Las manifestaciones de los invisibles y los olvidados

Hoy por hoy las reivindicaciones sociales en el mundo son múltiples y no tienen una causa clara. ¿Por qué son diferentes a las del pasado? Análisis. 

Bolivia

Las protestas han tumbado o sacudido varios gobiernos en el Líbano, Ecuador, Chile o Bolivia.

Reuters

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noviembre 20 de 2019 - 01:07 p.m.
2019-11-20

¿Por qué las manifestaciones de hoy no son como las del pasado? Actualmente, las marchas en el mundo son muy difíciles de controlar por los gobiernos, no tienen líderes visibles con quien negociar, sus reivindicaciones son múltiples y la violencia se ha convertido en una tendencia mundial.

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Las protestas han tumbado o sacudido varios gobiernos en el Líbano, Ecuador, Chile o Bolivia. Comienza con un anuncio gubernamental que recorta derechos adquiridos y termina con manifestaciones extendidas por meses con muertos y mutilados. Las manifestaciones en Francia cumplen un año y las de Hong Kong, 5 meses. Hay tantas reivindicaciones como grupos e intereses.

Las manifestaciones de hoy se prolongan en el tiempo, son cada vez más violentas y mejor organizadas. A pesar de que los gobiernos ofrecen concesiones tempranas para desactivar las revueltas como hizo Piñera con el aumento de las pensiones en Chile o Macron con el incremento del salario mínimo en Francia, los manifestantes van por más y siguen manifestando por muchas más reivindicaciones durante semanas y meses.

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La estrategia es desgastar a las fuerzas de policía y extenuar el gobierno. Las manifestaciones son organizadas estratégicamente con una retaguardia logística que provee a los manifestantes de comida caliente, primeros auxilios, armas y fácil retirada. Los de la primera línea, utilizan flechas, bombas, catapultas, máscaras de gas y se mueven estratégicamente gracias a los celulares.

Los grupos violentos Black Blocs acompañan cada marcha. “Romper todo” es su divisa. Creen que para hacerse oír deben utilizar la violencia. Vestidos de negro y encapuchados, buscan destruir. No son siempre vistos como “infiltrados”, son a menudo las guardias pretorianas de las marchas.

Las manifestaciones del 21N en Colombia podrían repetir varias de estas nuevas formas.

El gobierno de Iván Duque acusa una debilidad política preocupante para hacer frente a este paro nacional. Tiene niveles muy bajos de favorabilidad, fisuras en su gabinete, poca gobernabilidad, limitado poder de negociación con los partidos y un apoyo cada vez más erosionado de su mentor, el expresidente Uribe, y del partido de gobierno, el Centro Democrático.

El gobierno de Duque abrió la caja de Pandora al ambientar lo que sería una reforma laboral y pensional. Aunque el presidente se apresuró en afirmar que aún no había reformas escritas y que éstas serían ampliamente concertadas, el mal ya estaba hecho y el anuncio de algunos funcionarios del gobierno causó alarma entre no pocos colombianos. Hoy en día, muchos que nunca han marchado en su vida, comienzan a movilizarse para proteger sus conquistas laborales. La reforma pensional será un gran aglutinador.

El gobierno anuncia los viejos remedios de siempre para hacer demostración de fuerza: toques de queda, ley seca, sacar los soldados a la calle, allanamientos y capturas.

La tentación autoritaria de los gobiernos ha sido utilizar las fuerzas militares para controlar las manifestaciones. Es un aparato que no está preparado para el control de masas. El ethos y adoctrinamiento de los militares los hace inconsistentes con el control de manifestaciones. Son más propensos a reaccionar con fuego a las agresiones o provocaciones. Históricamente, las muertes de manifestantes que más se recuerdan en Colombia, fueron excesos de los militares durante el control de protestas.

En Colombia ha habido manifestaciones muy violentas como el paro del 14 de septiembre de 1977 cuando murieron casi un centenar de personas y, fue asesinado, posteriormente, un ministro por un grupo terrorista urbano como venganza por la represión estatal de aquel día.

La diferencia entre el paro cívico de 1977 y el del 21N es que aquel fue convocado por las centrales obreras y éste aglutina muchos sectores disímiles por medio de las redes sociales. Universitarios, profesores, indígenas, campesinos, funcionarios públicos, sindicatos, pensionados y artistas hacen de esta marcha una verdadera psicodelia de reivindicaciones.

Esta nueva manifestación muestra que para los manifestantes lo importante no es sentarse a negociar sino hacerse sentir. A pesar de los ingentes esfuerzos del presidente Duque por desactivar desde la civilidad la movilización, los manifestantes han persistido.

Estos “invisibles”, los que sienten que los que deciden nunca los toman en cuenta, quieren hacerse ver. Estos “olvidados” que sienten que les quitan lo poco que han ganado para darles aún más a los privilegiados, no quieren más que los ninguneen.

Es un poco como dice la canción de la banda de rock Los Prisioneros que entonaban los manifestantes chilenos hace unos días: “Únanse al baile de los que sobran. Nadie nos va a echar de más. Nadie nos quiso ayudar de verdad”. Las manifestaciones de nuevo cuño son verdaderos bailes de los que sienten que han sobrado.

Por Juan Carlos Ruiz Vásquez. Profesor Titular de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

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