Bill Gates: del software a los inodoros

La Fundación Gates ha gastado US$200 millones desde 2011en desarrollar retretes que matan gérmenes y eliminan olores.

Bill Gates

Se cuenta que Bill Gates está tan entusiasmado y orgulloso del desarrollo del inodoro reinventado como lo estaba en su momento del sistema operativo Windows, el cual le hizo la persona más rica del mundo por años.

Reuters

POR:
Portafolio
noviembre 16 de 2018 - 08:40 p.m.
2018-11-16

Cada vez que Bill Gates visita un barrio pobre, una pregunta recorre su mente.
¿Le mencionas a las personas que te acompañan que no huele bien, y que no me gustaría vivir aquí, o es esto simplemente inapropiado?”, me dijo en una entrevista telefónica. “Damos por sentado que tenemos un inodoro dentro de nuestra casa”.

De hecho, es un lujo. Según la Organización Mundial de la Salud, sólo 27% de la población mundial tiene un inodoro doméstico que envía residuos a las alcantarillas y luego a una planta de tratamiento. Tres de cada 10 personas no tienen inodoros ni letrinas. Pagan un precio diario en enfermedad y dignidad perdida. 

“Las enfermedades relacionadas con el saneamiento, que incluyen diarrea, cólera y tifoidea, matan a casi 500.000 niños menores de cinco años, cada año”, asegura la Fundación Gates. Pero ahora, gracias en gran parte a Gates, las compañías están a punto de comenzar a vender lo que él llama el “inodoro reinventado”.

(Lea: Los ricos que quieren regalar su dinero y no pueden

Parece estar tan orgulloso de ello como del sistema operativo Microsoft Windows que lo hizo rico. El inodoro reinventado podría transformar innumerables vidas, e incluso podría despegar en países ricos.

Gates habla sobre los inodoros de manera rápida y obsesiva y con un leve graznido. Puede hablar sobre “diagramas de flujo de excremento” y ha bebido “agua de caca”: excrementos convertidos en agua potable a través de “omniprocesadores”. Se encoge de hombros: “La gente actúa como si fuera algo sorprendente. Lo que entra en un omniprocesador no es atractivo para beber, pero lo que sale lo es”.

Los inodoros casi no han cambiado en el último siglo. Pero la Fundación Gates decidió que la importación del modelo del mundo rico a los países pobres no funcionaría. En primer lugar, nuestros baños utilizan demasiada agua. Representan casi 30% del consumo promedio de agua en un hogar en Estados Unidos, más que cualquier otro dispositivo para el hogar, dice la Agencia de Protección Ambiental. Algunos inodoros viejos usan seis galones por descarga.

(Lea: Bill Gates donará 100 millones de dólares para lucha contra Alzheimer y demencia

Y el mundo en desarrollo no puede acomodar los inodoros tradicionales. Las megaciudades de rápido crecimiento en los países pobres por lo general carecen de alcantarillas y plantas de tratamiento de residuos, asegura Gates. “El costo de construirlos, sólo en una ciudad en India, sería de muchos miles de millones de dólares, por lo que nunca sucederá”.

Incluso donde existe infraestructura, a menudo no hay dinero para la electricidad o el mantenimiento. Eso deja a 892 millones de personas defecando en todo el mundo en lugares como “canales de calles, detrás de arbustos o en cuerpos abiertos de agua”, informa la OMS.

Así que la Fundación Gates ha gastado US$200 millones desde 2011 para ayudar a financiar la investigación y el desarrollo de modelos revolucionarios de inodoros. Finalmente los han presentado: inodoros independientes que eliminan los desechos humanos, matan gérmenes y eliminan los olores en el acto, explica Gates.

“La mayoría de ellos, creo, tienen una especie de caja de cenizas que terminas vaciando de vez en cuando. La idea es introducir estos inodoros en barrios marginales donde no hay posibilidad de que alguna vez se construya un sistema de saneamiento”.

Las primeras versiones a la venta serán inodoros públicos de varias unidades. Podrían reemplazar las sucias letrinas comunes en los barrios pobres de la India. Si las escuelas instalan estos retretes, podrían asistir más niñas. (En Sudáfrica se han ahogado niños pequeños al caer en letrinas).

Pero Gates cree que los inodoros públicos reinventados son una solución imperfecta, especialmente para las mujeres y los niños: “Especialmente por la noche, cuando tienen que salir para utilizar los inodoros comunitarios que pueden no oler bien, donde puede que no se sientan seguros, es un problema”.

Espera que, en los próximos años, las empresas vendan “el inodoro familiar reinventado. Esto es realmente lo que quieres. Tiene que ser barato, eliminar olores y no requerir de mucho mantenimiento. Hemos puesto mucho esfuerzo en la estética y usabilidad” resalta.

La fundación de Gates no está produciendo los inodoros. Las compañías chinas podrían convertirse en las primeras productoras en masa, para venderlos principalmente en África e India. El mercado global podría tener un valor de US$6.000 millones en ingresos anuales, estimó Boston Consulting Group en 2016. El problema es la asequibilidad. Gates espera que, dentro de cuatro años, el inodoro reinventado para el hogar cueste cinco centavos por usuario al día. Él dice: “Los inodoros tienen un costo hoy. La gente valora tener un buen inodoro. Se podría implementar soluciones de pago por uso para ayudar con el costo de capital, como se ha hecho para la energía solar en África. Creemos que estos inodoros tendrían una demanda muy alta en los barrios pobres”.

Sin embargo, Steve Sugden, de la organización sin fines de lucro Water for People, advierte que muchas familias pobres no pueden pagar varios cientos de dólares por adelantado para un inodoro doméstico. A menudo, según Sugden, las mujeres de una familia creen que vale la pena, pero los hombres que controlan el presupuesto familiar no están de acuerdo.

Gates admite que los inodoros domésticos reinventados podrían ser comprados inicialmente por los ciudadanos ricos del mundo pobre, como la clase media india o los chinos en zonas rurales: “Incluso en China hay lugares en los que el Gobierno dice que los inodoros actuales son completamente inadecuados”.

Pero Gates reconoce una cosa: todos necesitan un inodoro. “Creo que la clave es tomarse una semana para vivir en un lugar donde hay drenajes abiertos por todos lados, que es la realidad de los barrios marginales. Eso realmente no es algo a lo que te puedes acostumbrar”.

Simon Kuper

Siga bajando para encontrar más contenido