David Attenborough: ‘Realizar programas sobre animales no es difícil’

El presentador y productor nos habla sobre 60 años de filmación de la fauna, sus encuentros con grandes felinos y cómo podemos salvar el planeta.

David Attenborough

David Attenborough y la cadena británica BBC llevan siendo los líderes internacionales de los programas de animales y naturaleza desde hace varias décadas.

AFP

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febrero 15 de 2019 - 08:40 p.m.
2019-02-15

Sir David Attenborough y Elizabeth II nacieron con tres semanas de diferencia en 1926. Y para muchos en Gran Bretaña, Attenborough goza de un estatus prácticamente real. Al preguntarles en 2017 quién debería aparecer en el próximo billete de 20 libras esterlinas, 40% de los británicos eligieron al presentador, mientras que el Príncipe Carlos, el heredero al trono, ocupó el segundo lugar con el 7%.

Con su aparición en series de televisión como Life on Earth y The Blue Planet, Attenborough les ha mostrado a generaciones de espectadores las maravillas del mundo natural. Su estilo es inimitable: sus ojos se llenan de alegría, sus brazos se abren, su voz se convierte en un susurro mientras introduce a los espectadores a alguna maravilla, ya sean gorilas en Ruanda o aves en Nueva Guinea. El club de fanáticos de Attenborough es internacional. En su 89º cumpleaños, recibió una invitación a la Casa Blanca, donde fue entrevistado en cámara por el presidente Barack Obama.

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Ahora con 92 años, sigue viajando, trabajando y haciendo campaña. En diciembre, habló en la conferencia de la ONU sobre el cambio climático en Polonia. En los meses previos, estuvo filmando en el río Zambeze en África y visitó Kenia para asistir al Fondo Mundial para la Naturaleza. Nos reunimos durante su primer viaje al Foro Económico Mundial en Davos, sede de la élite plutocrática liberal en peligro de extinción.

En cuanto empezamos a hablar, le pregunto qué piensa de Davos. “Bueno, no es exactamente mi ambiente”, responde con cautela. Entonces, ¿por qué hizo el viaje? “Por conciencia social”, responde bruscamente, y luego se ríe.

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Cinco minutos después de iniciar nuestra conversación, me queda claro que este comentario autocrítico no capta lo que realmente motiva a Attenborough. A él verdaderamente lo motiva la pasión. Sabe que las maravillas naturales que ha llevado a los hogares de todo el mundo están en peligro crítico de extinción. “Nos encaminamos a grandes desastres si seguimos así. Estamos cambiando el clima, estamos cambiando los mares, estamos eliminando especies y ecosistemas enteros. Sólo nos quedan una o dos décadas para arreglarlo”. Su misión es tratar de persuadir a los líderes mundiales para que hagan algo.

En su última serie de televisión, Dynasties, siguió a familias de tigres, chimpancés, perros salvajes africanos, pingüinos y leones. Estaba llena de imágenes impresionantes, pero también parecía tener un subtexto trágico. El elemento común, para todas las dinastías, es que la intrusión humana está amenazando su propia existencia. En una secuencia, un cachorro de león muere después de comer carne envenenada que dejaron unos campesinos.

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Attenborough explica que su intención no era predicar. “Haces un programa sobre los leones y dices: ‘Les voy a decir la verdad sobre lo que les sucede’. No queríamos que sucediera, por supuesto que no, ni desde un punto de vista ecológico ni desde un punto de vista narrativo. Pero eso fue lo que pasó”.

Esa historia es muy típica de lo que les está pasando a los leones africanos, cuyas cifras han disminuido en más de un 40% en las últimas tres generaciones. En la actualidad sólo quedan 20.000 en estado salvaje en África.

Otras especies están en peligro aún más crítico. Las cifras de rinocerontes se desplomaron dos tercios entre 1980 y 2006 y han disminuido aún más desde entonces, mientras que el deshielo polar está poniendo en peligro a los osos polares y las morsas.

Dadas estas funestas estadísticas, le sugiero que quizás ya es demasiado tarde. Se inclina hacia adelante para enfatizar su punto y dice, con cierta angustia: “Estoy convencido de que existe una posibilidad real de que podamos hacer algo para curar al mundo. Si hubiera una posibilidad entre cien, la aprovecharías, ¿no es así?”

Los honores y los títulos que le han otorgado a Attenborough - sumados al hecho de que su hermano mayor, Richard, quien murió en 2014, fue un actor y director de mucho éxito - me han dejado la impresión de que debe provenir de una familia muy importante. Pero él corrige delicadamente esa impresión. “Mi padre era hijo del dueño de una pequeña tienda en una aldea en el siglo XIX en el centro de Inglaterra. Su educación fue financiada por becas y subvenciones y él se convirtió en miembro del Emmanuel College de Cambridge, estudiando anglosajón”.

Mientras David se abría camino en la escuela de gramática y luego en la Universidad de Cambridge, Richard tomó una ruta menos académica. “Le apasionaba el teatro y reprobó todos sus exámenes, lo cual a mi padre le resultó muy difícil de entender. Pero le dijo a Dick: ‘Busca la beca de la escuela de arte dramático más difícil. Si la consigues, te apoyaré’. Y Dick hizo el examen de la Real Academia de Arte Dramático. Y lo pasó”. Alza la voz con un sentimiento de triunfo fraternal al rememorar este antiguo recuerdo.

Al igual que su hermano, Attenborough es un artista natural. La alegría que siente por los animales que se encuentra se contagia fácilmente a los espectadores y ahora hay una gran cantidad de videos de Attenborough en YouTube. Le menciono una secuencia que me había encantado, cuando él se sienta junto a un guepardo que ronronea como un gato doméstico. “No, no, el que ronroneaba era yo”. Hace una pausa. Por un momento me pregunto si está hablando en serio - antes de que una risita me indica que está bromeando. Hago la pregunta obvia de los laicos: ¿no era un algo peligroso? Explica que “en general, los animales, los grandes mamíferos, no quieren atacarte. Prefieren llevar una vida tranquila normalmente sabes cuando un animal está relajado y tranquilo”.

Attenborough descubrió su capacidad para transmitir su amor por la naturaleza a un público más amplio por accidente, durante el servicio militar obligatorio justo después de la Segunda Guerra Mundial. “Estaba en una base aérea en Pembrokeshire en Gales. Yo era oficial de enseñanza y también de navegación. Teníamos un escuadrón de pilotos de Spitfire muy capacitados y lo único que querían hacer era volar. Pero el gobierno no podía permitir que volaran todo el tiempo. Así que me dijeron, ‘haz que se interesen en algo’. Y Pembrokeshire era un sitio maravilloso para la historia natural. Así que empecé a dar cursos sobre aves marinas y fósiles y todos estos pilotos entusiastas resultaron estar muy interesados en todo eso”.

Después del Servicio Nacional, Attenborough pasó un par de años aburridos en publicaciones educativas - “eso fue un error” - y solicitó infructuosamente unirse a BBC Radio. Pero luego recibió una carta del recién formado servicio de televisión de la BBC. “Decía, ‘tenemos esta cosa nueva que se llama televisión. ¿Le interesaría?’”

Los primeros días de la televisión estaban llenos de oportunidades: “En seis meses yo estaba produciendo discusiones políticas, programas sobre tejidos, jardinería, cuentos. Luego descubrí que alguien del zoológico iba a hacer una expedición para recolectar animales, ¡y me pareció genial! Vamos a probar eso”.

Eso llevó a un programa llamado Zoo Quest, que se transmitió en la década de 1950 y lo llevó a Borneo, Paraguay y Guyana, en busca de animales como el dragón de Komodo o el armadillo. El resultado fue el nacimiento del programa de historia natural, en el que la BBC y Attenborough han sido líderes mundiales.

¿Qué ha aprendido, durante décadas, sobre cómo hacer programas de historia natural? Se ríe y adopta un tono burlón-conspirativo: “Entre tú y yo, hacer programas de televisión sobre animales no es tan difícil. Sólo tienes que apuntar la cámara en la dirección correcta y asegurarte de quitar la tapa del lente”.

Por supuesto, admite, “la calidad de aquellas películas que hicimos en la década de 1950 ahora parece terrible. Pero nadie en Gran Bretaña había visto nunca un armadillo ni un pangolín. Honestamente, sólo tenías que ser ligeramente competente”.

La popularidad de sus programas le da a Attenborough la capacidad única para moldear la opinión pública. Algunos ecologistas lo han acusado de ser demasiado reacio a usar esa plataforma y de concentrarse en las maravillas del mundo natural, sin señalar que están en peligro de extinción.

Pero él alega que, dado que más del 50% de la población mundial vive en ciudades, la mayoría de las personas tienen poca conexión con la naturaleza. Hay que mostrarles el mundo natural antes de que se les persuada de que deben preocuparse por ello. Y durante 20 años, sus programas generalmente terminaron con un mensaje urgente sobre el medio ambiente.

A veces el impacto puede ser extraordinario. Blue Planet II mostró cómo el plástico contamina los océanos, con imágenes de albatros ahogándose con bolsas plásticas y crías que mueren después de ingerir un palillo de dientes. Provocó una reacción casi instantánea en Gran Bretaña, donde los políticos prometieron promulgar nuevas leyes y los supermercados cambiaron sus empaques.

El hecho de que su próxima serie, Our Planet, se transmitirá por Netflix es algo así como un golpe para la BBC, donde Attenborough hizo su carrera y donde fue ejecutivo principal en la década de 1960. Como controlador de la BBC, encargó algunos de los programas más famosos de la corporación - entre ellos el Flying Circus de Monty Python y Civilisation de Kenneth Clark. Pero Attenborough seguirá haciendo programas para la BBC, y claramente le entusiasma la capacidad de Netflix para llegar a una audiencia global completamente nueva: “Son más de 200 millones de personas, es urgente, es instantáneo”.

El alcance de Netflix puede ayudar a Attenborough a diseñar otro de esos cambios en la opinión pública. Pero sabe que también habrá contratiempos. “Trump es un contratiempo”, señala. “El nuevo presidente de Brasil es un contratiempo”. Dicho presidente, Jair Bolsonaro, quiere talar aún más la Amazonia.

¿Le sorprende cuán miopes pueden ser las personas con el medio ambiente? Se rehúsa a condenar: “Sólo tengo que recordar que hace 60 años yo era miope. No se nos ocurrió que la humanidad podría exterminar especies y ecosistemas enteros. De hecho, en esa etapa, no lo estábamos haciendo. Pero desde entonces la población mundial se ha triplicado”.

La explosión demográfica en África - cuya población probablemente se duplique hasta los 2.400 millones para 2050, según la ONU - representa una clara amenaza para la vida silvestre del continente. “La única esperanza que tenemos es el empoderamiento femenino”, dice. “Cuando eso sucede, disminuyen las tasas de natalidad. No es la solución para todo. Pero es un comienzo”.

Alguna vez fue partidario de la política de hijo único de China, pero admite que había que cambiarlo. Me pregunto si cree que los gobiernos autoritarios podrían tener más capacidad para tomar decisiones a largo plazo para proteger el medio ambiente. Asiente con la cabeza. “Absolutamente, puedes tomar decisiones realmente draconianas. Es una espada de doble filo, pero tienen la autoridad y los mecanismos”.

Ahora Attenborough tiene que irse a hablar con los poderosos. Las palabras cálidas no necesariamente se traducen en acciones radicales. Cree que su invitación a Davos demuestra que los líderes comprenden cada vez más que “toda nuestra civilización depende de la salud del mundo natural”. Para él, esto es claramente algo más que interés propio. “No somos las únicas criaturas que viven en este planeta”, apunta. “No tenemos derecho de exterminar a otros animales”. Y se dirige a la batalla.

Gideon Rachman

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