En la librería Kyobo del centro de Seúl, se exhiben tres grandes carteles: ‘Ganar’, ‘Rico’ y ‘Sabio’. Se trata de una clasificación por temas de libros líderes de ventas que ejemplifican las prioridades de una de las sociedades que más rápido se ha modernizado en Asia. Conseguir el éxito y reconocimiento que pregonan esos tres carteles no es fácil, en un país donde casi la mitad de la población (22 millones) se concentra en la zona metropolitana de Seúl y unos pocos grandes conglomerados nacionales monopolizan los mejores puestos de trabajo.
Los padres de familia que padecieron la escasez de los años posteriores a la Guerra de Corea (1950-53) y la dictadura, hasta finales de los años 80, han inculcado a las nuevas generaciones la necesidad de emerger de esa penuria como personas de éxito. Desde jóvenes, una gran parte de los surcoreanos lucha por conseguir ingresar en alguna de las universidades más prestigiosas, algo que abre las puertas a una vida profesional de éxito en empresas como Samsung o Hyundai.
Esto ha provocado una obsesión por la educación exclusiva y la imagen física que, para muchos jóvenes, se traduce en una gran presión social, por lo que el índice de suicidios de surcoreanos es muy alto y especialmente preocupante entre los adolescentes. Los padres de muchos niños y adolescentes surcoreanos imponen rígidas rutinas a sus hijos, como aconsejan también algunos libros, en las que abundan clases extras durante los fines de semanas y muchas horas de estudio, incluso prescindiendo del sueño.
Sólo hay que preguntar a niños de 13 años como Han, que acude a una prestigiosa escuela del barrio seulita de Gangnam y que, durante los fines de semana, estudia español, francés, piano y refuerza su inglés, algo que lo deja “cansado y sin tiempo de ver a amigos”.
No obstante, los surcoreanos se han convertido en los estudiantes más aventajados de la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), según confirmó el último informe Pisa (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la Ocde sobre educación), que les otorgó las mejores calificaciones en comprensión de lectura, matemáticas y ciencias, junto con los niños finlandeses.
Para jóvenes como Kim Kyung-hyun esto es un ejemplo de lo rápido que ha cambiado el país en tan sólo dos décadas, desde una sociedad humilde con limitaciones para los viajes al exterior (hasta 1988) a otra preocupada por el consumo, el éxito y la apariencia. Ser más alto es una característica física que los padres asocian con el éxito.
Ellos quieren ser blancos, altos y con los ojos redondos
El 30 por ciento de las mujeres entre 20 y 50 años se han sometido a alguna operación de estética con el fin de cambiar su apariencia. La apariencia también es muy importante entre los surcoreanos. Con el objetivo de que los hijos comiencen su camino hacia el éxito existe una red de clínicas, Hamsoa, que ha triunfado con un tratamiento para que los niños aumenten su altura en unos centímetros con masajes, suplementos nutricionales y sesiones de estiramientos.
Para muchos surcoreanos, ser alto es una clave de éxito, especialmente para los hombres, pese a que el desarrollo del país en temas nutricionales ha permitido que tengan la talla media más alta de Asia. Además, Corea del Sur es uno de los países con mayor índice de operaciones de estética entre la población adulta, cada vez a edades más tempranas y sobre todo entre mujeres, que deciden agrandarse los ojos, aumentar su pecho o blanquear la piel.
Según datos de 2009 de la consultora surcoreana ARA, el 30 por ciento de las mujeres entre 20 y 50 años se han sometido a alguna operación de estética y muchos reconocen que sus padres les regalaron intervenciones cuando consiguieron graduarse.
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Los jóvenes, pero sobre todo las mujeres, deciden agrandarse los ojos, aumentar su pecho o blanquear la piel