Espacio exterior, el último límite financiero 

Cuando se trata del espacio, empresarios e inversores están aprovechando las oportunidades abiertas por los gobiernos.

Espacio

Goldman Sachs y Bank of America han creado equipos dedicados para realizar investigaciones financieras.

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Portafolio
enero 05 de 2019 - 04:32 p.m.
2019-01-05

Como una adolescente obsesionada con la ciencia ficción en la década de 1980, el “espacio exterior” evocaba imágenes de astronautas, cohetes, alienígenas y las novelas de Arthur C. Clarke.

Ahora la frase está asociada con otra cosa: fondos de riqueza soberana, firmas de capital de riesgo y gigantes de Wall Street como Goldman Sachs.

(Industria espacial, la última frontera). 

Sí, así es. Este mes, el departamento de Comercio de Washington celebró una conferencia emblemática para analizar la exploración y el desarrollo del espacio. Entre los debates sobre desechos espaciales, lanzamientos de cohetes y sistemas de posicionamiento global, también hubo discusiones animadas sobre cómo alentar a los fondos de pensiones a invertir en compañías relacionadas con el espacio.

Los analistas estiman que para el 2040 la industria espacial mundial aumentará de unos US$400.000 millones a más de US$1 billón. Si bien históricamente el gobierno ha sido el que ha impulsado las aventuras en el espacio, el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, aseguró que es hora de que el sector privado proporcione el motor del crecimiento.

Por lo tanto, el departamento de Comercio está tratando de desregular la industria, facilitando el proceso para que los emprendedores participen y atraigan capital de empresas de capital de riesgo, fondos de cobertura, fondos de riqueza soberana e incluso fondos de pensiones convencionales.

“La industria espacial está al borde de una revolución”, me dijo el funcionario en una entrevista, señalando que compañías como Goldman Sachs y Bank of America han creado recientemente equipos dedicados para realizar investigaciones financieras sobre el tema. Él compara el sector con el de la biociencia: una esfera que producirá grandes “éxitos” para los inversores a largo plazo, incluso si la ciencia a corto plazo parece arriesgada.

¿Es esto algo bueno? Sospecho que si les preguntaras a esos astronautas estadounidenses que formaron parte de los libros de historia hace cinco décadas, podrían hacer una mueca. En su día, explorar la última frontera se consideraba un proyecto patriótico para el bien público en general, financiado por los gobiernos nacionales (o, en Europa, los transnacionales).

Lo que desconcierta a algunos científicos en este momento es que el impulso para atraer dinero del sector privado al espacio se está produciendo en un momento en que la administración de Trump propone recortes a los presupuestos de investigación científica; tanto es así que los organismos como 314 Action (un grupo de presión sin fines de lucro que intenta llevar a los científicos a cargos públicos) afirman que ahora hay una “guerra contra la ciencia” en el gobierno.

Para aquellos en el campo de Ross, sin embargo, el enfoque en el capital privado es impulsado por la oportunidad, no por la conveniencia. Argumenta que EE. UU. tiene una larga historia de usar fondos públicos para financiar una ola inicial de ciencia especulativa, que posteriormente es utilizada por empresarios privados para expandir el sector e impulsar la innovación. La biociencia es un ejemplo, como el internet.

Cuando se trata del espacio, hay evidencia de que esta dinámica ya está funcionando: empresarios e inversionistas están invirtiendo en el sector. En la misma semana que el departamento de comercio celebró su conferencia, el empresario británico Richard Branson envió un nuevo cohete Virgin Galactic al espacio.

Ahora predice que, en un par de años, tendrá un negocio viable despachando cohetes para manejar comunicaciones satelitales de órbita baja, así como vuelos de turismo espacial. De hecho, los boletos ya se están vendiendo por unos US$250,000, y el mismo Branson planea hacer el viaje. “Tres vuelos más deberían ser suficientes antes de que yo emprenda el viaje”, le dijo recientemente al Financial Times.

Peter Diamandis, un empresario espacial de EEUU que compró un boleto para uno de los viajes espaciales de Branson, cree que existe el potencial de llevar a miles de personas al año al espacio. El directivo no es el único que ha detectado la potencial demanda. El fundador de Amazon, Jeff Bezos, también está intentando lanzar un negocio comercial por satélite.

Lo que destaca a estas empresas es que no solo están buscando pasajeros privados para estos vuelos, sino que, lo que es más importante, están buscando maneras de hacer que los cohetes sean reutilizables y estandarizados. Como dice Ross: “El mejor uso del dinero federal es para proyectos científicos avanzados. Pero el problema con los proyectos científicos es que están diseñados para ser únicos. Rutinariamente volamos un 747 de Londres a Nueva York, pero si tuviera que rediseñarse después de cada vuelo, realmente no tendría mucho tráfico. Conceptos como la reutilización se están volviendo muy, muy importantes”.

Queda por verse si alguna de estas empresas realmente ganará dinero. Tampoco está claro cómo se verán afectadas por el aumento actual de las tensiones geopolíticas: si EE. UU. y China se vuelven cada vez más hostiles entre sí, los gobiernos nacionales de ambos lados pueden — percibiendo las implicaciones de seguridad — volverse más intervencionistas en la industria espacial. La Casa Blanca ya ha declarado que el espacio es una nueva frontera de guerra.

Por ahora, un cohete de juguete –o una novela de Arthur C. Clarke– sigue siendo el mejor regalo de Navidad para un niño obsesionado con la ciencia ficción. Pero, a medida que el espacio exterior se convierta en la última frontera de las finanzas, quizás sea el momento de considerar invertir también en un fondo índice orientado hacia el espacio.

Gillian Tett

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