La economía social y solidaria, ¿una solución?

Se buscan salidas para enfrentar el trabajo escaso y mal pago.

Economía solidaria

Hay que visibilizar y comprender el papel que juega la economía social en los países y su contribución al futuro del trabajo.

Archivo particular

POR:
Portafolio
septiembre 02 de 2019 - 07:04 p.m.
2019-09-02

La preocupación por el futuro del trabajo no solo se registra en Colombia y América Latina sino en todo el mundo, donde el empleo es cada vez más escaso y mal remunerado, lo que está conduciendo a una crisis generalizada que exige soluciones urgentes.

Por eso, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la única agencia tripartita de la ONU, junto con otras entidades, promueve el encuentro denominado “La economía social en el futuro del trabajo”, al que deben asistir más de 40 países y que se realizará entre el 14 y 18 de octubre en Madrid.

(Economía solidaria, modelo para buscar el bien común). 


En el contexto laboral actual, de falta de empleo decente y difusa precariedad, es muy importante compartir, analizar, difundir y valorizar experiencias y resultados con la economía social y solidaria (ESS), razón por la que se realiza el encuentro.

“Su objetivo principal será visibilizar y comprender el papel que juega la economía social en los países y su contribución al futuro de trabajo en el marco de la gran transformación económica y social, producida por las nuevas tecnologías”, precisa desde Ginebra a Portafolio Roberto Di Meglio, especialista principal en desarrollo local y en ESS de la OIT.

Los puntos urgentes a tratar son los relativos a “cómo la ESS puede contribuir a la creación de políticas públicas más inclusivas y sostenibles y que, al mismo tiempo, profundicen en los procesos de construcción democrática”, afirma.

Se espera que al finalizar la reunión se compartan y difundan “buenas practicas que muestren el impacto de la economía social y solidaria como una herramienta para la creación de trabajo decente, contribuyendo así al objetivo de desarrollo sostenible que se refiere a esta temática y al crecimiento económico, incluido en la agenda 2030”, de acuerdo con Di Meglio.

IMPORTANCIA Y DESAFÍOS 

El futuro del trabajo preocupa por varias razones. La primera, por la tendencia demográfica: unos 40 millones de personas ingresarán cada año al mercado laboral, exigiendo la creación de 600 millones de nuevos empleos hasta el 2030 y, además, tendrán que sostener a un creciente número de congéneres mayores, debido al envejecimiento de la población.

La segunda está relacionada con los efectos de la innovación tecnológica, el cambio de los patrones de consumo, las nuevas necesidades y el aumento en la demanda de servicios de interés general, que históricamente han sido provistos por el sector público y que hoy están sujetos a restricciones presupuestarias, según Di Meglio.

“La innovación tecnológica avanza de forma sostenida y le está abriendo las puertas a la automatización, en detrimento del trabajo humano”. Además, estima que la globalización está moviendo la producción a países y regiones donde existen reglas salariales menos estrictas y remuneraciones más bajas, lo que, progresivamente, reduce los estándares laborales, incluso en las áreas más tradicionales.

A los grandes desafíos del trabajo en el futuro, se cruzan también los problemas relacionados con la exclusión, la desigualdad, la pobreza y la sostenibilidad ambiental.

Por eso, la OIT mencionó en su informe de este año “la necesidad de promover una agenda para el futuro del trabajo centrada en el ser humano, en la que la economía social y solidaria desempeñe un papel relevante”.

En caso de una eventual crisis económica mundial, que, sin duda, dejará al descubierto los problemas existentes, como desempleo, desigualdad, exclusión y los de medioambiente, la ESS podría convertirse en una solución mediática, aunque su contribución implique, sobre todo, promover políticas y programas de acompañamiento y consolidación del sector, alimentando y reforzando su autonomía.

FUNCIONAMIENTO 

La economía social y solidaria no está legal, ni institucionalmente reconocida en todos los países pero sí en España, Francia, Italia, México, Costa Rica, Argentina, Corea del Sur, África del Sur y, en Túnez, entre otros.

En América Latina, en México, el sector está conformado por unas 60.943 empresas sociales con 12 millones de socios que representan el 23% de la población económicamente activa ocupada del país, que se calculaba en más de 52 millones de personas en 2015.

En Colombia la ley 454 de 1998 estipuló el marco conceptual que regula la economía solidaria. En otros países se están dando pasos en esa dirección, según la OIT, no sólo por las emergencias del actual momento laboral, sino por las exigencias ambientales pues es una economía que busca el bienestar de los personas por encima de las ganancias.

El término economía social, empezó a emplearse a finales del siglo XIX para describir a las asociaciones voluntarias y de autoayuda creadas por los trabajadores para enfrentar las consecuencias del capitalismo industrial y luego se recuperó en los años 70 del siglo pasado. Incluye las cooperativas, mutuales, asociaciones y organizaciones autónomas cuya meta es ofrecer un servicio a sus miembros o a la comunidad, sin considerar prioritaria la maximización de las ganancias.

El de economía solidaria se difundió en Francia, América Latina y Quebec, para diferenciar lo establecido por la economía social y responder a necesidades insatisfechas, como la inserción laboral, el cuidado de las personas (salud, niños, ancianos, gente de grupos vulnerables) y los problemas ambientales, entre otras cosas.
El de economía social y solidaria fue lanzado por la OIT en 2009 en para difundir el conocimiento, promover el reconocimiento y la visibilidad de los elementos comunes que caracterizan esta realidad emergente en muchas regiones del mundo y la definió como “un concepto que se refiere a las empresas y organizaciones, en particular las cooperativas, mutuales, asociaciones, fundaciones y empresas sociales, que producen, específicamente, bienes, servicios y conocimiento y persiguen los objetivos sociales y económicos y promueven la solidaridad”, explica Di Meglio.

NO ES UN SUEÑO 


La ESS no es una quimera. Es una realidad palpable y viene funcionando con éxito en muchos países. “Está compuesta por organizaciones y empresas que ya existen y operan en muchas economías de mercado, algunas con éxito, compitiendo al más alto nivel en las cadenas de valor de comercio mundial, como por ejemplo las cooperativas vitivinícolas del noreste de Italia”, precisa Roberto Di Meglio.

La ESS solo es una forma diferente de hacer empresa frente a los cambios que se dan hoy en las sociedades y economías, sostiene.

Admite que se está a un paso de grandes cambios en lo laboral porque es "evidente que el modelo económico actual es inca- paz de crear sociedades con niveles de cohesión aceptable y porque el existente genera enormes problemas ambientales. Además dice que “la ESS puede contribuir a un nuevo paradigma de producción y consumo más inclusivo”.

Gloria Helena Rey
Especial para Portafolio

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