‘Claramente yo no soy la máquina que protagonizo en las películas’

Arnold Schwarzenegger habla sobre el fisicoculturismo, sus desavenencias con Trump y por qué necesitamos Héroes de Acción Climática.

Arnold Schwarzenegger

El actor lanzó recientemente su autobiografía, ‘Total Recall’.

REUTERS/Ralph Orlowski

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mayo 31 de 2019 - 08:20 p.m.
2019-05-31

En las películas, Arnold Schwarzenegger ha matado vikingos, buitres, clones y zombis. Ahora parece que está intentando matarme. Vamos en bicicleta por Los Ángeles y nos dirigimos hacia su entrenamiento antes del desayuno. Debería ser un paseo ligero, pero el ex gobernador de California, quien se ha convertido en activista ambiental, no se detiene en los semáforos; simplemente deja de pedalear mientras los pasa.

Un conductor protesta haciendo sonar el claxon. ‘¿Cuál es el drama?’, dice impasible Schwarzenegger, un héroe de acción que siempre quiso ser comediante. Seis semáforos más tarde llegamos al Gold’s Gym, la autoproclamada Meca del Fisicoculturismo.

Aquí tampoco se aplican las reglas a mi acompañante. Deja su bicicleta afuera sin asegurarla (un guardaespaldas vigila desde un 4x4). Otros miembros del gimnasio acceden al lugar tras validar su identidad en una pantalla; Schwarzenegger sólo le entrega su chaqueta de cuero a la recepcionista. En las paredes hay dos fotos suyas de tamaño natural en su mejor momento.

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La biología debería de estar alcanzando a Schwarzenegger. El antiguo Mister Universo ya tiene 71 años. Han pasado casi 50 años desde que fue el campeón mundial del fisiculturismo; han pasado 14 meses desde la cirugía a corazón abierto en la que dice que casi se muere. “Ya no entreno en serio”, dice sonriendo. Si voy a vencerlo, es ahora o nunca.

El destino no está de mi lado. Pruebo algunas pesas, y Schwarzenegger dice que él usaba las mismas, a los 13 años. Me acerco a una máquina en la que él ha estado ejercitándose y pruebo con todas mis fuerzas. En media hora, mis brazos parecen espaguetis cocidos.

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Volvemos a las bicicletas: sólo faltan siete semáforos hasta el desayuno. Son las 8 de la mañana y la calle está más transitada. En este punto, en un universo paralelo, a Schwarzenegger y a mí nos atropella un camión. Pero en otro, no estamos aquí en lo absoluto, porque él es el presidente.

Cuando su mandato como gobernador de California terminó en 2011, ésa parecía la idea. Había canalizado la indignación pública hacia la clase política; era un republicano intruso que había recibido el apoyo de los demócratas. “Fui el primer populista elegido, cuando la gente estaba desanimada y desencantada”, dice.

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Y aunque la constitución estadounidense les prohíbe a los ciudadanos naturalizados llegar a ser presidentes, sus partidarios tenían un plan para abordar el tema. Al final, Schwarzenegger se encontró en el ala equivocada del partido republicano, a la que le gustaban el bipartidismo y la energía solar. La elección la ganó otro intruso del espectáculo.

Desde entonces, Schwarzenegger y Donald Trump se han enfrentado en temas que van desde el medio ambiente hasta la educación. “¿Por qué no intercambiamos nuestros puestos?”, dijo el exgobernador en un video de Twitter. La próxima semana dirigirá una reunión del R20 en Viena, su foro para estimular iniciativas locales y regionales contra el cambio climático. Junto a Greta Thunberg, la activista sueca, y António Guterres, el secretario general de la ONU, convocará a una nueva oleada de ‘Héroes de Acción Climática’.

Mientras nos dirigimos al desayuno, me pregunto: ¿es Schwarzenegger el hombre que le abrió el camino a Trump, o la alternativa republicana sensata? El restaurante está en el Fairmont, un hotel de lujo con vistas a Santa Mónica. ‘Arnold’ viene aquí varias veces a la semana, y el camarero le trae instintivamente una taza de té verde. ¿No tomas mucha cafeína?, le pregunto.

“Ya tomé mi cafeína”, apunta Schwarzenegger, y me confiesa que se tomó un expreso en casa. Clive James una vez lo describió como un “condón relleno de nueces”. Actualmente, el exfisiculturista parece más una calabaza en una bolsa de mano: robusto, pero no excesivamente.

A pesar de todas las poses, “nunca estuvo satisfecho” con su cuerpo. “Ahora es peor”, dice con humildad. Aun así, no le interesan las dietas de moda. La élite de Silicon Valley está adoptando el ‘ayuno intermitente’. “¿A quién se le ocurren esas porquerías? Recuerda que yo escribí seis libros sobre acondicionamiento físico, así que sé lo difícil que es llenar las páginas”.

“Cada vez que hacía una película y necesitaba mejorar mi musculatura, simplemente dejaba de comer panes y postres y se definían los músculos”, añade.

La historia de Schwarzenegger sigue siendo increíble. Tras su nacimiento en Austria después de la segunda guerra mundial, ansiaba escapar de la pobreza y de su estricto padre. Comenzó en el fisiculturismo en un momento en que casi no existían los gimnasios. Quería parecerse a Mohamed Ali. Y prácticamente lo logró, dominando su deporte tanto con su personalidad como con sus bíceps.

Su éxito le abrió el camino hacia EE. UU., donde sus primeras aventuras incluyeron la albañilería después del terremoto de Los Ángeles en 1971. Hollywood quería actores musculosos, y Schwarzenegger se negó a dejar que su acento le obstaculizara su camino. Quería parecerse a Clint Eastwood. Y llegó a ganar más de US$100 millones por películas como Terminator. Era la prueba de que se podía triunfar en EE. UU. sin importar cuál fuera el apellido o la capacidad actoral.

Finalmente, Schwarzenegger también quiso parecerse a Ronald Reagan. En 2003, aún con los recuerdos frescos de la crisis energética de California, se postuló para ‘Governator’ (contracción de Governor y Terminator) y fue elegido. Tuvo un comienzo escabroso cuando llamó a sus detractores “afeminados” y tomó medidas estrictas contra la inmigración. Luego se comenzó a relacionar con los demócratas, adoptó el ambientalismo y aprobó la histórica legislación de comercio de derechos de emisión, lo cual convirtió a California en el primer estado en limitar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Cuando analiza su carrera, Schwarzenegger deja la humildad a un lado. Él dice que pudo emprender este camino por sus habilidades como vendedor. El fisiculturismo tenía una “imagen terrible” antes de que él se involucrara. Los ambientalistas no podían “llegar a las masas” hasta que él hizo hincapié en los efectos de la contaminación en la salud. “Nos dimos cuenta de que a nadie le importa el cambio climático global, porque es algo que va a suceder dentro de 20 años”, indica. “A la gente le importa lo que pasa hoy. Y, en estos momentos, 19.000 personas van a morir por la contaminación”.

Schwarzenegger está ayudando a interponer “importantes demandas colectivas” contra las compañías petroleras que minimizan el riesgo del calentamiento global. ¿Funcionará? “Sí, sin duda alguna. Las mentiras siempre salen a la luz”.

Intento incitarlo a que insulte a Trump, pero no va más allá de calificar de “disparates” sus políticas ambientales. ¿Acaso la polémica entre él y el Presidente es real? “Por mi parte sí”. Aunque todavía es republicano, se negó a votar por Trump.

Bien, ¿tiene sentido que algún republicano desafíe a Trump para la nominación de cara a las elecciones de 2020? “Por lo que vemos actualmente, no. Pero no sabemos qué pasará mañana. Si Trump se tropieza debido a alguna legalidad o si la economía empeora, las cosas podrían cambiar”.

¿Ha aceptado que él no podrá ser presidente? “La Constitución no me permite ser presidente”. ¿Habría sido un buen presidente? “No importa lo que haga, siempre voy con todo. Tengo el mejor equipo y haría el mejor trabajo posible”.

De todas las cosas que Schwarzenegger puede exterminar, su franquicia cinematográfica no parece ser una de ellas. Terminator 6: Destino Oscuro, llegará a los cines a finales de este año.

¿De qué película se siente más orgulloso? Dice que de Twins (Gemelos), su incursión de 1988 en la comedia junto a Danny DeVito. Además, había negociado una quinta parte de las ganancias, en lugar de un gran pago. “¡Universal Studios todavía me odia por eso!”
¿Cómo ha cambiado en los últimos 20 años? “No reflexiono mucho sobre mí. Soy más consciente de cuán vulnerables somos. Después de dos cirugías de corazón, soy consciente de que no soy la máquina que protagonizo en las películas”.


Algunos especulan que su uso de esteroides en el pasado probablemente lo perjudicó. También se sometió a un reemplazo de rodilla. ¿Habría estado más saludable si nunca hubiera sido fisiculturista? “Sí, ¡pero entonces estaría sentado en una granja en Austria cantando a la tirolesa en los Alpes!”

Schwarzenegger ha prometido “terminar con la manipulación de circunscripciones electorales” con la esperanza de mover la política hacia el centro. Como gobernador, convenció a los californianos de respaldar un plebiscito para poner comisiones apartidistas a cargo del trazado de los distritos. El año pasado, los votantes de Michigan, Missouri, Colorado y Utah apoyaron planes similares.

Dice que es “increíble” que un tercio de los distritos de la Cámara de Representantes ahora lo determinen las comisiones independientes. Schwarzenegger no necesita la causa más atractiva, sólo necesita una causa.

Hay un lado oscuro en la carrera de Schwarzenegger: acusaciones de que manoseó a mujeres. Ya se ha disculpado. ¿Las mujeres han aceptado esas disculpas?, le pregunto. “Estamos mucho más conscientes de dónde está la línea”, dice.

¿Entonces él no habló por teléfono y se disculpó con las mujeres? “No, porque nadie se quejó conmigo. Leí una historia acerca de eso. Sentí que era mejor disculparme públicamente con cualquier persona a quien pudiera haber ofendido. Si me pasé de la raya, no me di cuenta. Y lo lamento”.

¿Nadie se ha quejado de él? “No. Ojalá que la gente se hubiera quejado en ese momento”. Quizás el momento más bajo de Schwarzenegger se produjo en 2011, cuando su esposa, Maria Shriver, descubrió que había engendrado un hijo con su ama de llaves en 1996. Shriver, periodista, católica y sobrina de John F. Kennedy, solicitó el divorcio. Pero ocho años después, los trámites aún no se han completado. “Oh, eso es algo que tendrás que preguntarle a su gente”, apunta Schwarzenegger. “Pero te puedo decir que ella es muy feliz. Anoche estuve en su casa, celebramos el Día de las Madres, todos la pasamos muy bien, los niños, mi esposa y yo. Pero no creo que podamos volver a vivir juntos como antes”.

Ahora ya son las 10 am, y Schwarzenegger tiene una cita para ver la versión preliminar de Terminator 6. Sus películas siempre han abordado el tema del futuro de la humanidad: el potencial de la inteligencia artificial, los viajes en el tiempo y la regeneración. Me pregunto cuánta actuación de método está involucrada en todo esto. ¿Consideraría, por ejemplo, congelar criogénicamente su propio cuerpo?

“Hice una película sobre la clonación, El Sexto Día. La mejor manera de recrearte es la forma en que educas a tus hijos. Cuanto más tiempo inviertas, más se parecerán a ti”. Al igual que mucho de lo que dice Schwarzenegger, parece sincero, aunque no tenga mucho sentido.

Recoge su iPad y lanza otro llamado a la acción contra el cambio climático. “La gente sólo espera y dice: la ONU va a negociar. O lo dejan en manos del gobierno federal. ¡No!”

A menos que él fuera el gobierno federal, me aventuro a decirle. “¡Entonces ya se habría atendido esa cuestión!”, dice riendo. “Habríamos resuelto todos los problemas”. Quizás, al igual que Trump, cree sobre todo en sí mismo y en sus aventuras. Pero en estos días su oportunismo es una fuerza benigna. Cuando voy a pagar la cuenta, pienso que, si EE. UU. tenía que elegir a un presidente republicano populista, podría haber elegido a uno mejor.

Henry Mance

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