Generación Z, entre el cambio y la velocidad

Este grupo ha perdido el miedo a que algo no salga bien y piensan que siempre pueden volver a empezar. 

Generación Z

Estos jóvenes, entre 14 y 24 años, hacen parte de la primera generación nativa digital.

Sebastiao Moreira /EFE

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septiembre 28 de 2018 - 02:56 p.m.
2018-09-28

CAMBIO en mayúsculas, porque esta generación que actualmente está entre los 14 y los 24 años, no deja indiferente a nadie. No es la generación del futuro, es la del presente. Jóvenes que ya se están incorporando al mercado, como colaboradores y como consumidores. Ciudadanos con una fuerte conciencia social. Inconformistas que quieren hacer del mundo un lugar mejor.

¿Soñadores? Es posible, pero los anhelos también desembocan en buenas ideas. Tener a tu alcance cualquier lugar, cualquier información, hace que en lugar de límites, veamos un horizonte con infinitas posibilidades.

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La cuestión está en por qué esta generación es tan diferente. Al fin y al cabo, siempre que hay un cambio generacional, se habla mucho pero finalmente nos integramos, nos adaptamos.

Baby boomers, X, millennials (Y) y ahora los Z. ¿Qué tienen para centrar tanta atención?
En primer lugar, es la primera generación nativa digital. Han crecido con Internet, con las nuevas tecnologías, herramientas que hacen la vida más ágil, más rápida. Tan rápida que nos lleva de la gestión del cambio, a la gestión de la velocidad. Una velocidad que en ocasiones provoca vértigo, excepto si eres un Z, porque entonces la velocidad forma parte de tu vida y nunca es suficiente, porque hay tanto por ver, descubrir, aprender.

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Porque son inquietos, innovadores. Cuando todo lo que quieres saber lo tienes al alcance de la mano, a un clic, algo hay que hacer con ello. Tienen ideas, proyectos, que necesitan y merecen ser escuchados, porque representan la visión del modelo social hacia el que estamos caminando. Son protagonistas ineludibles de nuestra realidad.
valor de las personas

En un mundo globalizado, el único que conocen, huyen de los estereotipos, de las fronteras. Nada está demasiado lejos.

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Las redes sociales, uno de los drivers de la transformación digital, han logrado no solo conectar a personas de cualquier parte del mundo, sino también ponerles de acuerdo. Han cambiado nuestra forma de comunicarnos, convirtiendo la bidireccionalidad entre organizaciones y usuarios en una realidad. Han dado voz, o para ser exactos, se han convertido en el altavoz de muchas voces.

En pleno debate sobre las fake news, como si el sensacionalismo o la desinformación no hubiesen existido antes, no debemos olvidar que iniciativas como el Ice Bucket Challenge a favor del ELA o el movimiento que desembocó en la primavera árabe, no habrían sido posible sin las redes sociales.

James Fowler, experto de la Universidad de California, lo explica de esta sencilla forma: “Así como el cerebro puede hacer cosas que ninguna neurona consigue por sí sola, las redes sociales logran lo que una persona no puede hacer en solitario”.

Las redes sociales y su alcance han dado mayor influencia a los usuarios, a las personas. Nos ponen al mismo nivel y los jóvenes centennials son plenamente conscientes de ello. Lo utilizan y lo reivindican.

EN SUS CIRCUNSTANCIAS

El contexto, las circunstancias que impactan en cada generación, marcan definitivamente ciertos rasgos identificativos. Si el impacto de la última crisis que hemos vivido generaba en los millennials un notable sentimiento de frustración (ligado a las limitaciones de desarrollo profesional y personal que trajo consigo la situación), en los Z ha representado una perspectiva diferente en conceptos tan básicos para nuestra sociedad como es la propiedad. Compartir forma parte de su estilo de vida. El valor de las cosas está en disfrutarlas. Algo tan sencillo que, precisamente por ello, está rompiendo esquemas en todos los ámbitos.

También ha impactado en sus expectativas con respecto a la política, a las instituciones y a las empresas. Son jóvenes profesionales que, en su mayoría, prefieren trabajar en una entidad socialmente responsable y comprometida, aunque la remuneración económica sea menor, que en una compañía cuyos valores no comparten ni identifican.

Esto implica que, para atraer y retener talento, las organizaciones van a tener que buscar coherencia y transparencia en todos sus ámbitos. Lo mismo nos encontramos desde la óptica del consumidor, donde entran en juego parámetros como la sostenibilidad, si queremos conseguir que nuestra marca enamore.

Hablamos de un liderazgo que, si bien empieza por las personas, debe convertirse en estructural. El futuro de las compañías pasa ineludiblemente porque sus valores y compromiso social sean algo tangible, más allá del discurso. Para llegar a lo aspiracional, debemos ser capaces de inspirar. De otra forma, crearemos un abismo entre la organización y una sociedad cada vez más informada y, por lo tanto, más exigente.

IRREVERENCIA SIN MIEDO

La capacidad de gestionar y adaptarnos al cambio es algo que nos define. Tradicionalmente, nos enfrentábamos al reto de vencer la resistencia ante situaciones que implicaban abandonar nuestra zona de confort, dejar la comodidad de lo que uno conoce. Ha sido así para las generaciones anteriores, que buscaban estabilidad.

¿Qué quiere la Generación Z? Definitivamente, algo diferente. Son dinámicos y adictos al cambio. Han perdido el miedo a que algo no salga bien. Siempre puedes volver a empezar. De hecho, su edad ideal para emprender son los 25 años, mientras los millennials esperaban a los 35.

Porque arriesgar forma parte de su forma de entender la vida. Porque no todo tiene que estar planificado. Porque cuestionan la forma tradicional de hacer las cosas. ¿El mismo trabajo para toda la vida? ¿Por qué? ¿Para qué?

Y ese planteamiento, ese cuestionamiento de lo establecido, marca un punto de inflexión que les hace irreverentes a los ojos de los demás. Pueden cuestionar porque el acceso casi ilimitado a la información que quieren o necesitan en tiempo real se lo permite. Google lo sabe todo (o casi todo).

Los etiquetamos de rumberos, irresponsables o contestatarios, porque su visión rompe muchos de los parámetros que considerábamos casi inamovibles. Porque nos obligan a cambiar. Pero podemos verlo desde otra perspectiva. ¿Los enfoques diferentes son malos?, ¿o solo son diferentes?

Quizás está bien ser más flexibles.

Quizás está bien cuestionarse las cosas.

Quizás está bien arriesgarse.

Quizás todos necesitamos ser un poco Z.

Es el presente, también el futuro.

Carmen Sánchez – Laulhé
Directora Regional de Atrevia

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