El rey de la ventana 

Christian Daes, presidente y CEO de Tecnoglass, se impuso el reto de convertir la compañía en la primera del mundo, y que lo logrará en el 2019.

Ambiente laboral

Más que un emprendedor, Christian Daes, presidente y CEO de Tecnoglass, se define como un soñador que espera llevar a la compañía a ser líder mundial del segmento de ventanería para construcciones.

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Portafolio
diciembre 22 de 2018 - 11:04 a.m.
2018-12-22

Todas las divisiones de la sede administrativa de su empresa son hechas en vidrio. Los escritorios, por su parte, son de aluminio. No es casualidad: ambos componentes son la materia prima con la cual trabaja el Grupo Tecnoglass, compuesto por tres firmas
–Energía Solar ESWindows, Tecnoglass y Alutions–, el más grande del país dedicado al negocio de ventanas y fachadas para proyectos residenciales y comerciales.

Los vidrios que salen de Tecnoglass, la perfilería de aluminio extraída en Alutions y las ventanas de ESWindows son reconocidas en el exterior y se venden sobre todo en Estados Unidos, Panamá, Bolivia, Argentina, Chile y Paraguay, lo mismo que toda el área del Caribe, en donde está su corazón.

La planta está situada en Barranquilla, ciudad que el Grupo Tecnoglass quiere convertir en la capital mundial de la ventana. Ya se han dado varios pasos en esa dirección: hoy es una empresa nacional que se ha listado en Nasdaq, donde se negocian las acciones de las compañías más innovadoras en sectores como tecnología y energía renovable.

Más que un emprendedor, Christian Daes, su presidente y CEO, se define como un soñador que espera llevar el año que viene a la compañía, a ser líder mundial del segmento de ventanería para construcciones. En diálogo con la Revista Portafolio revela cómo será esa templada, pero transparente jugada.

¿Cómo se explica que una fábrica local colombiana hoy sea un jugador importante en su segmento?

En Tecnoglass siempre tuvimos la idea de que el negocio fuera global y que fuéramos líderes en el sector. Por eso, uno de nuestros sueños fue montar un negocio que pudiera realizarse en todo el mundo. No fue fácil: ser emprendedor significa probar, errar y volver a probar y volver a errar, hasta que finalmente haya una idea que pegue.

¿Qué los llevó a internacionalizarse?

Durante la grave crisis que vivimos en los años 1995 y 1996, cuando nos hallábamos prácticamente sin oxígeno, ni siquiera con qué pagar la luz de una fábrica en la que solo había 28 empleados, seguimos una enseñanza de ese pueblo emigrante al que pertenecemos: no bajar los brazos. No quisimos quedarnos a esperar la muerte de Tecnoglass. Así, como en Colombia no se podía vender absolutamente nada, salimos a ver qué se podía hacer en el exterior, y encontramos que en el mercado estadounidense podíamos hallar una oportunidad. Recuerdo que hablamos con el señor Raúl Casares, que primero nos atendió y luego nos botó de su oficina argumentando que, si en Estados Unidos la gente no cumplía, mucho menos lo iba a hacer alguien de Colombia. Dos o tres meses después, recibimos la llamada de él mismo diciendo que necesitaba una lámina de vidrio de 8 milímetros en color bronce, que no conseguía en ninguna parte; cuando la despachamos y vio que la calidad de nuestro producto era tan buena, decidió viajar a Barranquilla y, con un apretón de manos, sellamos una alianza que lleva más de 20 años.

¿Qué fortalezas descubrieron en el proceso?

Siempre ha sido el control de calidad. Nosotros hacemos mucho énfasis en que nuestro producto posea lo más avanzado en materia de calidad en el mundo. Es más: me atrevo a decir que no existe una fábrica que tenga mejores controles de calidad que los nuestros, porque siempre hemos ido a la vanguardia. Incluso, ya le estamos apuntando a lo que se va a implementar en este tema en el año 2022. Por ejemplo, ya vimos que dentro de tres o cuatro años el gran objetivo de la calidad en el segmento serán la iridiscencia y las marcas de temple de los vidrios. Nosotros ya estamos adquiriendo la tecnología para adelantarnos a ese proceso.

Nosotros hacemos mucho énfasis en que nuestro producto posea lo más avanzado en materia de calidad en el mundo.

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Pero debieron cometer algunos errores en este lapso…

Los hemos cometido todos. Creo que no se nos ha quedado por fuera ninguno. La gente cree que un negocio exitoso resulta porque uno se las sabe todas o es Dios, pero no: se cometen errores. Lo que sucede es que somos autocríticos y vamos corrigiendo siempre en el camino. Yo les digo a quienes trabajan conmigo que somos como el GPS de un avión que va midiendo dónde está, a qué altura vuela y hacia dónde va, para ir corrigiendo segundo a segundo el rumbo, porque quiere llegar seguro a la meta.

¿Por qué decidieron inscribir sus títulos en el Nasdaq?

Simple y llanamente porque cuando vendíamos entre 80 y 100 millones de dólares en la Florida (Estados Unidos) estábamos jugando de local. Sin embargo, cuando queríamos hacerlo en Boston, Nueva York, Los Ángeles o San Francisco, siempre nos preguntaban quiénes éramos y cómo les garantizábamos el producto o si les íbamos a cumplir. ¿Cómo explicarles qué era Colombia, dónde quedaba y por qué nuestras ventanas eran tan buenas? Pues entrar al mercado de la bolsa de valores fue determinante para convencer a esos clientes de que somos una compañía seria y confiable. De hecho, hace cuatro años logramos vender 170 millones de dólares y este año ya vamos por encima de los 400 millones, lo cual significa que valió la pena.

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La planta está situada en Barranquilla, ciudad que el Grupo Tecnoglass quiere convertir en la capital mundial de la ventana.

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¿Le aconsejaría a otra compañía hacerlo?

Desde luego. Tal vez en Colombia el mercado de valores no funcione de la misma forma que en Estados Unidos, porque acá se negocian pocos títulos, pero es un sector que ofrece oportunidades muy buenas. Una de ellas, por ejemplo, es colocar bonos en el merca- do a un precio razonable y a largo plazo, sin tener que estar renovando la línea. Es un proceso relativamente fácil de seguir, aunque obviamente se requiere de una empresa bien estructurada, como creemos que es la nuestra.

¿Cómo sortearon el periodo de bajo crecimiento económico en Estados Unidos?

Cuando arrancó esa crisis, nosotros estábamos vendiendo cerca de 60 millones de dólares, y cuando esta terminó nuestras cifras de ventas alcanzaban los 120 millones. Pudimos sortear esa dificultad porque vimos con anticipación lo que venía y que había algo pesado en el ambiente. De modo que ofrecimos muchos productos nuevos en Panamá y Colombia y logramos compensar esos malos años en Estados Unidos con di- chas ventas. Así, conseguimos crecer a pesar de los apuros.

¿Y ahora les preocupa esa ola de proteccionismo que se ha desata- do por parte de Washington?

Ese tipo de medidas siempre preocupan. No obstante, en un país como el nuestro, que tiene un déficit comercial con Estados Unidos y que le vende carbón, petróleo, café y flores, nuestro producto dispone, de por sí de, una protección natural. Incluso nos damos el lujo de solicitar ante las autoridades, en este momento, que se elimine el arancel al aluminio.

¿En este momento cómo van las operaciones?

El 2018 ha sido un año excepcional y el 2019 debe ser similar o mejor. Estamos apuntándole a un crecimiento de 20 por ciento, por lo menos, e incluso un poco más. Estamos invirtiendo mucho en tecnología, para reducir los tiempos de entrega y mejorar la productividad. En otras palabras, vamos a modernizar la planta el año que viene y en este sentido muy pronto haremos un importante anuncio.

¿Qué otros mercados desean desarrollar?

Queremos estar en todos los mercados y estamos tratando de vender en todas partes. No es fácil: somos muy fuertes en países como Panamá, Bolivia, Argentina, Chile y estamos intentando entrar a Paraguay. También tenemos buena presencia en todo el Caribe y queremos llegar al mercado europeo, aunque este se encuentre en estos momentos un poco deprimido.

¿Qué tal les va en el mercado colombiano?

Nos va bien, pero nadie es profeta en su tierra. Varios de los negocios grandes los ha hecho con compañías españolas –muchas veces, incluso, con cotizaciones más altas que las de nosotros–, pero no nos podemos quejar, pues al fin y al cabo nosotros hacemos lo mismo en otros países. Desafortunadamente, hay veces en las que nuestro producto, a pesar de ser de mejor calidad, no obtiene los contratos. Nuestra compañía trata de licitar limpiamente en los proyectos, pero cuando no salimos favorecidos no armamos mayor lío.

Uno de nuestros sueños fue montar un negocio que pudiera realizarse en todo el mundo. No fue fácil: ser emprendedor significa probar, errar y volver aprobar y volver a errar, hasta que finalmente haya una idea que pegue.

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¿Existen protocolos establecidos en temas de familia dentro de la administración?

Esta es una empresa de familia en la que mis padres jugaron un papel fundamental en nuestra formación. Siempre hemos creído, por ejemplo, que no puede haber un hermano que tenga y otro que no, sino que todos estemos bien. Por eso trabajamos con un protocolo bien establecido para que cuando llegue el momento de la sucesión sean bien claros los parámetros a seguir. Tenemos, incluso, algunas personas que no son de la familia y que se harían cargo, por ejemplo, de mi puesto de CEO, el cual no caería en mi hijo, porque a él le gusta más el área de ventas y software.

¿Cómo se adapta Tecnoglass a los desafíos de la cuarta revolución industrial como la automatización o la robotización?

Es una muy buena pregunta. Hace cuatro años, en una feria sobre vidrios, vimos el primer robot que trabajaba en el área. Luego, hace dos años, ya había tres en la misma feria. En el último certamen al que fuimos, celebrado en Alemania, esa cifra ya se había multiplicado por 50. Nosotros ya estamos trayendo tecnología robotizada para mejorar la producción en la planta y ese es apenas el comienzo de uno de los gran- des proyectos que tenemos para el 2019.

Es decir que sí invierten en investigación…

Por supuesto. Tenemos más de 1.000 productos exclusivos, desarrolla- dos por nosotros con base en exploraciones propias, porque la industria del vidrio avanza a velocidades constantes que hacen que, si uno no invierte en investigación, la empresa pase a la cola. Y nosotros siempre queremos estar adelante. Tecnoglass está entre las dos o tres primeras en materia de tecnología de vidrio en el mundo, y creo que luego de la inversión que vamos a hacer en el 2019, esta empresa va a ser la primera.

¿Qué consejos le daría a un emprendedor que aspire a internacionalizarse?

‘Emprendedor’ es una palabra suicida en Colombia, porque las condiciones a veces no están dadas. No lo están porque la carga es grande y a los empresarios se nos ve como un enemigo. La gente piensa, de otro lado, que un empresario es un cura o un santo, y en realidad somos de carne y hueso, cometemos errores. En Colombia hay un nivel de presión contra el emprendedor que hace difícil hacer empresa. Por ejemplo, mientras acá se recibe un promedio de 15 cartas al mes exigiendo requisitos que se le deben contestar a alguna dependencia gubernamental, en Estados Unidos a veces uno dura seis meses sin recibir una notificación porque el sistema es un honor system, en el que la gente cumple con las normas sin necesidad de que la acosen.

Es necesario recordar que los empresarios necesitamos espacio para poder pensar y desarrollar nuestras ideas. Yo me pregunto: ¿por qué Colombia no puede convertirse en la China de Suramérica y montar industrias para elaborar los productos que Estados Unidos necesita, que, además, nos vería con mejores ojos porque somos un país vecino y her- mano situado a tres días de viaje en barco, con el mismo idioma y la misma zona horaria? Por eso me parece que los emprendedores, en vez de estar pensando en el consumo colombiano, deberíamos estar reflexionan- do sobre cómo conquistar el mercado norteamericano.

¿Cómo se ven en cinco años?
Queremos ser una compañía con ventas superiores a 1.000 millones de dólares, acompañada por una serie de empresas alrededor que nos ayuden a seguir creando empleos para Barranquilla, la ciudad que tanto queremos. Nuestra meta es no solo generar 6.000 empleos directos, sino ofrecerles una mejor calidad de vida y un mejor futuro a los cerca de 500 arquitectos, ingenieros y administradores que trabajan con nosotros.

Ricardo Ávila Pinto
Director de Revista Portafolio 

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