Que ropa tan rica. La contaminación que genera debe parar

Se estima que durante 2015, el sector generó 1.200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero.

Vestuario

Algunos países que producen prendas al por mayor, vierten las aguas residuales tóxicas a los ríos

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POR:
Cecilia Rodríguez
junio 18 de 2019 - 10:15 p.m.
2019-06-18

Estos podrían ser hechos que no tienen nada que ver entre ellos, excepto por tratarse de formas de consumo de ropa:

Por un lado está la ropa como uno de los símbolos más conspicuos de consumismo. Ese insaciable deseo de estar a la moda que ha creado la segunda industria más contaminadora del mundo, después de la del petróleo.

Cada año, el mundo consume más de 80 mil millones de prendas de vestir. Los artículos de moda rápida a menudo se usan menos de cinco veces y se mantienen 35 días en promedio.

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La ropa, como tantas otras cosas de la vida moderna se ha vuelto desechable. Una familia en el mundo occidental tira un promedio de 30 kg de vestimentas por año. Solo el 15 por ciento es reciclado o donado. El resto va a basureros o se incinera. Las fibras sintéticas, como el poliéster, son fibras plásticas y por lo tanto no biodegradables. Puede demorar hasta 200 años en descomponerse. Las fibras sintéticas se utilizan en el 72 por ciento de nuestra ropa.

Para el 2030, al ritmo actual de crecimiento, se espera que la industria de la moda produzca 102 millones de toneladas de ropa y calzado y supere un valor de 3,3 trillones de dólares.

Esa contaminación masiva contribuye enormemente a acelerar el ritmo del desastre climático. En 2015, el sector generó 1.200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, más que todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo combinados. Igualmente es responsable de una quinta parte de la contaminación global del agua y una tercera parte de los micro plásticos en los océanos.

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Se calcula que para teñir una tonelada de tela se usan hasta 200 toneladas de agua fresca. El algodón se suele cultivar en zonas cálidas y secas y se requieren hasta 20.000 litros de agua para producir un kilogramo.

En la mayoría de los países que producen prendas al por mayor, las aguas residuales tóxicas no tratadas de las fábricas textiles que contienen sustancias como plomo, mercurio y arsénico, se vierten directamente en los ríos, lo cual es extremadamente dañino para la vida acuática y la salud de millones de personas que viven en las orillas de esos ríos. Esa contaminación llega al mar y, finalmente, se propaga por todo el mundo.

Si nada cambia, de acuerdo a los pronósticos de las Naciones Unidas, se espera que el mundo experimente una grave catástrofe relacionada con el clima en la década de 2040.

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Y aquí entra el otro ángulo relacionado con la ropa, en el cual el consumo es una cosa buena. Es que no solo la gente y las polillas son consumidores de prendas. Hay otro tipo de microorganismos que también lo hace.

En este caso no se trata de consumo a través de compras millonarias de toneladas de artículos de vestir sino más bien de un consumo más literal y minúsculo: hay una pequeña forma de vida que ve la ropa específicamente si es hecha de poliéster como una merienda.

Igual que con los microbios usados para consumir petróleo, siempre han existido microorganismos naturales que consumen plástico, pero no es una fuente de alimento deseable para ellos sino una opción de último recurso. Lo que los científicos están experimentando es en alterar la estructura molecular del poliéster para que les sepa mas sabroso a los microbios.

PrimaLoft, una empresa de Estados Unidos que trabaja produciendo materiales de alto rendimiento como microfibras sintéticas, es un buen ejemplo de lo que se está logrando en el campo de modificación de microorganismos.


En un esfuerzo por contribuir al problema del exceso de plástico la empresa comenzó a reciclar botellas plásticas que cortan en pequeños pedazos para crear luego bolitas que pasan a través de rodillos gigantes, convirtiéndolas finalmente en filamentos 50 veces más finos que una hebra de cabello y que sirven para producir telas.

¿Suena bien no? Pero en el contexto del daño que toda la ropa produce al medio ambiente, esas nuevas telas son simplemente parte del problema. Por eso empezaron a experimentar con los microbios come-textiles y después de cinco años y alrededor de un millón de dólares de investigación y pruebas descubrieron que, como a los niños, a los microbios les encanta el azúcar y cuando tienen una tela endulzada se la devoran.

En términos de biodegradación se trata de un proceso mucho más rápido y efectivo y ya varias marcas están haciendo ropa con el nuevo material ‘endulzado’, sobre todo para vestimentas atléticas.


Aun así, una cosa es medir el impacto de un nuevo material en un sistema perfectamente controlado y otra lo que ocurre una vez que está en el mundo. Siempre hay posibles consecuencias no deseadas que todavía no han sido estudiadas.

Al mismo tiempo el experimento de tomar materiales técnicos y transformarlos en nutrientes naturales marca una evolución importante en términos de moda y sostenibilidad.

Cecilia Rodríguez
Especial para Portafolio

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