Bitácora de un vuelo de negocios Bogotá-Madrid-Munich

El ejercicio de registrar paso a paso los viajes de negocios le ayudan a que aproveche mejor sus experiencias y no pierda la capacidad de sorpresa.

Viajero

Mauricio Romero / Portafolio.co

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febrero 29 de 2012 - 11:59 p.m.
2012-02-29

Por insignificantes que parezcan ciertos momentos durante su viaje de trabajo, las fotos ayudan a diferenciar una jornada de otra y hacen que su vuelo sea más placentero, pues le dan propósito a una parte que muchos no les parece agradable, como son las largas horas metido en una aeronave.

Es mejor llegar al aeropuerto Eldorado con bastante tiempo de antelación, en caso de trancón y para evitar la cola del ‘check in’. Tres horas son lo mínimo recomendado. No olvide revisar documentos y no empacar en el equipaje de mano objetos ‘prohibidos’, como cortauñas, líquidos y demás.

Un poco de turbulencia saliendo de Bogotá es relativamente normal, pero en el vuelo a Madrid de las 8 de la noche, que en este caso salió 50 minutos tarde, ayuda a abrir el apetito para la cena, que estuvo bastante buena: raviolis en salsa de tomate chonto y un bastante decente vino tempranillo, cosecha del 2008.

Una vez salvada la distancia que supone el Océano Atlántico, llegada sin contratiempos a Madrid Barajas: son 9,5 horas de vuelo y tres de espera en el renovado aeropuerto de Madrid, que se reconstruyó hace algunos años. Tenga en cuenta que hay dos terminales, que los muelles de abordaje están designados por una convención de letras, números y colores, y que hay que hacer inmigración. A veces, la información de su vuelo de conexión no está disponible sino hasta una hora antes del abordaje, así que esté pendiente de las pantallas, pues casi ningún aeropuerto del mundo le avisa por altoparlante.

Un pequeño bocadillo antes de emprender el viaje hacia Munich, la tercera ciudad más importante de Alemania, con un millón de habitantes. Una buena opción es el focaccia de jamón serrano con rodajas de huevo duro y rúgula, más una rubia de 5,4 grados de alcohol... es decir, una cerveza San Miguel, muy española. El precio: 7,50 euros. Si quiere algo distinto, los precios de algo ligero están entre 7 y 10 euros. Vale la pena.

Abordaje del avión. Ya quedan pocas horas de claridad.

Unos 25 minutos después de decolar de Madrid, el clima de invierno se comporta bien y permite que los pasajeros que van despiertos y del lado izquierdo de la aeronave aprecien los Pirineos, cadena montañosa que separa a España de Francia y que evoca a unos escarabajos trepando a Lagos de Covadonga.

El espacio aéreo en todas partes del mundo se aprovecha bien. A más o menos un kilómetro del avión, otra aeronave se dirige en una dirección similar, pero a los 10 minutos  el avión desde donde se tomó la foto sobrepasa al otro.

No siempre es posible viajar en ‘business class’, por lo que para calmar la sed o las ganas de ‘picar’ durante las dos horas y media que separan a Madrid de Munich hay que pagar. Un sandwich con bebida cuesta casi 10 euros. Si aguanta con el sandwich en Madrid, esos 10 euros se ven mejor invertidos con una buena salchicha alemana y una cerveza en el lugar de destino.

Comienza a anochecer mientras se vuela sobre territorio suizo, el país que en el mapa queda antes de entrar a territorio bávaro.

En los países ‘avanzados’ la gente también se levanta antes de que el capitán apague la señal de abrocharse los cinturones y, créanlo, algunos aplauden cuando el avión toca tierra.

En el aeropuerto de Munich, siga las señales, que rápidamente lo llevan a la salida (instrucciones en alemán y en inglés).

Finalmente, el hotel. Se acerca el momento de cambiarse y salir a caminar antes de la cena, para estirar las piernas. Es la mejor manera de descansar de un largo viaje, por lo cual no se recomienda llegar a la habitación a acostarse.

Antes de la cena, ‘a la tierra que fueres haz lo que vieres’: una buena cerveza casera, al mejor estilo de los que saben de su fabricación. ¡Salud!

MAURICIO ROMERO
EDITOR PORTAFOLIO.CO

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