aprobación de la reforma de las pensiones”.

Lisboa coincidió con este sentimiento, diciendo que la situación era extremadamente precaria. “No tenemos una recesión, al menos todavía. Pero la economía, más o menos, se ha detenido. Es una situación muy inestable”.

Bryan Harris y Andres Schipani

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