Placenteras cosquillas en el cerebro

Muchas personas estuvieron de acuerdo en que la sensación es eufórica. Es probablemente la más agradable posible. 

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Respuesta Meridiana Sensorial Autónoma (ASMR), po sus siglas en inglés se volvió un fenómeno viral en las redes sociales.

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Portafolio
julio 22 de 2019 - 10:49 p.m.
2019-07-22

¿Ha sentido cosquillas en el cerebro? Al parecer es una sensación extrañamente satisfactoria que no tiene que ver con tocar la cabeza, rascarla o masajearla. Con lo que tiene que ver es con el internet y el inmenso y misterioso mundo de los videos. Las 'cosquillas' en el cerebro son el producto de mirar videos hipnotizantes con un denominador común: lo repetitivo y mundano.

Hay millones de esos videos rondando en el internet y es tal la popularidad que ha dado lugar a una nueva y muy productiva industria.

En general se trata de recopilaciones de objetos físicos manipulados de formas muy específicas: fundido, alisado, tallado, cortado, disuelto o simplemente tocado suavemente una y otra vez. La extrañamente satisfactoria sensación de hormigueo en el cerebro descrita por quienes los miran era hasta no hace mucho una rareza psicológica. Al hormigueo se agregan leves vibraciones en la columna, los vellos de los brazos se levantan y la mente comienza a sentirse deliciosamente reposada.

De repente “Extrañamente Satisfactorio” que se conoce también como “cosquillas en el cerebro” u “orgasmo cerebral” y más científicamente como Respuesta Meridiana Sensorial Autónoma (ASMR, por la sigla en inglés), se convirtió en fenómeno de YouTube e Instagram y constituye un género independiente en las redes sociales donde hay más de 500 videos nuevos cada día.

Capas de dulce untadas sobre un pastel, vidrio fundido que avanza lentamente desde la punta de un soplete, cera de crayón girando en una tina metálica, cuchillos cortando ladrillos de arcilla blanda en rectángulos inmaculados sobre un fondo blanco, manos amasando bolas elásticas suaves, arrugando papel de celofán, removiendo pintura en círculos hipnóticos, cortando tajadas de una barra de jabón con un pelador de vegetales, repartiendo tarjetas, cepillando el cabello y vertiendo leche fría en tazones de Choco Krispies...También hay dedos golpeando de meñique a pulgar sobre una mesa o en un vidrio y uñas golpeando en grandes tazones de madera, voces suaves murmurando… Los ejemplos son idiosincrásicos e infinitamente variados, por decir lo menos.

Como curiosidad de Internet, ASMR ha alcanzado proporciones de culto y aunque no hay una respuesta científica sobre cómo esos videos producen cosquilleo en la mente y otras sensaciones, se trata de un fenómeno de magnitud suficiente para sostener una naciente industria con 'artistas' especializados en producirlos que tienen audiencias de miles y hasta millones de seguidores.

En un artículo titulado “Pequeños Sonidos, Mucho Dinero”, la revista Wire explica: “Donde hay seguidores, por supuesto, hay un mercado. Las empresas están acudiendo en masa para capitalizar la locura de ASMR”. Ahora hay innumerables aplicaciones de videos ASMR que ofrecen una versión básica gratuita y contenido “premium” por un valor mensual de entre 10 y 20 dólares. Otros 'venden' los videos individualmente por 1 dólar o a veces menos. Gran parte de ellos son gratis y siguen siendo producidos por aficionados. La popularidad del fenómeno ha dado lugar también a estudios y teorías. Unos aluden a la situación de ansiedad general que vivimos, a las condiciones sociales y geopolíticas que son un asalto diario a la paz personal y hacen necesario encontrar alternativas de calma y relajación. Otros creen que tiene que ver con la naturaleza del internet.

Gran parte del mundo en línea está diseñado para producir respuestas, motivar participación, crear agitación. El internet prospera con el miedo, la ansiedad, la ira e indignación. Las redes sociales están diseñadas para producir el sentimiento de estar perdiéndose algo importante permanentemente. El medio en sí mismo es estresante, con sus alertas, sonidos, puntos rojos y enlaces abiertos que necesitan atención.
“Extrañamente Satisfactorio” es lo que el resto del internet no es: calmante, lento y no interactivo.

La atracción también puede tener que ver con la simetría, los patrones y la repetición que el cerebro parece encontrar intrínsecamente agradables y con estar completamente absorto en una experiencia.

En todo caso ASMR, un término relativamente nuevo inventado por una de las primeras usuarias, ya tiene definición en el diccionario: “una experiencia caracterizada por una sensación de estática u hormigueo en la piel que generalmente comienza en el cuero cabelludo y se desplaza hacia la parte posterior del cuello y la columna vertebral superior”.

Una búsqueda en Google de “extrañamente satisfactorio” trae alrededor de 4.7 millones de resultados.

Estos días abundan los artículos en profundidad sobre el fenómeno, sus alcances y los diferentes intentos por definirlo: “una ‘chispa plateada’ dentro de la cabeza, un eufórico ‘orgasmo cerebral’ o una sensación de piel de gallina en el cuero cabelludo que se desvanece dentro y fuera en oleadas de mayor o menor intensidad”, describe el New York Times. “Muchas personas estuvieron de acuerdo en que la sensación es eufórica. Aparte de un orgasmo real, es probablemente la sensación más agradable posible”, según un usuario.

Las principales autoridades en el género son mujeres y niñas, solas en sus computadoras, manipulando objetos para un público sin rostro y en crecimiento.

Recientemente se ha encontrado que hay muchos usuarios que usan videos ASMR como ayuda para dormir, como alternativa a la meditación guiada y como una versión ‘libre de drogas’ de Xanax, el médicamento para la depresión.

En todo caso quien inventó el término ASMR no intentaba crear una forma totalmente nueva de entretenimiento o algo aún más complejo que trasciende simple entretenimiento y surge del cruce de los cables del cerebro. Una especie de subcultura, vinculada por una sensación inefable que podría ser considerada la primera vez que el internet revela la existencia de un nuevo sentimiento.

Cecilia Rodríguez
Especial para Portafolio

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