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Revista Portafolio

Economía naranja: una industria por exprimir

El sector que engloba los productos y servicios culturales, espera sacarle el jugo a sus actividades ante la demanda que se genere en la reactivación.

Economía naranja

La industria cultural ha sido una de las más golpeadas por la crisis. 

AFP

POR:
Portafolio
enero 23 de 2021 - 10:20 a. m.
2021-01-23

La ‘economía naranja’ es un término que ha despertado amores y desacuerdos por el amplio espectro de actividades que cobija: desde artes y representaciones escénicas, hasta turismo cultural, pasando por desarrollos en la industria de videojuegos, entre muchos otros.

(Posesionan a nuevo MinCultura, promotor de la Economía Naranja). 

La sombrilla alusiva a la fruta cítrica se acuñó para describir actividades económicas relacionadas con bienes y servicios de naturaleza cultural, y justamente se convirtió en la bandera de campaña del presidente Iván Duque, quien en el 2013 escribió el libro La economía naranja, una oportunidad infinita, junto a Felipe Buitrago, actual viceministro de la materia.

(La economía naranja ha perdido este año más de 61 mil empleos). 

Estas industrias, que agrupan 103 actividades según el Dane, aportaron en promedio el 3,2% del valor agregado de la economía entre el 2014 y el 2019, de acuerdo con el último reporte. Sin embargo, la pandemia hizo que se desplomara el optimismo que el Gobierno había inyectado en torno a estas actividades, que se vieron contagiadas por la crisis económica.

“Desde marzo tenemos nuestras salas cerradas –señala Fabián Velandia, director ejecutivo del Teatro Libre, de Bogotá–. Hemos tenido una disminución de ingresos de más de 95%, y el mayor problema es: ¿de dónde los generamos?”. Aunque desde octubre ese establecimiento volvió a recibir solicitudes para alquiler de sus espacios, sus actividades artísticas siguen congeladas. Incluso, se llegó a considerar la posibilidad de acogerse a la ley de insolvencia, destino que sí siguieron espacios culturales como La Casa del Silencio o Casa Ensamble, que cerraron sus puertas en Bogotá.

Aunque el Libre ha recibido ayudas tanto del programa de salas concertadas del Instituto Distrital de las Artes (Idartes), como del Ministerio de Cultura, y entre agosto y octubre se hizo una temporada virtual, Velandia asegura que esto no resuelve los problemas de fondo. “Es una ayuda, pero son recursos limitados. Con ellos no podemos pagar gastos administrativos ni nóminas. Con la pandemia estamos viviendo el día a día, y no estamos en condiciones de hacer inversiones. ¿Qué tal preparar una temporada y que tal vez vuelvan a prohibir algunas actividades?”.

(Economía naranja busca salidas para sobrevivir a la actual crisis). 


Las pantallas han tenido que subirse a un escenario similar al de los telones. Toda la cadena de producción fílmica y exhibición se vio afectada, pues desde marzo se suspendieron las filmaciones y se retrasaron los cronogramas de producción. Y si bien el Gobierno autorizó la apertura de los cines en septiembre, tan solo a finales de noviembre, de acuerdo con Proimágenes, se logró una apertura del 60% de las salas, con 75.904 espectadores en el primer fin de semana.

Según la entidad, en la actualidad ya hay 85 complejos de exhibición abiertos en el país, y en lo corrido del 2020 se han estrenado 16 películas colombianas, ocho antes del cierre de salas por la cuarentena obligatoria y ocho desde junio, con estrategias enfocadas hacia la exhibición en autocines, plataformas digitales y en salas alternativas.

Proimágenes es la entidad encargada de administrar el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC) que, a partir del recaudo de la taquilla de enero, febrero y marzo del 2020, y los rendimientos de otros años, logró entregar más de $11.000 millones en estímulos para la realización de películas a 133 proyectos en diferentes etapas.

Además, a través del decreto 474 del 2020, el Gobierno reglamentó un nuevo incentivo del Certificado de Inversión Audiovisual para apalancar proyectos de inversión de productores extranjeros en Colombia por $261.000 millones en el 2020.

Pero al ser la taquilla la principal fuente de ingresos en el sector, el desbalance en las cifras y en la financiación del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico es considerable. Gustavo Palacio, director de Acocine –gremio de los distribuidores– explica que el sector de la exhibición facturó en el 2019 en boletería $654.000 millones, y en lo que iba de enero a marzo de este año $110.000 millones. “Solo podemos hablar de una reactivación fuerte en la última semana de noviembre”, señala.

Sumado a esto, Palacio asegura que faltan ayudas. “No hay un conjunto de medidas que sean un alivio específico para el sector de la exhibición, siendo uno de los más golpeados. Cuando se habla de las disposiciones gubernamentales, solo una se estableció para nosotros, y con los primeros decretos legislativos se modificó el pago de la cuota parafiscal para el Fondo Cinematográfico entre marzo y septiembre. Se adoptó una norma que terminó siendo no muy útil”.

La imposibilidad de proyectar por meses, más las restricciones de aforo restringido en una reapertura incipiente, se convirtieron en la realidad de la industria, y aunque han promovido formatos alternos como los autocines, sus ingresos no alcanzan al 0,1% de lo generado en el 2019.

Los conciertos, espectáculos musicales y deportivos y presentaciones experimentaron, por su parte, una realidad similar. Luz Ángela Castro, directora de Ocesa, menciona que el sector de los eventos en vivo, aún con las acciones de reactivación, con espacios como los auto-conciertos y las presentaciones virtuales, está a menos del 10% de lo que significaba la operación antes de la covid-19. “Esta apreciación incluye no solo las restricciones de aforo en lugares, sino también la circulación de talento nacional o internacional y los costos asociados, que es imposible cubrirlos con el potencial de venta”, afirma Castro, quien asegura que los shows presenciales mantienen aforos reducidos a menos del 5% de la capacidad, a lo que se suma la competencia de la oferta de contenido en streaming y a precios muy bajos.

“Se ha sostenido un diálogo permanente con el Gobierno, y se ha podido evolucionar en tipos de apoyo, desmarcando las opciones iniciales que solo eran préstamos. Nos falta aún mucho camino para volver a la normalidad”, asegura.

OPORTUNIDADES ANTE LA CRISIS 

En medio de la tempestad que azotó a las industrias creativas, algunos sectores han encontrado oportunidades, y el desarrollo de software es una rama que ha sabido sacar provecho de la aceleración de los procesos tecnológicos.

Fedesoft, gremio que agrupa a los desarrolladores de software y tecnologías de la información, destaca cómo el sector tuvo una demanda muy importante de trabajo durante la pandemia, derivada de la transformación digital.

En la coyuntura se exploraron apoyos para esta industria, como la apertura de una línea de crédito de Bancoldex, la creación de un catálogo de soluciones gratuitas para los colombianos junto a iNNpulsa y un programa para apoyar 50.000 micronegocios junto al Ministerio de Comercio y Colombia Productiva.

“En los últimos siete años, el sector de software y TI ha crecido 16,5%. En el 2019 cerró ventas por $21,8 billones, es decir, el 1,7% del PIB, generó más de 135.000 empleos e hizo que el país se convirtiera en el cuarto más grande de Latinoamérica en este mercado”, explica Ximena Duque, presidente ejecutiva de Fedesoft, quien agrega que la industria proyecta llegar a 5% del PIB en los próximos cinco años.

A su turno, Eivar Rojas, cofundador de la compañía desarrolladora de videojuegos Efecto Studios, sostiene que las empresas de esta área tienen un panorama muy favorable. “Las grandes firmas buscan ahora una oferta de proveedores más amplia”, explica. Y asegura que uno de sus juegos, Decoherence, tuvo un incremento de casi el 30% en descargas en comparación con el año pasado, mientras que en lo que tiene que ver con servicios, en el 2020 se abrieron las puertas para negociar con tres compañías importantes de Estados Unidos. “Colombia es un país muy análogo –explica–, pero la pandemia nos está enseñando que muchos procesos están mandados a recoger. Ojalá esto nos sirva para entender que las formas digitales de trabajo pueden aumentar la calidad de vida de muchas personas”.

Laura Lucía Becerra Elejalde
Periodista de Portafolio

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