Los trancones pueden causar depresión

Un estudio de la Universidad de los Andes analizó el tema en 11 ciudades de América Latina.

Los trancones son insoportables a ciertas horas. El estrés siempre puede estar presente.
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diciembre 16 de 2019 - 09:51 a. m.
2019-12-16

Los trancones tienen mucho que ver con la posibilidad de desarrollar síntomas depresivos. Así lo confirmó un estudio de la Universidad de los Andes que analizó el tema en 11 ciudades de América Latina, incluida Bogotá.

En el caso de la capital colombiana, 36 % de los encuestados presentaron alteraciones y efectos negativos en su salud mental por cuenta de los atascos en el tráfico y otras dificultades a la hora de transportarse.

(Los trancones le cuestan al país unos 4 billones de pesos anuales). 

El estudio cruzó la data de más 5.000 personas encuestadas con relación a sus actividades de movilidad y vida en la ciudad con una escala de depresión del Centro de Estudios Epidemiológicos que medía la percepción de la salud mental del paciente.

A partir de eso se pudo saber, científicamente, qué tanto afectaba a las personas un mal trayecto entre su hogar y su lugar de trabajo o estudio.

Se encontró, por ejemplo, que cada 10 minutos de tiempo de viaje adicionales a lo planeado por el pasajero significan un 0,5 % más de probabilidades de generar síntomas depresivos. Y la situación empeora si esos mismos 10 minutos adicionales los pasa en uno de los monumentales trancones en cualquiera de esas ciudades latinoamericanas: en ese caso, hay un 0,8 % más de probabilidad de sentir ansiedad o estrés que pueden derivar en depresión.

EL TIEMPO habló con la doctora Olga Lucía Sarmiento, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes y una de las personas que lideró este estudio. “Las cifras no son para nada despreciables. Más en una ciudad como Bogotá, en la que, según este estudio, se calculó que una persona vive 22 minutos de trancón por trayecto”, afirma la doctora Sarmiento, quien insiste en que los déficits de movilidad deben ser tratados como un tema de salud pública.

(Así afecta su productividad la congestión de la ciudad). 


“Cada vez que una persona vive con la incertidumbre de no saber si va a llegar a tiempo genera estrés y ansiedad, asociados con síntomas depresivos. Esa angustia lleva a la fatiga, y eso se siente cuando se llega al destino y repercute en la funcionalidad: en el día a día con sus colegas o con su familia”, detalla la doctora, quien ha basado parte de su trabajo investigativo en observar cómo el ambiente urbano impacta la salud de las personas.

Y no es solo un tema de trancones. La investigación también detectó que el fácil acceso a sistemas de transporte también es clave para la estabilidad emocional de las personas.

“No tener paradas de transporte público (formal o informal) a diez minutos o menos a pie del lugar de residencia está asociado con una probabilidad más alta de presentar esos síntomas”, indica el artículo publicado en la revista Journal of Transport & Health.

Además, también influye el tipo de transporte en el que usted elija pasar la mala hora del tráfico. De acuerdo con el análisis, aquellas personas que usan el transforme público formal (tipo metro o BRT, Bus de Tránsito Rápido, como TransMilenio) tienen un 4,8 % menos de probabilidades de desarrollar síntomas depresivos que aquellos que van en carro particular.

“Hay teorías de estudios que se han hecho en otros países que indican que el transporte público genera más interacción y comportamientos prosociales que pueden disminuir el riesgo de los síntomas mencionados”, explica la doctora Sarmiento. Incluso, dice que se maneja la hipótesis de que en los metros y BRT se tiene menos incertidumbre en el tiempo de llegada al destino, mientras que en carros particulares este es mucho más variable.

Todos estos hallazgos son comunes a las 11 ciudades analizadas. Ahora, si se organizaran en una lista que clasificara el nivel de afectación a la salud de sus ciudadanos por cuenta de los trancones, Bogotá estaría en el sexto lugar.

Al final, la conclusión para los investigadores es clara: garantizar la buena calidad del transporte es fundamental para la salud.

“Nuestra hipótesis es que las ciudades más saludables son aquellas donde el transporte sostenible es algo prioritario. Parte de nuestras recomendaciones en el estudio es optar por el transporte público, la bicicleta o caminar”, defiende la doctora Sarmiento.


BOGOTÁ

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