Anand Giridharadas: la falacia de la filantropía de los millonarios

El ‘crítico de la elite’ se ha ganado su reputación repudiando la piedad plutocrática.

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A pesar de venir de las clases acomodadas, el escritor critica las formas en las que los filántropos tratan de reducir la desigualdad y las acciones que intentan tomar para ello.

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febrero 08 de 2019 - 08:20 p.m.
2019-02-08

Imagina que eres joven e idealista. Quieres hacer del mundo un lugar mejor. También quieres que tus habilidades tengan un gran impacto. Nada mejor que pasar unos años en McKinsey o JPMorgan, ¿verdad?

Incorrecto, dice Anand Giridharadas. El escritor estadounidense de 37 años quiere acabar con la idea de que los negocios, la gente de negocios y los conceptos de negocios son idóneos para resolver los males sociales del mundo.

Sus sospechas comenzaron cuando era consultor de McKinsey en la década de 2000. “No digo que todo sea un fraude”, indica. “Pero si estás ahí porque te dijeron que es el único camino para resolver otros problemas, ¡no es verdad!”

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El escepticismo de Giridharadas aumentó al ver cómo la filantropía y las ganancias se han fusionado en la última década. Los multimillonarios de Silicon Valley ahora alegan que las aplicaciones pueden lograr más que los gobiernos. Los ejecutivos evangelizan sobre la inversión social.

Giridharadas argumenta que esos esfuerzos afirman cambiar el mundo, pero lo mantienen igual. Su nuevo libro ‘Winners Take All’ (Ganadores se lo llevan todo) señala que los ricos están obsesionados con el “propósito” social, mientras que a la vez acaparan las oportunidades. Enmarcar los problemas como una “situación en la que todos ganan” exime a los ricos de hacer sacrificios reales. Han manipulado el sistema mediante esta idea tanto como mediante cualquier ley.

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“Vengo de una familia acomodada”, admite Giridharadas. “Este es un libro que surgió de la familiaridad”. Sus padres eran inmigrantes de primera generación de India: su padre se convirtió en socio de McKinsey; su madre, ama de casa y ceramista.

Después de estudiar en Michigan, Oxford y Harvard, Giridharadas observó cómo sus amigos activistas trabajaban para consultorías y bancos, y creían que era posible “hacer el bien y que les fuera bien”. Él se frustró. Entendió el atractivo de Trump como un político que, a pesar de todos sus defectos, reconoció que muchos problemas son situaciones en las que “unos ganan y otros pierden”.

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Giridharadas, inmerso en la cultura elitista que critica, temía que su libro lo hiciera impopular. Gracias a Trump y al Brexit, ahora nos informa que ha recibido la reacción opuesta. Se ha convertido en el ajeno favorito de los iniciados, ‘el crítico favorito de la elite’.

Larry Summers, exsecretario del Tesoro de EE. UU., describió al libro como “una lectura obligatoria”; los empresarios de Silicon Valley Marc Benioff (fundador de Salesforce) y Jack Dorsey (Twitter) lo han elogiado. Giridharadas ahora le envía mensajes a Benioff sobre qué iniciativas filantrópicas debe apoyar.

“La mayor parte de lo que estoy intentando hacer es convencer al público para que deje de encargarles a las élites plutocráticas los cambios en el mundo”, dice. Pero otro objetivo es alentar a algunos multimillonarios ilustrados a “ser traidores a su clase” y apoyar el cambio estructural.

Nos reunimos en el museo Tate Britain en parte porque la galería es tranquila y ventilada, pero también porque ilustra uno de los problemas que impulsan a Giridharadas. Al igual que muchas instituciones culturales, Tate ha recibido donaciones de la familia Sackler, cuya fortuna proviene de las drogas que causaron la epidemia de opioides en EE. UU. Algunos sostienen que es mejor para las personas como los Sackler gastar su riqueza en la filantropía que en los placeres.

Se han equivocado una vez más, dice Giridharadas. “Si se hubieran comprado yates, los periodistas, reguladores e investigadores criminales los habrían llevado ante la justicia mucho más rápidamente”, resalta.

Quiere que nos enfrentemos a las compañías abusivas, en lugar de tomar las migajas que nos “devuelven”. Es elocuente y seguro, como corresponde a alguien cuyas dos charlas en TED tienen más de un millón de visitas cada una.

Creció en Shaker Heights, Ohio, “uno de los suburbios más integrados racialmente”. Cuando tenía siete años, su familia descubrió que “la adrenalina de ser un inmigrante se había terminado”, por lo que se mudaron a París. Allí se dieron cuenta de “las formas en que EE. UU. es un lugar único”. En el país uno puede volverse estadounidense: los vecinos te llevan a centros comerciales o te dan recetas de pastel de queso. En Francia sus padres “eran invitados, y siempre serían invitados”.

Después de que Giridharadas regresó a EE. UU., hubo momentos en que los racistas le dijeron que “se fuera a casa” y años en que, como escritor, tuvo dificultades para pagar un seguro de salud. Sin embargo, en general su vida ha sido una validación del ‘sueño americano’. “Siempre critico tras comprender por qué EE. UU. es especial”.

A los 17 años, como pasante de The New York Times, se dio cuenta de que quería ser periodista. Pero Jill Abramson, quien más tarde sería su editora, le dijo que viajara por el mundo y viera lo que otras personas no habían visto. Terminó su carrera y buscó un trabajo que lo llevara a India, “probablemente el país que menos me gustaba”.

¿Qué tipo de compañía llevaría a un graduado en historia del pensamiento político de 21 años a India? McKinsey, por supuesto. “En pocos días, estaba en una ciudad en la que nunca había estado, asesorando a una compañía farmacéutica, una industria de la que no sabía nada, sobre el diseño de su plan de desarrollo de liderazgo”.

Aun así, la compañía farmacéutica siguió sus recomendaciones. “Sólo las estupideces pequeñas son cuestionadas”, agrega. “Esta estupidez era tan grande y tan poderosa que se escabulló sin que la detecten, como un gas inodoro”.

Duró apenas un año en McKinsey. ¿Recomendaría que la gente trabaje allí? “No, les recomendaría a muchos de los que trabajan ahí que se vayan”.

Pero cuando Giridharadas comenzó a trabajar para el International Herald Tribune en India, celebró el arco de la tecnología y la globalización. “El microcrédito va a empoderar a todas esas personas, llegarán las aplicaciones, las mujeres recibirán educación”, recuerda. Escribió ‘India Calling'’ (India llama), sobre el crecimiento del país.

De vuelta en EE. UU., escribió otro libro de no ficción, ‘The True American’ (el americano real), sobre un hombre musulmán baleado por un supremacista blanco después de los atentados del 9 de septiembre. Luego pasó años como miembro del Instituto Aspen, donde grandes y los bondadosos hablan sobre los problemas del mundo.

En 2015, pronunció un discurso en Aspen sobre los ‘ganadores extremos y los perdedores extremos’ del capitalismo, y cuestionó al propio Instituto Aspen. “Aquí, en Aspen, estamos en ciertos aprietos”, le dijo a su audiencia. “Nuestras deliberaciones sobre qué hacer con estas victorias y derrotas están patrocinadas por los ganadores extremos. Esta comunidad fue formada por los partidarios del capitalismo. Estamos profundamente enredados e involucrados con la clase dirigente y en los sistemas que debemos cuestionar”. El discurso pasó a formar la base de su libro.

¿Cómo surgen las ideas? ¿Surgen espontáneamente de la noche a la mañana o se cristalizan durante años? Las ideas de Giridharadas se alimentaron de la obra de Thomas Piketty. Tomó una oración del libro de 2013 ‘El capital en el siglo XXI’ del economista francés, que decía que la creciente desigualdad se basaba, “quizás principalmente, en la eficacia del aparato de justificación”.

“Los autores a menudo dejan migajas de pan para futuros escritores”, apunta Giridharadas. “Simplemente pensé, ésa es la migaja que él ha dejado”.

La crítica más efectiva de Giridharadas es en contra de los que están en la cima. Los Sackler son un tipo de villanos. Los inversionistas de impacto social son otro. Larry Fink, director de BlackRock afirmó el año pasado que todas las compañías en las que él invirtiera tendrían que tener un propósito social. Habló en la ONU sobre desarrollo sostenible. Giridharadas argumenta que la declaración de Fink fue “una cubierta para no cambiar”, siempre y cuando BlackRock conservara sus acciones en compañías como ExxonMobil.

Luego está David Rubenstein, el multimillonario de capital privado quien se hace llamar “filántropo patriótico” para apoyar causas como la reparación del Monumento a Washington. Giridharadas cree que el Gobierno estadounidense podría simplemente financiar esas cosas, si Rubenstein y otros no hubieran apoyado la escandalosa exención tributaria de ‘carried interest’ (participación en cuenta) desde la época de Reagan.

“Los que más se beneficiaron de ese enfoque de laissez-faire ahora vienen y dicen que es muy triste que el Gobierno no pueda solucionar los problemas, ¡Ellos crearon ese vacío!”
Algunos multimillonarios están dispuestos a regalar casi todo su dinero, pero Giridharadas sostiene que eso no tiene importancia si no renuncian al poder. “Mark Zuckerberg no está dispuesto a permitir que su compañía se divida”.

Aunque la gran idea de Piketty era un impuesto a la riqueza, la de Giridharadas es que la élite - si realmente quiere cambiar el mundo - debería hacerse a un lado. Zuckerberg, por ejemplo, debería permitir la regulación antimonopolio. “La mejor manera de implementar la responsabilidad social corporativa es dejar de cabildear”.

Hay debilidades en la visión de Giridharadas. Ezra Klein, el comentarista estadounidense, ha señalado que las élites probablemente sean más receptivas hoy que nunca. Y los pensadores de los negocios saben que los esfuerzos actuales no son suficientes.
Giridharadas cita a Michael Porter, el teórico de la administración, al quejarse de que las compañías están desconectadas de las comunidades.

Giridharadas defiende el Gobierno, pero las carencias del sector público no son mitos. En el momento de nuestra conversación, el Gobierno estadounidense estaba en un cierre parcial y el Brexit estaba ahogando al británico; ninguno de los dos parecía capaz de enfocarse en retos como reducir las emisiones de carbono.

Aunque aboga por la regulación financiera, los derechos de los empleados y la disolución de los monopolios, Giridharadas le dedica poco tiempo a cómo lograr todo esto. ¿Dejaría de emplear consultores en el Gobierno? Él se abstiene de eso, pero argumenta que “a menudo nos encontramos en situaciones donde en un grupo de personas que está hablando sobre el salario mínimo, ninguna se ha tenido nunca que preocupar por pagar una factura”.

Le emociona la “unión de la organización comunitaria y las iniciativas de capacitación política” que fue crucial en la elección de la congresista de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez. Él piensa que las ideas de esta congresista pueden resultar atractivas más allá: los pequeños empresarios en estados de mayoría republicana apoyarían iniciativas para acabar con los monopolios tecnológicos. “¡No les gusta que Amazon tenga tantos cabilderos en Washington!”, dice.

Giridharadas no quiere convertirse en un bufón de la corte, un crítico que entretiene con verdades incómodas, pero que no logra cambiar el comportamiento. Vive en una “burbuja intelectual de Nueva York”, y está casado con Priya Parker, una exitosa autora y mediadora de conflictos. En otras palabras, él no es parte de una revolución de la clase trabajadora.

Mientras que los males de la sociedad han llevado a otros escritores a hundirse en el pesimismo, Giridharadas se destaca por su optimismo sobre el mundo occidental. En parte es su experiencia como inmigrante de segunda generación; en parte, es por presenciar la profundidad de los fracasos del gobierno de India. “EE. UU. está intentando algo increíblemente difícil en este momento”, señala, mientras pasa “de ser una superpotencia de mayoría blanca a un país posmoderno de mayoría étnica”.

Éste es el “fin de una era, no el fin de un país”. El cambio real - reducir las desigualdades y proteger el planeta - no es inverosímil. Si EE. UU. pudiera conseguir que más personas ingresaran a la universidad, pronto podría haber un apoyo popular más fuerte para combatir el cambio climático. Si Gran Bretaña pudiera gastar más en ayudar a los afectados por la globalización, podría evitar los espasmos populistas como el Brexit.

“No estamos realizando estas inversiones”, dice. “Invertir realmente para que tu gente tenga la capacidad de tener una vida digna y tranquila es un trato que beneficia a todos”. Ocasionalmente, ni siquiera Giridharadas puede resistirse a hablar de una “situación en la que todos ganan”.

Henry Mance

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