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Revista Portafolio

Cómo entender el panorama de transición energética en Colombia

El paso que hay que dar hacia la transición energética requiere hablar más allá de la generación eléctrica y tener en cuenta la demanda.

Transición energética

Este nuevo estudio es una actualización que complementa el ejercicio realizado en 2020 por la Universidad de los Andes.

Archivo EL TIEMPO

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Portafolio
octubre 23 de 2022 - 12:48 p. m.
2022-10-23

En Colombia, la mayor parte de la generación eléctrica proviene de fuentes renovables, como la hidráulica. Es decir, el país cuenta con una de las matrices de producción más limpias. Pero si bien en años recientes se ha hecho especial hincapié en integrar otras tecnologías renovables no convencionales como la solar y la eólica, hasta el momento su participación en el sector todavía es menor.

(Colombia demanda intervención política por 'corto circuito': JP Morgan).

De acuerdo con el último reporte de XM, regulador del mercado energético, entre enero y el 10 de septiembre de este año el 84,3% de la energía generada provino de fuentes renovables, principalmente de hidroeléctricas, y el restante 15,7% lo hizo de las no renovables, como las plantas térmicas.

En su periodo, el gobierno del expresidente Iván Duque promovió una serie de subastas y otras medidas para una mayor implementación de energías limpias. Ello se ve reflejado en que, de acuerdo con datos de la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), entre el 2022 y el 2027 se estima que entren 16 gigavatios (GW) de capacidad instalada.

Esto representa casi el doble de la matriz actual (que es de poco más de 17 gigavatios) y de la cual la gran mayoría corresponde a energías renovables. De ellas, el 62% del total asignado corresponde a energía solar, 17%a la hidráulica y otro 17% a la eólica.

(El país invirtió 2 % del PIB en proyectos de energía renovable).


Ahora bien, cuando se habla del sector energético hay que tener en cuenta que por una parte está la matriz de generación y por otra la de demanda. En esta segunda, además de electricidad, se consideran otras fuentes de energía como por ejemplo los combustibles carburantes para motores.

Según el Plan Energético Nacional 2020-2050 de la Unidad de Planeación Minero Energética, la demanda energética del 2018 era mayoritariamente de fuente fósil: mezcla diésel (21%), mezcla gasolina (18%), electricidad (17%) y gas (16%). Es decir, 55% tenía aún un origen fósil, cifra que mostraba en ese año un avance sustancial en cuanto a transición si se tiene en cuenta que, en 1975, el 41% de la demanda se generaba con leña.

“Precisamente, uno de los grandes cambios es que el país ahora consume menos leña, gracias a la masificación del gas natural”, señala Flover Rodríguez, director de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos del Petróleo (ACGGP). Sin embargo, el reto en esta materia aún está relacionado con los combustibles que representan la mayoría del consumo.

El peso relativo de las diferentes fuentes de energía muestra que Colombia esto da vía fuertemente dependiente de energéticos fósiles, lo que genera otra preocupación relacionada con que el índice de vida de sus reservas ha ido decayendo.

(Este año 7 pozos de exploración de gas han sido exitosos).


De acuerdo con el último informe de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, las existencias de gas ascendían a 8 años y las de petróleo a 7,7 años. Estos índices significan que, sino se hacen nuevos descubrimientos, en el lapso de ese tiempo el país perdería su capacidad de ser autosuficiente en energéticos que son esenciales.

“El gas es un combustible primordial para la transición energética, dado que emite menos material particulado y menos CO2 , con lo que puede empezar a ganar terreno mientras se aumenta la generación eléctrica limpia. Sin embargo, de tener que importarse, el costo de este energético escalaría hasta cinco veces”, explica Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas.

El impacto se sentiría en los hogares que actualmente usan este combustible para cocinar, así como en los sectores que utilizan el gas natural vehicular y el usado en la industria. “Es decir, los efectos inflacionarios directos y de segunda vuelta serían muy importantes”, agrega Murgas. A esto se suma que el transporte es el mayor demandante actual de energía, en un 40%.

Eso significa que la gasolina y el diésel representan aún una parte sustancial y que, si se acabaran las reservas, importarlo también encarecería de forma significativa los precios de estos combustibles y no se afectaría la demanda, sino sus costos. Esta perspectiva ha llevado a que el sector pida que se incentive la exploración nueva, al tiempo que se promueve el transporte que use alternativas como la electricidad e, incluso, el hidrógeno verde.

El futuro de la generación

Como el paso hacia la transición está dado realmente desde la demanda más centrada en energías renovables, genera retos y oportunidades que deben ser evaluadas. El primer desafío es el de la confiabilidad, definida como el suministro constante del servicio, y que, en el caso de energías limpias como la solar, depende de la disponibilidad del factor de generación.

“Con relación al gas, su papel en mantener la confiabilidad va a seguir siendo muy relevante, además de ser fundamental para terminar su masificación en el país y eliminar la leña, que es un gran contaminante”, advierte el director de la ACGGP.

GermánCorredor, director de SER Colombia, asegura por su parte que, al 2026, entre un 15% y 20% de la matriz puede provenir de las energías solar y eólica en lugar del actual poco más de 1% conectado. Sin embargo, son los combustibles ‘despachables ’los que mayor confiabilidad brindan.

Por ejemplo, en épocas de escasez, las plantas térmicas entran a funcionar, con lo que ‘se despacha’ la energía que se requiere en las cantidades necesarias. Para el caso de las renovables, esto se puede lograr con el uso de baterías que almacenen la energía y la inyecten al sistema cuando sea requerido.

Para promoverlas, una de las propuestas que ha sonado es que se hagan nuevas subastas de esta tecnología que incentiven el uso de baterías. Corredor señala que la variedad de fuentes en la matriz es un factor de confiabilidad, más que depender mayoritariamente de una sola de ellas.

“Las baterías son una adición a esa confiabilidad, pero hay un tema de costo que se debe analizar”, dice el experto. No obstante, esta no es la única alternativa. Uno de los energéticos que más fuerza ha ganado recientemente es el hidrógeno verde. Es decir, hidrógeno producido con fuentes renovables no convencionales, con lo que no genera emisiones. En Colombia hay 12 proyectos funcionando y en desarrollo de este elemento. Una de sus características es que puede ser almacenado, como se haría con otros gases, con lo que podría brindar la confiabilidad que requiere el sistema y que además sea más amigable con el planeta.

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