Turismo de Eutanasia: el viaje eterno

La opción de que Bélgica se convierta en un destino para ello preocupa a la UE.

Eutanasia

En Colombia, el permiso de esta práctica se encuentra con distintos niveles de restricción.

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POR:
Cecilia Rodríguez
marzo 21 de 2019 - 08:55 p.m.
2019-03-21

Cuando ‘eutanasia’ aparece en las noticias, es a menudo debido a una controversia ética o alrededor de la legalidad o ilegalidad de su aplicación.

Más recientemente, ha aparecido de nuevo en torno a otro tema controvertido: el ‘turismo de eutanasia’, que en sí mismo ya es discutible dado el hecho de que ‘turismo’ es un término asociado con una experiencia alegre que difícilmente puede combinarse con el deseo voluntario de terminar con la vida. Al mismo tiempo existe el argumento de que se trata de un viaje, si bien, eterno.

La forma más general de definir el fenómeno es que ocurre cuando una persona viaja a otro país donde la eutanasia o el suicidio asistido es una opción permitida por la ley, para acceder a una muerte asistida, ya que está prohibida o los criterios de acceso son más restrictivos en su país de origen.

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El turismo de eutanasia puede asociarse con el fenómeno más grande del ‘turismo médico’, que es el resultado de los avances en la tecnología moderna, el aumento de las oportunidades de viaje y la globalización de la atención médica que ha abierto las puertas para que los consumidores crucen las fronteras o viajen a destinos en el extranjero para obtener tratamiento. Entre los más populares se encuentran la cirugía estética y dental, la cirugía cardio y ortopédica y los trasplantes de órganos y tejidos.

Dos casos recientes han atraído la atención de los medios internacionales al ‘turismo de eutanasia’:

La reciente derrota por parte de las cortes de Nuevo México y Arkansa de propuestas de ley para legalizar el suicidio asistido, que habría permitido a los médicos recetar medicamentos que ponen fin a la vida de pacientes con enfermedades terminales y en sufrimiento, y que también habría legalizado el turismo de eutanasia para personas de otros estados.

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El segundo caso es el alboroto en Europa en torno a lo que se ha descrito como ‘la autorización de la Unión Europea para fomentar el turismo de eutanasia’, que ha cobrado fuerza en torno a los temores de que Bélgica se esté convirtiendo en un sitio muy popular para la práctica.

El aumento del número de pacientes que viajan principalmente desde otros países de la Unión Europea, pero también desde países de otros continentes donde la eutanasia no es legal, a Bélgica donde es legal desde 2002, ha sido constante en los últimos años. Las solicitudes de pacientes franceses aparecen entre las mas numerosas.

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Lo que ha reavivado el debate es un nuevo elemento que está siendo examinado: las implicaciones legales de permitir que médicos extranjeros vayan a Bélgica para ayudar a sus pacientes con enfermedades terminales a poner fin a sus vidas.

“Una directiva de la UE de 2005 permite que las calificaciones médicas sean reconocidas en los otros estados miembros de la UE”, explica The Telegraph. “Los críticos culpan esa ley de facilitar el turismo de eutanasia porque permite que los médicos que acompañan a un paciente a otro país de la UE la practiquen allí”.

La Comisión Europea ha negado tal interpretación. Aunque es legalmente posible para un médico de otro país de la Unión Europea practicar la eutanasia, de la misma manera que se les permite realizar procedimientos médicos ocasionales entre los países de la UE, existe la realidad de que pueden ser procesados en su país de origen.

La Comisión Europea, que elabora las leyes de la UE, insistió en que la responsabilidad de prevenir la práctica recae en los gobiernos nacionales. Depende de ellos decidir si los médicos que viajan al extranjero para realizar la eutanasia legalmente han infringido la ley en su país.

Antes de que Bélgica se convirtiera en la ‘capital de la eutanasia mundial’, era Suiza la más conocida como el destino final para extranjeros en su viaje hacia la muerte asistida.

El suicidio asistido ha sido tolerado desde 1942 en el país y hay por lo menos ocho clínicas especializadas, la más conocida, principalmente debido a casos controvertidos, es Dignitas.

Además de Bélgica, la eutanasia es legal en otros dos países de la UE: Holanda, que fue el primero en legalizar el suicidio asistido y la eutanasia, y Luxemburgo. Suiza, no es miembro de la UE.

Otros países permiten tácitamente la eutanasia pasiva como Francia, donde es ilegal pero tiene una ley de ‘muerte sedada’ que se aprobó en 2016 para permitir que los médicos mantengan a los pacientes terminales sedados hasta su muerte. En Alemania, el suicidio asistido es legal pero solo si se toma una dosis letal sin la ayuda de nadie más.

En la lista de otros países que han legalizado la eutanasia se encuentran Canadá y con diferentes niveles de restricciones, Colombia y el estado australiano de Victoria. Oregon fue el primer estado de EE. UU. en legalizar el suicidio asistido en 1997 para pacientes terminales, seguido de Washington y Vermont.

“La eutanasia en Bélgica se cuenta como un servicio de salud básico, cubierto por la prima mensual que cada ciudadano paga a su compañía de seguros”, explica The Guardian. “Pero los médicos tienen derecho a negarse a llevarla a cabo. Unos se niegan a hacerlo por razones éticas, otros por razones religiosas”.

Los pacientes que buscan eutanasia en Bélgica deben reunirse varias veces con el médico que realiza el procedimiento durante un periodo de meses para garantizar que la solicitud sea voluntaria y cumpla con los criterios necesarios, y estar viviendo un sufrimiento físico o psicológico insoportable causado por una afección médica, grave e incurable.

El costo actual es de US$3.500, que se deben pagar incluso si el solicitante se arrepiente a último momento.

Cecilia Rodríguez
Especial Portafolio

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