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Coronavirus: con la 'baraja completa bajo la manga' para hacer daño

Hay varias herramientas para controlar que el virus nos enferme, pero ninguna por si sola es efectiva en un 100%.

Coronavirus

El tapabocas es tal vez la herramienta más importante para evitar el contagio con coronavirus. 

Javier Nieto

POR:
Portafolio
julio 18 de 2020 - 04:42 p. m.
2020-07-18

Las actuales investigaciones epidemiológicas han dejado en evidencia que la tasa de fatalidad del SARS-CoV 2 es moderada (sacando de la ecuación factores que la aumentan como la edad y comorbilidades) en contraste con otras enfermedades como la gripa aviar, Ebola, SARS. Entonces, ¿por qué es tan temida si en varios casos pasa como una simple gripa? Porque ante un enemigo camaleónico es difícil definir una estrategia clara de ataque y control.

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Este calificativo lo merece el SARS-CoV 2 por varias razones: los distintos medios de transporte para llegar al hombre, amplísimo espectro clínico de sintomatología, distintos tipos de transmisores, amplio rango de días para incubarse y de permanencia en el cuerpo humano. Es similar a cambiar la expresión de “el As bajo la manga” por “la baraja completa bajo la manga”.

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Cada vez crece más la evidencia científica de que este virus ha escogido al aire como su principal medio de transporte, puesto que su principal medio de ingreso al cuerpo humano son las vías respiratorias altas. No es cierto que apenas hablamos, y liberamos al aire el virus con nuestra exhalación, éste tiene un par de minutos y de metros de distancia para precipitarse al suelo. Se ha comprobado que estas partículas virales permanecen flotantes y moviéndose gracias a las corrientes de aire hasta por horas. Así las cosas, ni siquiera es confiable que en una calle solitaria nos retiremos el tapabocas.

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Es de esperar que en algún momento estas partículas virales se decanten sobre cualquier superficie expuesta al aire de sitios concurridos (paquete de papas, pasamanos, revistas, frutas, paredes, etc). Si por distracción las tocamos y nos tocamos luego los ojos, boca, nariz, hemos abierto la puerta a la infección.

El tiempo que transcurre entre la entrada del virus al cuerpo y la aparición de síntomas puede tomar entre 1 – 2 semanas; luego de superados los síntomas el virus puede permanecer en el cuerpo hasta 4 semanas más. Durante este tiempo surgen 3 tipos de transmisores: pre-sintomáticos (desde el día 3 transmiten pero muestran síntomas solo hasta el día 7-14), sintomáticos y asintomáticos. La ausencia de síntomas no significa menor peligrosidad, hay evidencia científica sólida de que la carga viral en el tracto respiratorio de un asintomático es equivalente a la de un sintomático, ambos pueden liberar al aire cantidades similares del virus.

Una vez dentro del cuerpo el virus busca unirse y penetrar células que naturalmente tienen en su pared celular la proteína receptora ACE2; es el caso de las células que recubren las vías respiratorias altas, los pulmones (alvéolos), el colon, riñones y corazón. Tantos son los blancos de ataque del virus como resultan ser los síntomas que se han reportado en COVID-19 positivos: irritación y secreción ocular, pérdida del olfato, congestión nasal, diarrea y vómito, lesiones similares a sabañones, sarpullidos, además de los que primeros descritos (fiebre, dificultad para respirar, dolor de garganta, de cabeza o de pecho). Visto esto, ya no es suficiente sospechar de alguien con una gripa o fiebre.

Ante este nutrido buffet de estrategias del virus para enfermar y persistir en nuestro ambiente, es lógico concluir que hay varias herramientas para controlar que el virus nos enferme, pero ninguna por si sola es efectiva en un 100%. Al sumar una medida de control con otra, estamos sumando las probabilidades de protección de cada una, hasta llegar posiblemente a un muy bajo porcentaje de vulnerabilidad.

Asumiendo que un excelente estado de salud (por buena nutrición, reducción del estrés, buen estado inmunológico y por ausencia de comorbilidades) es el primer ítem en nuestra lista de herramientas de control, es alentador saber que varios estudios científicos han demostrado que los casos clínicos sencillos se han podido asociar a la exposición a bajas cargas virales, algo que se logra cuando seguimos todas las recomendaciones, muy fáciles de practicar, que dificultan la llegada del virus a nuestro cuerpo. 


María Fernanda Vasco
Doctora en biología molecular y biotecnología
Especial para Portafolio.co

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