Roger Federer: ‘No puedes estar solo en la cima’

El gran tenista habla sobre el perfeccionamiento de su juego, la paternidad y lo que tiene en común con Lionel Messi.

Roger Federer

No se puede gastar energía nuclear en el juego, porque tienes familia, o hijos, quizás negocios u otros problemas.

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julio 13 de 2019 - 12:12 p.m.
2019-07-13

Después de 25 años de entrevistar atletas, he aprendido que nunca te preguntan nada. Roger Federer es la excepción. En la camioneta que nos lleva a su avión privado, me bombardea con preguntas: ¿han causado muchos destrozos los chalecos amarillos? ¿Tengo hijos? Cuando descubre que tengo gemelos (él tiene dos pares) y que mi madre, al igual que la suya, provino del norte de Johannesburgo, sonríe: “Podríamos ser hermanos”. Habla un inglés casi perfecto, con el ritmo cadencioso de su idioma nativo suizo-alemán.

Volamos camino a Madrid. Despegamos casi verticalmente: los aviones privados vuelan a más de 40.000 pies, más alto que los comerciales, y viajan rápidamente por una atmósfera más fina y casi totalmente libre de tráfico aéreo.

(El multimillonario contrato por el que Federer renunció a Nike). 


Federer y yo nos sentamos frente a frente en asientos de suave cuero beige. La azafata despliega una mesa entre nosotros y nos prepara el desayuno. Nuestros compañeros pasajeros - dos de los preparadores físicos de Federer - se relajan en un sofá en la parte trasera de la cabina. Me siento en un anuncio de revista de una vida de primera clase.

Mi compañero de mesa, a pesar de su nariz ligeramente protuberante, es tan hermoso como un dios romano. Con sus largas piernas cruzadas, parece perfectamente a gusto en su cuerpo. Sonríe y hace contacto visual con la confianza de un hombre acostumbrado a recibir buenas respuestas de todas las personas que conoce. A diferencia de muchos atletas, no necesita un agente a su lado que censure sus palabras.

A sus 37 años, Federer ha estado en el circuito jugando un tenis exquisito 20 años. Los expertos empezaron a pronosticar su retiro hace una década, pero ganó otro Wimbledon en 2017, el Abierto de Australia el año pasado (su 20º torneo de Grand Slam) y mañana jugará una nueva final del torneo británico contra Novak Djokovic.

Tiene el propósito de conseguir una novena victoria, lo cual sería un récord. Parece realmente no saber cuándo se retirará. Comienzo la entrevista: “En realidad, has tenido múltiples carreras. Tuviste tu ascenso; luego mantuviste una supremacía absoluta; luego llegaron los rivales ... “Lo veo de la misma forma”, me interrumpe.

Continúo: “Ahora estás luchando por regresar a la cima”. Aquí me hace una objeción. “Ahora estoy en mi mejor momento. Es como si estuviera en esta gira, casi, y puedo apreciar estos momentos. También es bueno no saber cuál será el final”. Me dice que ahora saborea cada viaje, porque sabe que puede ser su última visita a esa ciudad.
Entonces, ¿cómo resumiría su carrera? “Ha pasado muy rápido. Siento que apenas ayer era un novato”.

Este niño burgués de Basilea (sus padres trabajaban para la farmacéutica Ciba-Geigy) abandonó su hogar a los 14 años para ingresar a una academia de tenis. “Lloraba cuando estaba lejos de casa. Cada vez que tomaba un tren, los domingos a las seis de la tarde, me ponía muy triste, pero fue algo que yo escogí. Dejas un poco de tu infancia atrás, pero probablemente volvería a hacer lo mismo”.

A los 15 años, se sentaba a practicar su autógrafo en los manteles de papel de los restaurantes franceses. “Por si me volvía famoso. Yo pensaba: ‘Quizás pueda jugar contra uno de esos tipos que he visto en la televisión’. Creo que a los 18 años entré en la lista de los mejores 100, y de pronto estaba en los vestidores con Andre Agassi y Pete Sampras. Dios mío, fue algo genial”.

(Estrellas del deporte le sacan provecho a acuerdos de patrocinio). 


Su mayor desafío como adolescente fue la vida fuera de las canchas: “Asistir a los eventos de alfombra roja, conocer a personas importantes, mirar a las mujeres, hablar con ellas, hablar con personas a quienes no lograba ubicar, eso fue difícil. Yo era tímido. Pero creo que el tenis me ayudó, realmente me definió”.

A los 19 años, en los Juegos Olímpicos de Sídney, conoció a su futura esposa, Mirka Vavrinec, quien jugaba al tenis para Suiza. Meses después, finalmente ganó un torneo. Recuerda la despreocupación de jugar al tenis durante su juventud: “Cuando tienes 20 años, estás jugando un punto importante, y piensas: ‘Voy a pegarle tan fuerte a la pelota que voy a abrir un hueco en el suelo’. A los 37 dices: ‘Mhhh, probablemente primero la voy a dirigir hacia allá, luego moveré un poco al rival, y de alguna manera llegaré a la red y terminaré con una volea’”.

Federer ha devorado todo menos su fruta y la azafata regresa para tomar más órdenes. Él tuvo que aprender a controlar su genio. Le pregunto si reconoce alguna semejanza con otro deportista natural: Lionel Messi. A Federer, quien es fanático del fútbol, se le ilumina el rostro.

Me pregunta con entusiasmo si ya he conocido a Messi (él no lo conoce). “Curiosamente, no he hablado lo suficiente de Messi. Lo que me gusta de Messi es que cuando recibe el balón y puede girarse hacia la portería, y entonces tiene una visión completa. Después puede pasar el balón, driblar, o disparar, tiene tres opciones. Es uno de los pocos que lo puede hacer”.

Hago una observación sobre la semejanza: también Federer tiene muchas opciones. El escritor y entrenador de tenis John Yandell contó 20 variaciones tan sólo de su golpe de derecha. “Sí”, asiente. “El problema cuando eres más joven es saber qué usar y cuándo usarlo”.

“Tengo muchas opciones distintas. Eso hace que todo sea más desafiante. Creo que una vez que dominas el oficio de saber: ‘¿Qué palo debo seleccionar de la bolsa de golf para este tiro?’, es increíblemente emocionante. Quizás por eso mi amor por el juego es tan grande. Geometría, ángulos, cuándo golpear qué tiro, ¿debo servir y volear? ¿Me quedo atrás? ¿Debo responder con un golpe cortado y correr hacia la red para volear? ¿Debo golpearla muy duro?”.

Una vez que logró dominar sus opciones, ganó su primer torneo de Grand Slam en Wimbledon en 2003. En enero de 2004 ganó el Abierto de Australia. Luego, dijo: “Tomé una decisión deliberada: me gustaría jugar por mucho tiempo”. Su preparador físico le recomendó descansar frecuentemente en lugar de participar en cada torneo que estuviera disponible.

“Podrías decir, ‘Pienso jugar hasta los 30’, como todos los demás, pero siempre pensé que sería más divertido jugar en diferentes generaciones. Nuestras generaciones no vienen cada 10 años o 15 años. Cada cinco años surge alguien nuevo. Mi generación, luego Rafael, Novak y Andy Murray. Ahora ya está la siguiente generación. Quería experimentar eso, y también - ahora suena estúpido - quizás darles a los más jóvenes la oportunidad de jugar contra alguien mayor”.

Desde 2004 hasta enero de 2010, dominó el tenis masculino (excepto contra Nadal en arcilla), ganando 15 torneos de Grand Slam. En 2009 nacieron sus hijas gemelas. “No recuerdo casi nada de 2010 y 2011, por mis niñas. Todo lo que recuerdo son momentos con mi familia, no mis resultados. Me alegra que sea así”.

Pero mientras Federer cambiaba pañales, Nadal y Djokovic maduraron y comenzaron a vencerlo en todas las superficies. El récord de Nadal contra Federer, a lo largo de una rivalidad de 15 años, es de 24-15, después de la victoria en tres sets este mes en las semifinales del Abierto de Francia. Federer no ganó ningún torneo de Grand Slam de 2013 hasta 2016.

Dada su edad, la mayoría de los expertos asumieron que ya se estaba apagando. Me dice, “Esos fueron los años de lucha para mí. Ahí fue cuando tuve que batallar”.

¿Habría preferido una supremacía absoluta? “Por supuesto. Me habría encantado dominar para siempre. Cuando estaban surgiendo Rafael y los otros, me tomó un tiempo acostumbrarme”. Sobre Nadal dice: “Llega el momento en que te tienes que quitar el sombrero: eres muy bueno. Me alegra darme cuenta: no puedes estar solo en la cima. Necesitas rivales. Les estoy agradecido a estos tipos, porque me han hecho un mejor jugador”.

Federer y Nadal se tratan con amabilidad en los vestidores. En la década de 1980, Jimmy Connors y John McEnroe a veces ni siquiera hablaban con los rivales y los jóvenes. Federer dice haber escuchado que “en los años 80 y 90, algunos no se soportaban”.

Para cuando comenzó a salir de gira, todo había mejorado. “Ya la atmósfera en los vestidores era muy amigable, así que supongo que yo sólo mantuve eso. En 2014, nacieron los hijos de Federer. Cito lo que el ajedrecista Garry Kasparov me dijo durante un almuerzo con el Financial Times en 2003 sobre que a los 40 años “no se puede gastar energía nuclear en el juego. Porque tienes familia, o hijos, quizás negocios, tienes otros problemas”.

Federer me interrumpe con entusiasmo: “Siempre siento que llevo dos relojes, uno para mí y otro para la familia, porque conozco sus horarios a la perfección. Sé cuándo se van a la cama cuando estoy jugando al tenis. Sé que puedo llamarlos rápidamente por FaceTime antes de que se vayan a la cama, 45 minutos antes de jugar”.

Él continúa: “Vuelvo a casa después de ganar un partido o torneo, o perder, y me dicen: ‘Oye, ¿puedes jugar al Lego conmigo?’, y yo les digo ‘vamos a jugar’. Bueno, a veces me siento con ellos y por la mente me pasa todo el partido, pero intento prestarle toda mi atención a mi hijo. Nunca me imaginé en mis visiones, cuando era un niño, que ganaría Wimbledon y luego me iría a casa a jugar con mis hijos. Así que esto es bastante surrealista”.

Sus compatriotas igualitarios suizos le permiten ser un padre normal. “Puedo ir a las áreas de juego con mis hijos. Sólo hablo con otros padres, como lo harías tú”.

¿Algunos padres no quieren tomarse selfies? “Sí, y eso es normal. A veces sólo tengo que decidir si estoy de humor para eso”.

Después de su operación de rodilla en 2016, muchos pronosticaron su retiro. Pero desde entonces ha sumado tres títulos más de Grand Slam. “Creo que todavía tengo plena capacidad física”, indica. Aunque actualmente descansa más, no sólo es para proteger sus huesos ya cansados.

Hace un tiempo, le sugirió a su esposa que se tomaran un tiempo para disfrutar de sus victorias en los torneos. En lugar de regresar de inmediato, “Quizás podríamos irnos la mañana siguiente. Podríamos comer una buena cena, tomar una copa de champán, relajarnos”.

¿Sus 20 años de gira han sido felices? “Muy felices.”

¿Le teme al vacío que vendrá después? “Realmente no. Con una fundación, cuatro hijos, y algunos patrocinadores que van a seguir conmigo incluso después de mi retiro, creo que estaré bien”. Y no extrañará el estrés, añade.

“Extrañaré a esa otra familia: los jugadores. Creo que eso será lo más difícil”.
¿Con quiénes del circuito te mantendrás en contacto? Su respuesta inmediata es conmovedora: “Creo que todavía estaría en contacto con Rafael”.

Después de casi dos horas de conversación casi continua, estamos descendiendo hacia Madrid. Intenta disfrutar las ciudades que visita. Nunca quiso que sus viajes fueran “hotel, club, aeropuerto, y hasta luego. Intentamos quedarnos en un hotel en el centro de la ciudad, para poder dar un paseo o ir a un parque. Hoy en día, cuando visitamos los zoológicos con los niños, vemos a las ciudades desde un ángulo totalmente. Me gustan los restaurantes por la noche, para relajarme con mi esposa y mis amigos”.

Federer dice disfrutar de las entrevistas. Le pregunto qué es lo que los periodistas todavía no entendemos sobre él. Que en privado es un bromista, me responde. Y también: “Quizás no saben que tengo una bodega de vinos, y me gusta abrir una botella con los amigos”.

En la pista, el hombre de NetJets nos toma una foto. Federer me pasa el brazo por arriba y yo le pongo la mano en la espalda. Todas las otras espaldas que he tocado se sentían como una masa indefinida. En la espalda de Federer se siente cada hueso y cada músculo. Es como leer un libro de texto de anatomía en Braille.

Luego me dirijo a la terminal regular del Aeropuerto de Barajas para tomar mi vuelo de clase turista de regreso a casa.

Simon Kuper

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