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Papas nativas de Colombia y la ciencia al rescate

Los científicos mejoran el rendimiento de las especies sin hacer modificación genética.

Papas

La papa fue uno de los alimentos con más aumento de precio en el año.

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noviembre 23 de 2022 - 07:34 p. m.
2022-11-23

Tres científicos se reúnen alrededor de variados tubérculos de cáscara oscura e interior colorido. Intentan salvar las papas ‘nativas’, más resistentes al cambio climático pero amenazadas por el desinterés comercial en Colombia.

(Disputa con la UE: Colombia apeló fallo de OMC sobre papas congeladas).

En Carmen de Carupa, 100 km al norte de Bogotá, los investigadores Ismael Villanueva, Adriana Sáenz y María del Pilar Márquez instalaron sus operaciones en una granja rodeada de verdes montañas donde pastan vacas lecheras entre la neblina. En esta región, los cambios extremos de temperatura y las fuertes precipitaciones, como consecuencia del calentamiento climático, empujaron a muchos campesinos a dejar de sembrar papas.

Contrariamente a épocas pasadas, “ahora llueve mucho, (...) es un cambio demasiado fuerte, demasiado repentino, los tubérculos se dañan porque los campos se inundan”, dice Adriana Sáenz.

Esta bióloga de la Universidad Javeriana de Bogotá es miembro del proyecto financiado por la organización Fontagro en el que también participa una universidad boliviana y asociaciones que buscan salvaguardar las especies. En la pequeña parcela crecen 38 variedades de papas ‘nativas’ o ancestrales.

(Panaderías y pequeñas tiendas no pagarían impuesto a ultraprocesados).


Cuando las rajan con bisturís quedan expuestos sus colores amarillo, rojo o morado. Las nativas tienen un acervo genético que las hace más resistentes a las sequías o a las altas lluvias, según la profesora Márquez, pero en los mercados los compradores prefieren tubérculos más convencionales. A pocos metros de la huerta, en una modesta casa de ladrillo, las raíces más fuertes que crecen pegadas a la corteza se limpian con agua destilada e hipoclorito.

Del interior les extraen el meristemo, las diminutas semillas. “Aquí es donde empieza todo”, sostiene Márquez, vestida con una bata blanca, guantes de látex y mascarilla. Las pocas células seleccionadas a punta de microscopio se convierten en plántulas que luego son conservadas durante tres semanas en frascos de líquido translúcido con nutrientes. Después se ponen en bolsas de plástico en un invernadero y cuando están listas se siembran en las tierras de Cundinamarca.

“Ya hemos posiblemente perdido algunas (variedades), entonces queremos volver a rescatar estas papas que sembraban personas (culturas, NDLR) muy antiguas”, dice Sáenz.

Campesinos de Carmen de Carupa y alrededores atendieron al llamado del panel de expertos para conseguir las pocas semillas de las papas en peligro de extinción, cuenta. La tarea fue titánica.

Ante la pérdida de las cosechas y la poca salida al mercado, los cultivadores optaron por la ganadería. “Antiguamente, toda esta región era papa, papa y papa. Después por (...) los veranos, ya se volvió (un territorio) ganadero”, dice Héctor Rincón, colaborador de la iniciativa.

Desde el laboratorio y el cultivo in vitro de las semillas, los científicos mejoran el rendimiento de las especies, según Márquez, y advierte que no se trata de hacer una modificación genética.

Es una alternativa contra las fluctuaciones de los precios y la explosión del costo de los fertilizantes y otros insumos -entre un 25% y un 30% según la Federación Colombiana de Productores de Papa- que repercuten en la rentabilidad de las variedades comerciales. “Lo que nosotros estamos haciendo (...) es ayudar a esas planticas a liberarse de enfermedades, de patógenos para que cuando salgan al campo estén libres de ellos para iniciar con un cultivo de buena calidad", dice.

En Suramérica se cultiva la papa desde hace más de 8.000 años. En Colombia el tubérculo es el segundo alimento más consumido (unos 57 kilos por persona al año según datos oficiales), después del arroz.

Según Márquez, en Colombia hay unas 60 variedades nativas y 30 comerciales, pese a que pocas llegan a los mercados.

Mientras tanto los científicos siguen buscando las mejores semillas de variedades nativas de la mano de pequeños agricultores.

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