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Colombia podría ser como EE. UU. pero 'instituciones no lo permiten'

El economista experto en desarrollo, James Robinson, explicó que no se podía demonizar al sector privado. 

Joe Biden y Gustavo Petro.

De izq. a der. Joe Biden y Gustavo Petro.

Archivo EL TIEMPO

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diciembre 01 de 2022 - 07:45 p. m.
2022-12-01

Uno de los economistas que más se ha interesado por el estudio del caso colombiano es James Robinson. En algunos de sus libros pone como ejemplo la nación y explica que esto se debe a que es un país con mucho potencial, pero que no ha sido explotado por motivos como que el Estado y la sociedad son débiles, según explica el profesor que visitó Colombia en el marco del McKinsey Forum.

En su libro ‘Por qué fracasan las naciones’, enfatiza la conexión clave entre la prosperidad y las instituciones, en su opinión, ¿Colombia es una nación fallida?

No me parece. Estuvo cerca de eso tal vez hace 30 años, pero lo que queremos decir es que es un tema fundamentalmente sobre el desempeño económico. Tratábamos de explicar por qué algunos países tienen éxito económico y otros no. Colombia no es como otros países de África, pero falla masivamente en relación con su potencial. No hay razón por la que los niveles de vida en este país no sean exactamente los mismos que en los Estados Unidos, aparte de las instituciones que impiden que eso suceda.

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¿Cuál es el estado de salud de las instituciones en la región?

Creo que es bueno distinguir entre instituciones económicas y políticas. La política crea los tipos de economías que tienen los países latinoamericanos y, por lo tanto, las instituciones económicas extractivas que crean incentivos y oportunidades lo hacen para algunas personas, pero no para la mayoría, y surgen porque las instituciones políticas son extractivas.

Desde esa perspectiva, hay muchas oportunidades de mejora. Este es probablemente el momento más democrático de la historia latinoamericana.

Si se mira lo que pasó en 1980 y 1990, todos los países latinoamericanos que salieron de la dictadura tenían hiperinflación. ¿Por qué? Debido a que había tanta presión económica y no podían manejarla, entonces comenzaron a imprimir dinero. Eso demuestra que este es un momento muy difícil y es muy difícil manejar todas estas demandas. Ahí es donde entran las instituciones, es exactamente el momento en que hay que construir instituciones y hay que hacer que la gente vea que lleva tiempo cambiar la sociedad, para abrir las instituciones extractivas y hacerlas más inclusivas. 

Tampoco es solo una cuestión de democracia, hay que construir Estado. Se necesita construir la funcionalidad para proporcionar la base para una economía inclusiva. Por un lado es un momento muy emocionante, pero también hay muchas tareas por cumplir.

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¿Cuál debe ser el énfasis de estos nuevos gobiernos de izquierda?

No creo que sea un problema de derecha o de izquierda que la gente tenga acceso a una educación de alta calidad o que puedas conducir sin que la carretera colapse.
No es un tema de derecha o izquierda que el ingreso per cápita en este país sea de US$6.000 en vez de US$60.000. Todos se benefician al hacer que este lugar prospere.

Lo que podría hacer cualquier gobierno colombiano es abordar algunos de los problemas más evidentes: infraestructura, acceso a la educación, mejorar la movilidad social, mejorar la competencia en la industria, etc, para regular de manera efectiva, recaudar impuestos para que puedan brindar servicios. Es fundamentalmente lo que debe hacer un buen gobierno, son los conceptos básicos en los que todos en Colombia deben estar de acuerdo.

¿Podría explicar por qué describe a Colombia como un ‘Leviatán de papel’?

Porque el Estado es débil, pero también la sociedad es débil. El Estado no puede implementar la política pública. Mire la implementación de los Acuerdos de Paz. Se han completado menos del 5% de todas las prioridades con respecto a los ejemplos de desarrollo rural.

La parte más crítica del acuerdo de paz no se implementa. Pero la sociedad también es débil, es muy parroquial y cada uno tiene sus propios intereses, ninguna idea colectiva de hacia dónde debe ir el país.

Explicamos en el libro que existe una relación simbiótica entre estos dos. Las élites manipulan la debilidad del Estado y los políticos también manipulan la debilidad del Estado.

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Por eso creo que este momento es interesante porque es un momento en el que el presidente Petro y otras personas en el poder pueden entender cuál es el problema real y tener la oportunidad de romper con esos patrones.

¿Qué puntos deberían ser importantes en la agenda de los gobernantes?

Hay que hacer la economía más inclusiva, encontrar esa sinergia entre el sector privado y el sector público.

No hay experiencia de desarrollo económico exitoso en el mundo que no haya sido liderada por el sector privado. Mire a China, ese es el sector privado chino que está haciendo los cambios. No se puede demonizar al sector privado, porque ese es el motor principal para crear riqueza y prosperidad.

¿Qué rol van a jugar las empresas en este cambio de corriente?

En América Latina, las empresas tienen esta actitud de mirar hacia adentro. Y eso tiene que cambiar, creo que es una relación muy histórica, muy poco saludable con el gobierno donde te enfocas en los contratos y el mercado interno. Seguro que algunas personas exportan y tienen mucho éxito, pero eso tiene que cambiar.

El sector privado tiene que reflejar y reconocer las cosas que no han funcionado en el pasado para corregirlas y finalmente ser una nación próspera. Una sola persona de negocios no puede cambiar el sistema, se requiere reconocimiento de los problemas para atacarlos. 

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