‘La intención es que la gente se haga preguntas’

La escritora Melba Escobar cuenta el proceso de creación de su última obra: ‘La mujer que hablaba sola’.

Melba Escobar

Melba Escobar también escribió las novelas ‘Duermevela’ y ‘ La casa de la belleza’.

Carlos Duque

POR:
Portafolio
abril 26 de 2019 - 08:24 p.m.
2019-04-26

La escritora Melba Escobar acaba de publicar su última novela ‘La mujer que hablaba sola’, en la cual narra cómo la realidad nacional afecta hasta las relaciones más íntimas. 

(La Casa de la Belleza, un thriller que no da respiro). 

¿Cuál fue el proceso de creación de ‘La mujer que hablaba sola’?

Hay dos historias en la mujer que hablaba sola que tienen una relación muy orgánica. Una que está pasando 20 años atrás y otra que está sucediendo en el tiempo presente. Lo que las conecta es que una madre soltera, Cecilia Palacios, se ve transportada a su pasado, por el evento de que su hijo único es sindicado de haber puesto una bomba en un centro comercial en el baño de mujeres. Ella se entera por las noticias que lo están persiguiendo.

Vive con este hijo al que cree conocer muy bien pero después de este incidente comienza a hacerse muchas preguntas sobre si realmente sabía quién era o no su hijo y eso la va llevar a su pasado, a tratar de entender cómo llegó a ese embarazo, cómo decidió tener a Pedro y cómo, de alguna manera, la maternidad la sintió casi como una imposición más que como algo que fue una decisión consciente y buscada por ella. Es un diálogo entre el pasado y el presente de Cecilia.

¿La idea nació con la bomba al centro comercial Andino o la venía trabajando antes?

Tenía primero la historia del pasado, mucho más íntima: una historia de amor, él es un joven de izquierda, ella es un chica más de clase alta, acomodada, que tiene una familia más de centro derecha. El encuentro entre estas dos personas y un poco el contexto y la realidad en la que cada uno ha crecido acaba afectando la relación que van a tener.

Me interesaba mostrar en esta relación tan íntima de esta pareja cómo la realidad nacional siempre acaba permeando incluso las relaciones más íntimas, al mostrar dos jóvenes enamorados y al mismo tiempo muy perdidos. Esa ansiedad de futuro los lleva a tomar decisiones equivocadas.

Yo estaba trabajando en esta historia, la tenía muy avanzada ya, pero como era una historia de hace 20 años me sentía que le faltaba una pata porque quería contarla no en tiempo real, sino como una rememoración de alguien que es capaz de reflexionar sobre lo que pasó y verlo con distancia.

Me hacía falta ese otro componente que permitiera que esa historia no se contará en tiempo real, sino desde la memoria.

¿Y cómo la afectó esa realidad de lo ocurrido en el Andino?

Pensé enseguida que me gustaría imaginar cómo recibe la información la mamá de uno de los sindicados de haber puesto una bomba. Hice un trabajo de reportería, seguí la historia de un muchacho, no precisamente del Andino, pero si por otro de los petardos que ha puesto el Mrp, hablé con sus padres, amigos, fui a las audiencias, estuve muy pendiente, en ese proceso sentí una empatía muy grande con la mamá que me conectaba: el hecho de que soy mujer y madre, y un poco la dificultad de vivir en Colombia siendo mujer.

(¿Qué no debe perderse de la Feria del Libro 2019?). 


Desde el lugar que sea, campesino, ciudad, pobre o rico, siempre las esquirlas de la violencia es algo que acabamos viviendo todos, de distintas maneras e intensidades.
Cecilia intenta saber qué fue lo que pasó con ese hijo y entender el pasado, el nacimiento de Pedro y que los llevó al momento que viven actualmente.

Cecilia va a ver a su hijo sindicado de una bomba, no sale en toda la novela, está siendo perseguido. Es una madre buscando respuestas con un hijo que no está.

¿Por qué esa narración en segunda persona?

Está dirigida a un tú, al padre muerto de Pedro que solo hasta el final de la novela sabemos cómo murió, la sensación de que la violencia tiene ciclos repetitivos, cambian los escenarios y actores pero los hechos acaban casi siendo más o menos los mismos.

Estamos en un país muy conflictivo. Cuando pasó lo de la bomba hubo teorías muy diversas, que lo del Andino había sido un montaje de la derecha para de alguna manera generar pánico de que se necesita una mano dura para controlar a la izquierda violenta; y por el otro lado, que la universidad pública sigue cultivando a los guerrilleros y auspiciando la violencia.

Cecilia está entre la espada y la pared entre dos discursos, todo mundo juzga quién es culpable e inocente. Es una polarización y sectarismo que no le da a la realidad el beneficio de la duda de manifestarse.

Hay un tema grueso que es la maternidad, todo está conectado, la violencia del país con la doméstica.

En la novela hay machismo, prejuicios, intolerancia, violencia, ¿es un llamado de atención a lo que vive el país?

El libro no tiene una intención propiamente edificante. Para mí, parte de lo fabuloso que tiene la literatura que es que trabaja muy al margen de lo moralizante y de lo que de alguna manera tiene una intención muy concreta en lo demás.

No hay una intención como tal en la novela. Lo que sí creo es que los lectores que me han comentado su experiencia dicen que es una novela dura, incómoda, que sacude mucho a la gente. A mí también me sacudió muchísimo, fue una especie de catarsis.

Sí creo que la intención es revolverle algo a las personas, dejarlas inquietas. Hacer que se hagan preguntas y si eso pasa, maravilloso.

Cuenta que fue a audiencias y a la Nacional a hablar con estudiantes y profesores, ¿Tomó algo de esa realidad?

Sin duda, fui a la Nacional, hablé con profesores y estudiantes, lo que me permitió entender que hemos vivido en un país con una derecha muy violenta desde siempre, retrograda, pero al mismo tiempo hay una rama de la izquierda que también es muy violenta, retardataria y que se ha anquilosado en un discurso de hace 60 años, que no quiere progresar.

La sensación que tengo es que se alimentan el uno al otro.

(¿Cuántos libros lee usted al año?). 


La novela recalca que incluso dentro de la universidad pública este tipo de personas son una inmensa minoría, que además es discriminada, me parece importante esta aclaración, que incluso es discriminada por los mismos estudiantes y profesores. Hay un rechazo generalizado de la universidad frente a las acciones de los violentos de izquierda, sin embargo, aún existen personajes con la misma lógica de los años 60.

¿Qué influencias literarias tuvo para escribir esta novela?

Me he ido volviendo un poco más metódica. Por el libro que quería escribir tuve unas lecturas bastante elegidas, de acuerdo con la intención de mi proyecto literario. Leí a Philip Roth con ‘Pastoral Americana’, que es la historia de un estadounidense promedio que tiene una hija que acaba siendo señalada de terrorista.

También a Lionel Shriver, con ‘Tenemos que hablar de Kevin’, que es la historia de un chico que acaba haciendo una de estas masacres de colegio en Estados Unidos.
Leí mucho a García Lorca, siempre me ha gustado mucho, ‘Bodas de sangre’ fue una influencia para mi libro que comienza con una boda trágica, catastrófica, que de cierta manera anuncia todas las tragedias que están por llegar.

Esta novela tiene mucha realidad, la reportería que hizo, el país…

Hubo más reportería en la ‘Casa de la belleza’ que se basó más en hechos de corrupción, el robo de las EPS y hubo muchos casos más específicos.

A mí me interesa más el realismo, casi que el impresionismo, la literatura que lo puede llevar a uno a un lugar y a un momento histórico muy preciso y sentir lo está viviendo de la forma más literal posible.

Es como un retrato. Me interesa hacer ese retrato con la flexibilidad y el capricho que permite de cierta forma la literatura, está contando uno algo que es totalmente cierto, pero se puede dar unas ciertas fugas y licencias y meterle reflexiones. En ese sentido me ha interesado mucho siempre el realismo. Me gusta un poco contrastar esa impresión que yo tengo con la realidad. Esa era un poco la intención, decir yo tengo una imagen de un estudiante de sociología de la Nacional, necesito contrastarla con un estudiante actual, unos profesores, unas visitas de campo para saber que estoy en lo cierto.

Pedro Vargas Núñez
Editor Portafolio.co

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