Bancos, ansiosos por unirse al movimiento de la tecnología financiera

El intercambio de datos entre instituciones del sistema y compañías tecnológicas pone en riesgo a los consumidores.

Cajeros

Muchos expertos coinciden en la idea de que los cajeros automáticos son una de las tecnologías bancarias que han resultado más innovadoras y útiles de las últimas décadas.

EFE

POR:
Portafolio
septiembre 22 de 2018 - 11:26 a.m.
2018-09-22

No soy una persona que esté en contra del progreso tecnológico, pero siempre he estado de acuerdo con Paul Volcker, el expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, en que el cajero automático ha sido la innovación más útil en materia de finanzas en las últimas décadas.

(Los retos del sector financiero en la era de la economía digital). 

Así que voy a ver las audiencias del comité bancario del Senado de esta semana sobre el campo de tecnología financiera con cierto temor.

Las audiencias serán la primera oportunidad para profundizar sobre el informe de verano del departamento del Tesoro sobre el sector, que describe el intercambio de datos entre las compañías de tecnología y los grandes bancos como una medida positiva para crear eficiencias y reducir los precios al consumidor.

El informe pone bastante menos énfasis en el riesgo sistémico y los precios predatorios que podrían surgir si las compañías de tecnología más grandes del mundo y los bancos más importantes en Wall Street comparten datos de consumidores. (Imagina lo que pasaría si tu página de Facebook estuviera ligada a una cuenta de cheques. ¿Qué podría salir mal?)

Esto no es sorprendente, dada la postura desreguladora que ha asumido la administración Trump hasta el momento. Pero sigue siendo alarmante.

Los diagramas en el informe del Tesoro que explican los detalles acerca de cómo las plataformas y los bancos podrían compartir la información financiera de un consumidor, para ofrecer productos y servicios “personalizados”, me recuerdan a las complejas ilustraciones de las permutas, o “los swaps”, de incumplimiento crediticio que desencadenaron la crisis financiera de 2008. Este tipo de complejidad siempre me causa nerviosismo; les da demasiadas oportunidades a los que tienen la mayor parte de la información a ofuscar el asunto.

La combinación de tecnologías de plataforma, grandes datos, inteligencia artificial y finanzas del consumidor es sólo la última combinación de banca y comercio. De hecho, cabe resaltar que las iteraciones anteriores - habilitadas por la desregulación financiera de la década de 1990 - no terminaron bien.

(Transformación digital del sector financiero, oportunidad del país). 

Tomemos el experimento de Goldman Sachs con el acaparamiento de aluminio, que salió a la luz en 2013. El banco había comprado miles de toneladas de aluminio y lo estaba moviendo entre bodegas (que también había comprado) para controlar la entrega del suministro de productos básicos.

Según algunas estimaciones de la industria, esto añadió entre US$3.500 millones y US$5.000 millones en costos para los compradores estadounidenses durante los siguientes tres años.

“Si Amazon puede ver los datos y activos de tu cuenta bancaria, ¿qué impedirá que te vendan un préstamo al precio máximo que saben que puedes pagar?”, pregunta Saule Omarova, el profesor de la Universidad de Cornell cuyas investigaciones suscitaron gran interés sobre este tema entre los medios.

Es una pregunta legítima, dada la historia de los grandes bancos y, más recientemente, la forma en que las grandes compañías de tecnología han utilizado los datos para obtener lo que muchos consideran ventajas injustas.

Amazon utiliza “precios dinámicos” para beneficiarse de los contratos del sector público; Uber emplea una “tarificación dinámica” para establecer tarifas basadas en cuánto están dispuestos a pagar sus clientes; Facebook compila datos sobre usuarios que ellos mismos no han compartido; y Google ha rastreado a los usuarios, incluso si su configuración de privacidad debe evitarlo.

Algunas personas no se preocupan por nada de esto. Sienten que es justo intercambiar datos por bienes y servicios convenientes. Pero es imposible saber qué es justo en estos casos.

Ninguno de nosotros puede ver dentro de las ‘cajas negras’ algorítmicas de las compañías de tecnología más grandes. Tal vez no es gran cosa si una empresa conoce mis patrones de compras de vacaciones o qué medios me gustan; pero sí es cosa seria si tienen acceso a mi historial financiero, incluyendo mis inversiones.

Muchas personas no tienen suficiente confianza para realizar sus propias transacciones financieras o para manejar su riqueza personal. Por eso, muchas personas pagan tarifas superiores a la media por tales servicios. Imagina qué tan vulnerables podrían ser algunos consumidores si su banco se da cuenta de que tienen US$9.000 en una cuenta de ahorros. ¿Cuántos responderían a un anuncio instándolos a mover su dinero a un nuevo y maravilloso vehículo de inversión de mayor rendimiento?

Es una lástima que la administración de Trump haya eviscerado a la Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB, por sus siglas en inglés), que ayuda a los clientes minoristas que tienen disputas con los bancos. Las propuestas de tecnología financiera del Tesoro sugieren que tendrán muchos nuevos problemas que explorar.

La portabilidad de datos - la capacidad de los consumidores para compartir sus datos con múltiples instituciones del sector público y privado - tiene algunas ventajas. Pero los riesgos que conlleva, particularmente cuando se trata de áreas sensibles como la de los datos financieros o de atención médica, sugieren la necesidad de considerar un enfoque más prudente.

La UE comenzó a permitir el intercambio de datos entre grandes bancos y compañías tecnológicas a principios de este año, pero requirió disposiciones muy claras de aceptación (‘opt in’) y exclusión (‘opt out’) para proteger a los consumidores.

Hasta el momento, muy pocos bancos europeos han utilizado las nuevas reglas de intercambio de datos para firmar acuerdos con las mayores compañías tecnológicas. Eso puede deberse a que los bancos todavía recuerdan las lecciones aprendidas durante la crisis financiera, sobre cómo la complejidad y la opacidad en (al parecer) las transacciones cotidianas pueden crear serios problemas (¿quién pensó que la deuda incobrable afectaría a todos desde Islandia hasta Iowa?). Pero lo dudo.

Probablemente están sólo unos pocos pasos detrás de sus contrapartes estadounidenses, muchos de los cuales están acogiendo la tecnología financiera con demasiado entusiasmo.

DEBATE SOBRE LOS DATOS 

Durante los últimos meses, a raíz del escándalo con el uso de los datos de Facebook, la privacidad y la utilización de esta información por parte de las grandes tecnológicas ha sido uno de los aspectos que ha estado más en el debate público en la mayoría de países.

En este sentido, los reguladores de los distintos gobiernos han iniciado planes para mejorar la seguridad de datos y darle al usuario un mayor control sobre la información que facilita en internet. Prueba de ello es la legislación GDPR de la Unión Europea, que restringe parte de las prácticas que se venían efectuando y establece ciertos estándares para las firmas.

De forma paralela, los usuarios se han empezado a movilizar en contra de la recopilación gratuita de datos y muchos han decidido, incluso, dejar las redes sociales.

Rana Foroohar

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