El poder de los corredores amputados

Los Juegos Paralímpicos son el tercer evento deportivo más grande del mundo después de los Juegos Olímpicos y la Copa Mundial de fútbol.

Paraolímpicos

Cada vez son más las modalidades de deportes en lo que está creciendo el interés de las audiencias.

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octubre 26 de 2018 - 08:13 p.m.
2018-10-26

Hace cuarenta y dos años un vendedor estadounidense llamado Dick Traum hizo historia. A los 36 años, después de perder la pierna derecha en un accidente, se convirtió en el primer amputado en completar un maratón.

Traum, que ahora tiene 77 años, recientemente me dijo: “Corrí el maratón de Nueva York en 1976 con una pierna artificial, que la gente pensaba que era totalmente vanguardista en ese entonces”. En aquellos días, recordó, la tecnología era tal que “mi prótesis causaba irritación en el hueso, y sangrado”.

Cómo han cambiado los tiempos. Durante las próximas semanas, ciudades como Nueva York y Dublín organizarán sus maratones anuales y las filas de corredores probablemente incluirán a muchos competidores como Traum. Algunos correrán con prótesis, otros usarán triciclos manuales. De cualquier manera, el concepto de los atletas amputados se ha generalizado. Los Juegos Paralímpicos son el tercer evento deportivo más grande del mundo por venta de entradas, superado sólo por los Juegos Olímpicos de verano y la Copa Mundial de fútbol.

Este cambio es en parte tecnológico. En las últimas dos décadas, la ‘ciencia’ de crear y colocar extremidades protésicas ha experimentado una transformación notable. Los ingenieros han utilizado nuevos productos para crear prótesis flexibles y personalizadas y, más recientemente, han empleado innovaciones digitales que permiten que los humanos puedan controlar parte de sus prótesis con señales cerebrales y nerviosas.

El cambio cultural más amplio ha sido igualmente importante. En el pasado, los atletas que habían sufrido lesiones como la de Traum eran a menudo etiquetados como “discapacitados” y tratados con simpatía; hoy, sin embargo, es más probable que los médicos y psicólogos enfaticen la motivación y la resiliencia de este grupo.

El propio Traum ha aprovechado este cambio, creando la organización sin fines de lucro Achilles International, que alienta a los amputados a competir en maratones, argumentando que esto puede ayudar a rehabilitarlos en todos los sentidos. Sin duda, no todos los amputados querrán participar en tales eventos. Pero para quienes lo hacen, el impacto puede ser transformador. “Las personas que corren maratones aprenden que todo es posible. Eso cambia sus vidas y crea comunidades”, dice Traum.

Hay otro factor mucho más oscuro que ha dado un impulso a estos cambios tecnológicos y culturales: la guerra. En la década y media desde que EE. UU. envió tropas a Afganistán e Irak, ha habido un aumento dramático en el número de veteranos amputados. Esto se debe en parte a que los dispositivos explosivos improvisados se han utilizado ampliamente en estos conflictos, pero también porque las mejoras en la medicina significan que los soldados heridos tienden a sobrevivir a explosiones que, hace sólo unas décadas, podrían haberlos matado.

Según Access Prosthetics, uno de los mayores fabricantes de prótesis, “1.558 militares perdieron extremidades en Afganistán e Irak” de 2001 a 2014.

Eso es sorprendente. Pero, en verdad, representa sólo una pequeña fracción del número total de amputados: por supuesto, ha habido muchas víctimas no estadounidenses de la guerra en estos países, y también hay muchos amputados civiles, debido a enfermedades como la diabetes. De hecho, Access Prosthetics calcula que “hay 2,1 millones de personas que viven con la pérdida de extremidades en EE. UU., y se espera que ese número se duplique para 2050”.

No obstante, incluso si la proporción militar es estadísticamente pequeña, ha tenido un gran impacto cultural. Los militares estadounidenses y británicos se han esforzado por encontrar formas de rehabilitar a los soldados y aumentar su moral. Esto ciertamente ha aumentado el perfil de la industria deportiva de amputados, atrayendo dinero y estimulando la ciencia e innovación. También ha ayudado a cambiar la percepción de los amputados como víctimas que necesitan compasión a atletas que pueden ser admirados.

En EE. UU., las compañías de seguros médicos también se han involucrado en el campo de la prótesis, ansiosas por encontrar nuevas formas de tratar a las personas heridas. David Cordani, presidente y director ejecutivo del gigante Cigna, me dice: “Tan pronto llegan a los hospitales los sobrevivientes de amputaciones en Irak y Afganistán, comienzan a hablar sobre rehabilitación y carreras”.

Cordani, quien recientemente escribió el libro The Courage to Go Forward (El coraje de seguir adelante) con Traum, agrega: “Sus historias son increíblemente inspiradoras”.

La cínica en mí diría que es una lástima que la guerra haya sido el factor que impulsó estas innovaciones científicas y los cambios de actitud. Sería bueno pensar (o esperar) que estos sorprendentes avances en la ciencia protésica terminarán beneficiando a los amputados no occidentales, incluyendo a las numerosas víctimas locales de la guerra en Irak y Afganistán.

Mientras tanto, Traum continúa su misión para impulsar a los amputados y ahora está aprovechando el impulso de las iniciativas para apoyar a los soldados heridos para trabajar no sólo con veteranos militares sino también con amputados civiles. También espera expandirse a personas sin amputaciones que tengan otras enfermedades mentales o físicas. “Ahora tenemos toda una metodología para alentar a las personas a correr, y se puede extender más”, se entusiasma. “Sí, estamos salvando a mucha gente. Pero cuando llegan a la línea de meta, la clave es qué harán con su vida. ¿Qué sigue?”

Es una historia extraordinaria, especialmente cuando tomamos en cuenta que apenas cuatro décadas después de que Traum completó su primer maratón, la idea de que los amputados corran estas carreras parece casi normal. Ilustra un punto que la antropología médica ha enfatizado durante mucho tiempo: nuestras ideas sobre la ‘salud’ están moldeadas por la cultura, no sólo por la ciencia, y pueden cambiar cuando ambas interactúan.

Gillian Tett

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