Humanización: ¿Los animales son como las personas?

La batalla por los derechos ‘no humanos’ se está extendiendo, conforme aprendemos de ellos.

Steven Wise

Steven Wise, considerado como el padre de los derechos de los animales en Estados Unidos, fue reconocido como invitado de honor de la ciudad de Buenos Aires (Argentina) en 2016.

AFP

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septiembre 20 de 2019 - 07:30 p.m.
2019-09-20

Steven Wise espera que la historia esté de su lado. En su oficina en Florida tiene 147 libros sobre la abolición de la esclavitud. También hay copias de los cuatro libros que escribió, en los que alega que a algunos animales - al igual que a los esclavos - se les está privando de derechos legales fundamentales.

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El mes pasado, Wise, ex profesor de derecho de Harvard, grabó un mensaje de vídeo para la corte constitucional colombiana, instándola a reconocer el derecho fundamental a la libertad de un oso de anteojos (u oso andino), y liberarlo de un zoológico.

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Un mes antes, su organización, el Proyecto de Derechos No Humanos, organizó una manifestación de protesta frente al zoológico del Bronx en Nueva York, pidiendo la libertad de una vieja elefanta asiática llamada Happy, el primer elefante en reconocerse en un espejo.

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Ésta ha sido la labor de Wise desde 1985: sostener el argumento de que los animales ‘son personas’. No personas físicas - miembros de la especie Homo sapiens - sino personas jurídicas, una categoría que en EEUU ya incluye a las corporaciones. “Estamos intentando crear un movimiento de justicia social aquí, y estamos intentando cambiar la ley de varias formas importantes”, dice.

El Proyecto de Derechos No Humanos es uno de los intentos más audaces e intrigantes de diluir los límites entre nuestra especie y otros animales. Nos obliga a considerar si los humanos realmente son tan diferentes como a menudo suponemos, y de ser así, de qué forma.

La ética, los sistemas legales y la política occidental se basan en el carácter único de los humanos. No está claro qué implicaría expandir nuestra concepción legal de la personalidad jurídica.

Pero en EEUU, el hecho de que las corporaciones sean personas, ahora implica que incluso pueden reclamar el derecho a la libertad religiosa, por lo que no pueden verse obligadas a financiar servicios de aborto para sus empleados. Para los animales, las implicaciones podrían ser igualmente trascendentales.

En realidad, los límites entre los humanos y otras especies se han ido disolviendo durante siglos. En 1637, René Descartes alegó que había una clara división entre los animales - que no tenían alma, ni libre albedrío ni capacidad de razonar - y los humanos. Los animales no sufrían dolor; el aullido de un perro era sólo una respuesta mecánica.

Las ideas de Descartes fueron criticadas por Voltaire y más tarde por Jeremy Bentham, pero podría decirse que el golpe mortal lo asestó Charles Darwin, cuya teoría de la selección natural demostró que los humanos no tenían un estatus u origen especial. Ser humano significaba existir como parte de una familia de animales, no como un ser superior.

En los últimos 30 años, los estudios sobre el comportamiento animal han reducido aún más los límites entre las especies. Ahora sabemos que al menos algunos animales pueden usar herramientas, tener sexo por placer y pueden reconocerse en un espejo, todos los atributos que alguna vez consideramos exclusivamente humanos. Barbara J. King,una antropóloga, alega que los animales sienten tristeza.

Un ejemplo que ella cita es cómo los elefantes se comportan de forma distinta alrededor de los huesos de sus parientes. Otros alegan que hay siete sistemas afectivos fundamentales comunes en todos los mamíferos: miedo, lujuria, cuidado, juego, rabia, búsqueda y pánico/tristeza.

¿Disminuye esto en algo nuestra experiencia como humanos? La mayoría de los investigadores concluyen lo contrario, que enriquece nuestra comprensión de la conciencia y las emociones.

Un reciente documental de la BBC, The Octopus in My House (El pulpo en mi casa), cuenta la historia de un profesor de biología en Alaska que adquirió un pulpo como mascota e intentó involucrarse en sus procesos de pensamiento.

Por supuesto, los humanos siguen siendo diferentes de los millones de otras especies animales. Sólo los humanos pueden “anticipar por completo a la inevitabilidad de la muerte”, dice King. Sólo nosotros somos capaces de hablar, dice el primatólogo Frans de Waal. Ninguna otra especie puede contar las historias que son cruciales para la colaboración masiva, dice el historiador Yuval Harari.

Los humanos también tienen una capacidad inigualable para la superación personal y social; hemos asumido una capacidad sin precedentes para reproducir y alterar otras especies.

El escritor científico Adam Rutherford señala que, incluso en áreas donde los humanos no son cualitativamente diferentes, son cuantitativamente diferentes: otros animales fabrican herramientas, pero sólo los humanos perciben toda su experiencia del mundo mediante las herramientas.

Pero algunos investigadores rechazan la idea de que lo que es exclusivo de los humanos es suficiente para justificar nuestro pedestal legal.

Para que a alguien se le considere una persona jurídica en EE.UU., debe ser capaz de al menos algunos de los derechos y deberes de un ser humano. (Las corporaciones están sujetas a deberes, como el pago de impuestos, y, en consecuencia, se ha reconocido que tienen algunos de los mismos derechos que las personas, por ejemplo, la libertad de expresión).

Hasta ahora, el Proyecto de Derechos No Humanos ha elegido dos de las especies - chimpancés y elefantes asiáticos - cuyas habilidades mentales y emocionales están mejor documentadas. Próximamente, planea intentarlo con las orcas.

Wise dice que la evidencia científica no existía cuando comenzó a hacer campaña en 1985 (Jane Goodall, quien lo apoya, no publicó sus libros emblemáticos sobre el comportamiento de los chimpancés hasta 1986). Sin embargo, desde al menos el año 2000, Wise ha sentido que hay suficiente evidencia para demostrar que los animales tienen derecho a la libertad.

Hasta el momento, ninguna corte le ha dado una victoria decisiva al Proyecto de Derechos No Humanos, pero Wise ha encontrado consuelo en la derrota. “Nunca hemos tenido una sola declaración jurada que contradiga ni uno de los argumentos científicos que hemos presentado”, dice.

El año pasado un juez de Nueva York mostró simpatía por el argumento básico del proyecto y cuestionó cómo la ley actualmente divide el mundo en “personas y cosas”. “Aunque puede ser discutible que un chimpancé no es una 'persona', no hay duda de que no es simplemente una cosa”, escribió el juez Eugene Fahey.

En caso de que la ruta legal no resulte exitosa, el proyecto de Wise está considerando opciones políticas, por ejemplo, presionar al ayuntamiento de la ciudad de Los Ángeles para establecer un derecho a la libertad física para los elefantes. Si fracasa el cabildeo, el asunto podría someterse a votación en California, aunque esta opción sigue siendo aún más costosa.

Estas medidas no impugnarán la división biológica entre humanos y otras especies. Pero otra línea de investigación científica sí lo hace.

En enero de 2017, un equipo dirigido por el genetista español Juan Carlos Izpisúa Belmonte anunció que había creado quimeras cerdo-humano al inyectarle células humanas a un embrión de cerdo.

El objetivo final del equipo es crear órganos que puedan insertarse en humanos (xenotrasplantes). Esto podría ayudar a aliviar la severa escasez de órganos humanos para trasplantes.

Otros equipos de investigadores están intentando cultivar corazones de cerdo genéticamente modificados que puedan usarse para trasplantes humanos. Están trabajando para garantizar que los órganos del cerdo no sean rechazados por los cuerpos que los reciban, y que las enfermedades no se propaguen de los cerdos a los humanos.

Cabe señalar que los intentos de usar primates fueron abandonados, en parte debido a preocupaciones éticas. Se escogieron los cerdos porque crecen rápidamente y se crían y sacrifican de forma muy extensa para otros propósitos.

Hasta ahora, los experimentos han abarcado la inserción de órganos de cerdo en primates. Pero una vez más, el objetivo final es trasplantarles órganos a los seres humanos.

“Siempre tengo miedo de dar un plazo. Sólo puedo decir que el momento está cerca”, dice Muhammad Mohiuddin, director del programa de xenotrasplantes de la Universidad de Maryland. Un equipo paralelo que trabaja en la Universidad de Alabama espera trasplantarle un riñón de cerdo a un ser humano este año.

Mohiuddin alega que los experimentos en humanos serán más fáciles en algunos aspectos que los actuales ensayos con animales, donde los científicos deben controlar el dolor de los animales. “Los primates no te pueden decir si sienten dolor y no toleran las vías intravenosas. Será mucho más fácil con los humanos. Además, como médico y cirujano, mi única preocupación es salvar vidas”, agrega.

Anteriormente, estas controversias se derivaban de las diferencias percibidas entre los humanos y otras especies. Hoy giran en parte en torno a las semejanzas percibidas entre los humanos y otras especies.

Entre los oponentes más fuertes de los xenotrasplantes están quienes abogan por los derechos de los animales, que creen que los animales sienten dolor y que no tenemos hay justificación para matarlos por bienestar propio.

Si millones de personas anduvieran por ahí con corazones de cerdo en sus cuerpos, ¿cambiaría eso drásticamente la forma en que nos vemos? ¿Veríamos a nuestra especie como menos única, o empezaríamos a preguntarnos cómo podríamos utilizar otras especies?

Mientras tanto, los investigadores seguirán explorando qué especies comparten atributos que consideramos claramente humanos.

Algunos equipos están trabajando para ver si la potencia informática puede descifrar patrones en los sonidos de los animales y hasta qué punto - si existe - pueden constituir un lenguaje. Nuestro conocimiento es parcial: hace apenas unos años grabamos por primera vez las voces de las ballenas del Pacífico Norte.

Sin embargo, algo que es aún más macabro es que se ha sugerido - especialmente en el documental Blackfish de 2013 sobre las orcas en cautiverio en un acuario de SeaWorld - que otras especies están lo suficientemente conscientes de la muerte como para quitarse la vida. El suicidio animal, si existe, sigue siendo un fenómeno poco estudiado.

Para algunos científicos, con esto se corre el riesgo de antropomorfizar a los animales. Pero muchos de los investigadores de la inteligencia animal consideran que su trabajo tiene un propósito social, en un momento en que las poblaciones de animales salvajes están disminuyendo en todo el mundo.


Henry Mance

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