‘La educación es el mayor factor de movilidad social’

Adolfo Meisel, rector de la U. del Norte y excodirector del Banco de la República, habla sobre su nuevo libro. 

Aldolfo Meisel, rector de la Universidad del Norte

Adolfo Meisel, rector de la Universidad del Norte y excodirector de la junta directiva del Banco de la República habla del progreso del país y el Caribe.

Archivo particular

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Portafolio
julio 24 de 2020 - 07:33 p. m.
2020-07-24

Campesinos “bajitos” con poca escolaridad, mujeres sin educación, y muchos hijos. Esa era la foto de la sociedad colombiana a principios del siglo XX y que en el nuevo libro de Adolfo Meisel, rector de la Universidad del Norte y excodirector del Banco de la República, se describe en las historias familiares de nueve estudiantes de la institución.

(‘No vamos a formar jóvenes para que no consigan trabajo’). 

Meisel habló con este diario sobre esa transformación en el país y también en la región Caribe.

¿Cuál fue el detrás de cámaras del libro?

Yo dicto historia económica desde hace varios años y a veces ponía a mis estudiantes a hacer un ensayo sobre la historia de su familia para ilustrar lo que habían aprendido en el curso.

Tenía la inquietud y aquí, hace un año, cuando dicté el curso de historia económica de Colombia, invité a los pelados a hacerlo.

Les pedí que revisaran cuál era el nivel educativo de sus abuelos, cuántos hijos tenían y cómo era su nivel de vida en general: si eran campesinos, de la ciudad, de qué vivían, cómo eran las casas, los servicios públicos, etcétera.

(Adolfo Meisel, codirector del Emisor, será rector de la Universidad del Norte). 


Entre los principales hallazgos fue que se ve una caída del número de hijos y alta migración, típicamente de campo ciudad y también a poblaciones intermedias.

¿Qué explica esa caída en el número de hijos?

Yo hice una encuesta en el salón de cuántos hijos querían tener las alumnas y el promedio fue de 1,3.

Algunas, incluso, no querían tener hijos. Eso tiene que ver con el control de natalidad, y la participación de la mujer en la fuerza laboral.

Y el Dane también ha dicho que la expectativa es que la población colombiana sea más vieja en unos años...

Sí, de hecho hice un documento en el que muestro que se está cayendo la demanda de matrículas universitarias en Bogotá, Medellín y Cali porque cada vez se gradúan menos muchachos de bachillerato. Y van a entrar menos a los colegios. Esa es la transición demográfica.

Lo que se ve es que el número de familias se cae porque primero la mortalidad bajó y la tasa de crecimiento de la población era altísima en los 60s.

Luego baja la natalidad y se empieza a volver negativa, como está pasando ahora. Esa es la transición demográfica.

Entre esos relatos, ¿qué otros temas le llamaron la atención?

Uno negativo fue la violencia. En muchos relatos se ve la violencia política, que un momento era entre liberales y conservadores y luego fue la paramilitar o guerrillera e, incluso, delincuencia común.

Eso me impresionó mucho. Y lo otro que me llamó la atención fue que la educación es, definitivamente, el gran factor de movilidad social.

¿Qué reconoció en los relatos de sus estudiantes en ese sentido?

Una de las estudiantes cuando hizo la presentación del libro, Laura Sofía Cardona, contó que ella está becada porque se ganó la beca de Ser pilo paga.

Sacó el segundo puntaje en las pruebas Saber 11 de su departamento, y el primer puntaje lo sacó su hermano, que también está becado en la Universidad. Eso fue muy bonito.

Si uno quisiera tomarle una foto del antes y el después a la economía colombiana a través de esas familias, ¿qué revelarían esas fotos?

En el siglo XX los colombianos eran chiquitos y campesinos.

El promedio de estatura de las mujeres era de 1,50 metros y el de los hombres era de 1,60 metros. Y la estatura promedio de estos estudiantes es de 1,61 m para las mujeres y los hombres 1,73 m.

Otra cosa es que eran campesinos analfabetas.

Hoy en día muchos son profesionales y mínimo tienen bachillerato. Viven en ciudades, tienen agua potable, luz, alcantarillado y algún grado de escolaridad.

Incluso, tienen forma de vestirse; antes los campesinos tenían ropa muy raída, que era con la que trabajaban, y tenían otra que era con la que iban a misa los domingos. Esa es la transformación de Colombia, de un país rural muy pobre a uno que, para los estándares de comienzo de siglo, está con mejor salud y nutrición.

Por eso son más altos y con más expectativas.

¿Cómo se ve en el libro el avance de la participación de la mujer?

Esa es una de las transformaciones más profundas. Antes las mujeres estaban en servicio doméstico, no iban a la escuela y cuando lograban ir les enseñaban a coser, rezar y a cocinar.

Ahora son la mitad de la población universitaria.

¿Y cómo está la foto de las mujeres en la economía?

Siguen siendo discriminadas. Salarialmente los estudios muestran que, en promedio, el ingreso de las mujeres con igual condiciones de educación, experiencia y de capacidad es 15% más bajo que el de los hombres. Pero eso es un avance con respecto de lo que había antes.

Esos avances de los que hemos hablado, ¿cómo van a cambiar por cuenta de la pandemia?

El riesgo que tenemos es abrir las brechas en educación. Me preocupa mucho lo que está pasando en las zonas rurales, donde los estudiantes están prácticamente de vacaciones porque no tienen ni conectividad ni los equipos para conectarse. Entonces los muchachos de educación básica y media están perdiendo muchos de los avances.

marola@eltiempo.com

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