‘La transformación digital no nos puede asustar’: Oppenheimer

A propósito de su nuevo libro, el periodista habló de los retos de los países para enfrentar la transición laboral, provocada por la tecnología.

Andrés Oppenheimer

Andrés Oppenheimer, periodista, escritor y conferencista argentino, dijo que los países deben enfocarse mucho más en impulsar el servicio social como parte de la generación de empleo.

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Portafolio
octubre 16 de 2018 - 10:14 p.m.
2018-10-16

Los empleos y las profesiones tal como se conocen hoy, en una importante proporción, están destinados a desaparecer.

Ese es el tema central de ‘¡Sálvese quien pueda!’, el más reciente libro del periodista argentino Andrés Oppenheimer, quien visitó Colombia y conversó con Portafolio sobre el futuro del trabajo en el mundo, cuáles serán los empleos del futuro y qué deben hacer los países para adaptarse a esa acelerada transición laboral.

(Columnas de opinión de Andrés Oppenheimer). 

Cuando se habla de la cuarta revolución industrial, el tema del futuro del empleo es clave y hay unas predicciones más apocalípticas que otras. Y a raíz de eso, hay una frase que reza: ‘si los caballos hubieran votado sobre la llegada del automóvil, todavía andaríamos en carruajes’. ¿Cómo entender esto de manera inteligente?

La manera inteligente de verlo es no asustarse, sino anticiparse. Hasta ahora, la tecnología siempre creó más empleos de los que aniquiló. En la revolución industrial, cuando se inventaron los telares mecánicos, los trabajadores de los telares manuales pusieron el grito en el cielo y empezaron a quemar esas máquinas porque tenían miedo de quedarse sin trabajo. Lo que pasó después fue lo contrario, el telar mecánico produjo más ropa, abarató enormemente su costo, hizo que la gente comprara más y que hicieran faltan diseñadores, ingenieros textiles, creadores de colores, etcétera. Al final del día hubo más trabajadores textiles de los que había antes.

Otro ejemplo es cuando se inventaron los carros. Los que fabricaban carruajes y mantenían a los caballos también empezaron a quemar esos primeros autos, porque decían que los iban a dejar sin trabajo. Lo que pasó fue lo contrario, las fábricas de autos empezaron a emplear a cientos de millones de personas. Incluso, hicieron falta muchísimas más para hacer las carreteras y los talleres mecánicos, etcétera. Finalmente hubo más empleos que en la época de las carretas.

(Lea: Transformación digital para empresas en la nueva economía). 

Cuando se crearon los cajeros automáticos, los trabajadores bancarios pensaron que se iban a quedar sin trabajo, sin embargo hoy en Estados Unidos, hay más trabajadores en ese campo de los que había hace 20 años.

Pero la pregunta es si eso va a continuar siendo así por la aceleración tecnológica. La gente tenía antes mucho más tiempo para reinventarse que ahora, pues cuando pasamos de ser cazadores a agricultores, tuvimos miles de años.

De hecho, hace dos siglos, cuando usábamos faroles callejeros a gas había faroleros, y cuando salieron los faroles eléctricos, esa gente tuvo como 80 años para reinventarse, o reinventar a sus hijos. Pero hoy, la señora que atendía el parqueadero de la esquina, que te daba un tiquete cuando se entraba con el carro y cobraba cuando salía, tiene 24 horas para reinventarse, porque le dicen de un día para otro que la va a reemplazar una máquina. Esa señora no tiene miles de años para hacerlo.

Ese es el problema que tenemos ahora. Más adelante eso no va a ser tan terrible porque las máquinas van a aumentar la productividad. Las cosas van a ser más baratas y los ingresos de los países van a aumentar tanto que va a haber dinero como para pagar un ingreso básico a mucha gente que quede desplazada y muchos de nosotros podremos dedicarnos a lo que nos gusta. Pero la transición va a ser traumática.

Entonces yo creo que la manera correcta de mirarlo es que esto será bueno, pero tenemos que prepararnos como personas y como países para que no nos agarre desprevenidos. Y en el libro lo que hago es, profesión por profesión, preguntarle a los ‘futurólogos’ de cada área qué va a pasar con la industria.

Cada uno en su empresa, en su profesión, tiene que sentarse y preguntarse qué es lo que va a pasar con lo que está haciendo hoy dentro de unos cinco años, saber hacerlo y no quedarse fuera. Y eso no es muy difícil averiguarlo, ya se sabe por dónde va.

De todas maneras, en esto hay una discusión que trasciende múltiples ámbitos. Hace poco Moisés Naím escribió que hay cuatro opciones que son predecibles por parte de la humanidad. Una de esas posibilidades es el proteccionismo digital. ¿Qué opina de eso?

Hace unas semanas estuve en Argentina presentando el libro; allí los sindicatos son muy fuertes y no permiten ni a Uber ni a muchas otras empresas entrar en el país. Eso se puede aguantar seis meses, o un año, pero a la larga es totalmente imposible ir contra los vientos de la historia.

Un ejemplo de ello es que los sindicatos hoteleros y gastronómicos de Las Vegas amenazaron con irse a la huelga, entre otras cosas, por la robotización de su trabajo. Ahí cabe resaltar que esos robots de Las Vegas, que llevan en una bandeja el desayuno, tienen la ventaja de trabajar tres turnos por día y no piden aumento de sueldo.

Entonces entrevisté a la lideresa sindical de ese lugar y me dijo que ellos no están exigiendo a las empresas que dejen de usar los robots, exigen que les paguen el entrenamiento a cada trabajador que pierde su trabajo por un robot. Me pareció interesante porque es un fenómeno realmente imparable.

(Transformación digital, el futuro de los negocios). 

Además, el tema de que los robots nos van a reemplazar se viene tocando desde hace más de 50 años y eso todavía no ha pasado. Pero lo que está ocurriendo es que hay un fenómeno nuevo y es que los robots son cada vez más baratos y cada vez más inteligentes.

En China, por ejemplo, un robot industrial de una fábrica de autos hace ocho años costaba el equivalente a cinco años de salario y prestaciones de un trabajador. Hoy, los robots están produciendo tanto y tienen tanta demanda que el mismo robot cuesta lo equivalente a un año del sueldo y prestaciones de un empleado. Entonces esto es una tendencia imparable.

Por otro lado, los robots son más inteligentes gracias a la información en la nube, se están conectando con los otros robots y todos aprenden de sus aciertos y sus errores. Entonces, en ese sentido, todos han dado un salto cuántico en los últimos años.

Pero el tema del reentrenamiento de las personas, en abstracto suena bien, pero cuando pasa por la realidad es mucho más complejo...

Con la pregunta se asume que el reentrenamiento tiene que ser necesariamente en una labor técnica y yo lo que digo en el libro es que no necesariamente. Cuando hablo, al final, de las áreas y trabajos del futuro, hay muchísimas que no tienen nada que ver con la técnica.

Una muestra de eso es lo relacionado con el bienestar, porque estamos viviendo cada vez más y mejor; estamos más preocupados por comer bien y hacer ejercicio, etcétera. Por ejemplo, en los servicios médicos que van más allá de la medicina –como los psicólogos, los profesores de zumba o los instructores de meditación–, hay un campo enorme que va a tener mucha más demanda laboral que la que tiene actualmente.

¿Cree que los gobiernos van a estar tentados, en ese sentido, de aumentar el empleo público?

Hay dos grandes teorías sobre qué va a pasar. Hay quienes dicen que con el aumento de la productividad vamos a tener que crear una renta básica común, pagarle a todo el mundo para que todos tengan salud y educación garantizada y no mueran de hambre.

Otros, como Bill Gates, dicen que hay que ponerle un impuesto a los robots y, con eso, podemos subsidiar a quienes no puedan subsistir. Yo tomo una posición intermedia, y creo que vamos a tener que crear un renta básica común condicionada al servicio social.
Es decir, creo que va a haber unanecesidad de pagar servicios sociales, valorizarlos y jerarquizarlos. Hoy día ninguno, o pocos de nosotros, hacemos servicio social.

En esa misma línea, en una entrevista me comentaban que vivíamos en un mundo de desempleados y que eso sería fantástico porque esto de que el trabajo le da un sentido a la vida, es una cosa muy nueva.

Hace 300, 400 años o más, los que tenían un estatus más alto en la sociedad eran los aristócratas, quienes se dedicaban a leer poesía, al arte de la conversación, a tocar el arpa y a contemplar el arte. Los que trabajaban eran los plebeyos y nadie quería ser un plebeyo. El trabajo se convirtió en el propósito de nuestras vidas hace apenas 200 años. Entonces, en el futuro, podría ser que valoremos mucho más a una persona que saca a pasear a un viejito, que alguien como nosotros, que está en la televisión o es gerente de un banco.

Entonces el problema va a ser el ajuste...

El problema será la transición. Pero creo que en muchos casos este ajuste, si nos anticipamos, será mucho menos traumático de lo que muchos dicen. Un ejemplo es el de los periodistas, que también tienen un capítulo en el libro. Y allí hablamos de que gran parte de lo que estamos haciendo, como el trabajo básico de escribir algunos temas, también va a desaparecer. En Estados Unidos pude hablar con el director de innovación del Washington Post y me decía que en las elecciones de noviembre todos los artículos sobre las contiendas electorales para el Congreso serán escritas por un robot. Teniendo en cuenta que hay una matriz que los periodistas ya usamos para los artículos deportivos o resultados empresariales, lo que va a hacer el Washington Post es poner el resultado del colegio electoral, para que luego la computadora ponga toda la historia del que ganó, y de cómo eso incide eso en la elección. Y ante la pregunta de si eso sería terrible para los periodistas, él respondió que estos están felices porque en lugar de tener que hacer la nota del día, van a poder dedicarse más al periodismo investigativo, al periodismo analítico y a muchas de las cosas que nos gusta hacer a los periodistas.

El otro ejemplo es el de los maestros, que también van a desaparecer. En mi capítulo sobre la educación también entrevisté al profesor Einstein, que es un robot pequeño que enseña matemáticas y física. Eso es una muestra de que actualmente cualquier niño entra en Google y busca y encuentra lo que quiere de una manera mucho mejor, más rápida y eficiente de lo que le puede enseñar un maestro. Entonces, ¿qué van a hacer los maestros? van a dejar de impartir conocimientos y harán algo más importante y enriquecedor: van ser motivadores y van a ayudar a los niños y niñas a descubrir su pasión, enseñarles valores éticos y les enseñarán a trabajar en equipo y a resolver problemas, que es todo lo que un robot no puede enseñar.

Entonces los maestros solo verán amenazados sus trabajos si siguen haciendo lo que están haciendo ahora. Para quienes no se preparan, puede ser traumático y hasta devastador, pero para el que se prepare, le van a pasar muchas cosas interesantes.

Frente a un escenario de una renta básica y universal, que muchos dicen que se puede aplicar más fácil a economías desarrolladas y no tanto para América Latina, ¿usted qué responde?

Al revés. En América Latina tenemos muchísima más experiencia en eso que los países europeos. Cuando en Brasil se empezó con subsidios para que los chicos fueran a la escuela, o como lo ha hecho Argentina o México.

¿Algo así como las transferencias condicionadas, que en Colombia se hizo con Familias en Acción?

Sí. Pero como lo dije antes, yo no soy partidario de eso mientras no hayan cambiado los tiempos y todavía tengamos el mismo propósito en la vida y no cambiemos el paradigma en el que fuimos criados. Yo creo en la renta universal básica condicionada al trabajo social. Entonces si a la señora del parqueadero que perdió el empleo se le pueda pagar por sacar a pasear a un adulto mayor o que le paguen un salario por ser tutora de un niño, eso será más valioso.

Hace poco salió un informe del Brookings Institution que dice que por primera vez en la historia de la humanidad, más de la mitad de los seres que pertenecemos a este planeta somos parte de la clase media o rica. ¿No está en peligro esa conquista con este '¡Sálvese quien pueda!'?

No porque la robotización abarata los costos de todo. Si se mira el porcentaje del dinero que usa hoy la gente para comer versus nuestros tatarabuelos, quienes utilizaban el 90% de lo que ganaban en comida y en una o dos vestimentas, hoy día la comida representa el 20 o 30% de nuestros ingresos. ¿Por qué? por la revolución verde, pues la tecnología abarata todo y eso va a seguir ocurriendo.

No digo que sea lineal, porque hay dos países, China e India, que determinan todo; si hay una crisis allá eso baja el promedio de todo pero creo que, a la larga, estamos yendo desde hace cuarenta o cincuenta años a un mundo más globalizado y con menos pobres. Y a pesar de los demagogos y aislacionistas, que no entienden cómo funciona el mundo, como Trump, las fuerzas de la razón son más poderosas. Entonces yo creo que esta tendencia va a seguir.

Ricardo Ávila Pinto
Director de Portafolio

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