¿Doble vuelta electoral para Bogotá y otras ciudades?

A partir del 2023, la ciudad estrenará esta metodología, lo cual podría traer millonarios costos y replicarse en otras regiones.

Elecciones

Sin voto electrónico y no mucha sofisticación, las elecciones del año pasado en Colombia costaron 1,7 billones y las de octubre próximo costarán algo más de 773.000 millones.

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Portafolio
septiembre 18 de 2019 - 12:09 p.m.
2019-09-18

Bogotá tendrá su última elección de alcaldes a una sola vuelta de escrutinio este 27 de octubre. A partir de 2023, la capital estrenará la doble vuelta para elecciones locales que de seguro se extenderá lentamente a otras grandes capitales y ciudades intermedias en los próximos 20 años.

Mucha democracia suena bien, quién podría decir lo contrario, pero puede tener unos costos exorbitantes que solo algunos países como Francia tienen capacidad de sufragar. Allí hay doble vuelta para las elecciones presidenciales y las legislativas, es decir, en total 578 elecciones donde cabe de la posibilidad de una segunda vuelta.

(Lo que pueden valer las campañas de candidatos a elecciones locales). 

En Colombia, todo proceso electoral demanda una financiación apreciable. Se señala que la logística compleja hace costoso los eventos electorales. Sin embargo, Colombia tiene una mecánica electoral simple para no decir casi primitiva con cubículos y urnas de cartón, tarjetones de papel y pobre o ninguna capacidad de identificar votantes en un país donde no pocos electores intentan votar más de una vez y algunos muertos aún lo hacen.

Colombia no tiene aún voto electrónico y, quizás es mejor que por lo pronto no lo tenga, aunque países de la región como Brasil y Venezuela lo vienen implementado desde hace varios años. No habría dinero para sostener un voto electrónico en toda Colombia para todas sus elecciones. Peor aún, la veeduría de los partidos y testigos electorales no podrían tener un ojo atento sobre el escrutinio y el conteo de votos.

Sin voto electrónico y no mucha sofisticación, las elecciones del año pasado en Colombia costaron 1,7 billones y las de octubre próximo costarán algo más de 773.000 millones.

A las elecciones por representantes en Colombia, se han sumado nuevos eventos electorales igualmente costosos como los referéndum, las consultas internas de los partidos y las consultas populares que, lamentablemente, no se celebran el mismo día de otros eventos electorales lo que permitiría abaratar costos. Su realización onerosa y su pertinencia han generado ya cuestionamientos entre la opinión pública como sucedió con la pasada consulta liberal o los magros logros en la práctica de la consulta anticorrupción.

(Así va el pulso por la Alcaldía de Bogotá).


Sin duda, la doble vuelta para elecciones locales es una reforma fundamental para evitar que un candidato gane con apenas el favor de una tercera o una cuarta parte de los electores. En las elecciones de alcaldía de Bogotá en 2011, Petro ganó tan solo con el 32% de los votos y, en 2015, Peñalosa lo hizo con el 33% del total de votos depositados. Si a esto se le suma la abstención, se podría afirmar que los que gobiernan representan a una parte ínfima de los colombianos.

No es solo que un candidato gane la elección con un porcentaje no muy impresionante de votos lo que le dará poco margen de maniobra para gobernar, sino que ideológicamente su porcentaje de votación no representa en ideas a la mayoría de los electores. Por ejemplo, en 2011, los candidatos a la alcaldía de Bogotá que perdieron -Peñalosa, Parody, Galán y Luna- representaban sumados casi el 60% de los votantes y todos se situaban en el espectro político del centro derecha y la derecha. Es decir, que Bogotá, que había votado más a la derecha, terminó siendo gobernada por la izquierda con Gustavo Petro.

Los politólogos han denominado este fenómeno como el “candidato malo” (bad candidate), según el cual quien gana las elecciones representa ideológicamente a una parte poco importante del electorado mientras que la mayoría queda relegada.

La doble vuelta tiene bondades incuestionables como evitar que un candidato gobierne para una parte reducida del electorado, cuando la otra, mucho más importante, no se ve representada. También, como se señala con reiteración, aseguraría que el ganador tenga una mayor legitimidad con una votación de cuando menos el 50%.

Bogotá podría celebrar su primera doble vuelta en 2023 si ningún candidato obtiene más del 40% de votos que contempla la nueva reforma constitucional aprobada en junio pasado y, de superar este porcentaje, debería además aventajar al segundo candidatos en votos por un 10%.

Si la doble vuelta hubiera estado vigente desde que tenemos elección popular de alcaldes, de un total de 10 elecciones que se han celebrado, en la mitad no hubiera habido segunda vuelta. Juan Martin Caicedo en 1990, Jaime Castro en 1992, Antanas Mockus en 1994, Enrique Peñalosa en 1997 y Samuel Moreno en 2007 hubieran ganado sin necesidad de una segunda vuelta.

Si no había una necesidad inminente, cabe preguntarse si el legislador no adoptó de manera apresurada la doble vuelta para Bogotá movido un poco por los resultados de las dos últimas elecciones.

Especulativamente se podría pensar que, si la doble vuelta estuviera en vigencia para este próximo octubre, es probable que la puntera en las encuestas, Claudia López, tendría gran dificultad en ganar la alcaldía frente a una coalición de centro y derecha en la segunda vuelta.

No hay que dudar que los legisladores y fuerzas locales, movidos por la tendencia impuesta en Bogotá busquen extender la doble vuelta para todas las elecciones locales en ciudades capitales sin calcular mucho los costos que esto representaría para el presupuesto nacional.

Más grave aún es que la doble vuelta para las elecciones presidenciales ha mostrado que entre el primero y el segundo round han ingresado cantidades de dinero muy apreciables y financiaciones no muy santas que no han quedado registradas en los libros contables de las campañas ni han sido reportadas al Consejo Nacional Electoral. El desespero por ganar en la segunda vuelta ha llevado a algunos candidatos a vender su alma al diablo. Así sucedió en 1994, según los testimonios del proceso 8000 y así parece haber sucedido también en las campañas de Zuluaga y Santos en 2014.

No es descartable que este fenómeno de financiación caliente se pueda repetir con una doble vuelta en elecciones locales en todo país.

¿Qué sistema electoral se podría adoptar para dar mayor legitimidad al candidato ganador, representar mejor el sentir de los electores, no aumentar los costos exorbitantes de la logística electoral y evitar en parte la entrada de grandes y sospechosas financiaciones a las campañas?

El sistema ya está inventado y valdría la pena que el gobierno y los legisladores colombianos lo conocieran. Se llama Doble Vuelta Instantánea, en inglés Instant Run-off voting.

Consiste en que en una sola y misma jornada electoral, cada sufragante no expresa solo su opción por un solo candidato, como sucede actualmente, sino que expresa y ordena más de una preferencia. Por ejemplo, este 27 de octubre un votante bogotano podría poner en su papeleta el siguiente orden 1. Galán, 2. López, 3. Uribe, 4. Morris. Otro votante podría ordenar sus preferencias así: 1. Uribe, 2. Galán, 3. López, 4. Morris.

La “doble vuelta” se da el mismo día durante el escrutinio eliminando por etapas sucesivas a cada candidato menos escogido. A los votantes que se les hubieran eliminado su primera preferencia se le cuentan su segunda preferencia y, así sucesivamente, hasta llegar a un ganador final. Este sistema, que en su explicación parece algo complicado, es en realidad bastante simple al punto que se puede adelantar con la logística actual de la Registraduría Nacional y con jurados bien instruidos como lo logró acertadamente la Registraduría para la consulta anticorrupción de 2018.

La llamada doble vuelta instantánea evitaría realizar una segunda jornada con sus costos y riesgos de contaminación y le daría a cada elector más de una opción, dejándolo en general satisfecho, ya que si no gana su primera preferencia pero si la segunda, se sentirá contento y cuando menos en algo representado.


Juan Carlos Ruiz V. Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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