‘El problema no es la lectura, es el libro’

Según la firma de investigación de mercados Raddar, actualmente se lee más, pero hay una fuerte convergencia mediática.

Feria del libro

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Feria del libro

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abril 28 de 2012 - 02:11 a.m.
2012-04-28

Todo lo que nos han dicho sobre la lectura de libros ha estado desenfocado. Durante años se ha dicho que la lectura de libros en Colombia es baja y que debería mejorar ya que en otros países, mayormente desarrollados, estas estadísticas son más altas; igualmente la mayoría de los estudios que se han hecho sobre nuestra baja lectura de libros apunta a tres grandes condicionantes: el precio, la falta de tiempo y la obligatoriedad de lectura en el colegio.

La industria editorial local ha asumido una serie de posiciones equivocadas que han causado que el mercado del libro se distancie de sus compradores. Esta afirmación surge no solo de diversas investigaciones sino de posiciones mundiales de la industria que ha sabido actuar frente a los cambios del mercado y los flujos tecnológicos.

Recientemente Raddar Consumer Knowledge Group y Views Colombia, en coordinación conjunta con Leonardo Wilches desarrollamos un estudio para la Cámara Colombiana del Libro que partía de comprender el libro como un producto cualquiera y no un bien cultural, con el fin de establecer por qué compramos tan pocos libros, y la verdad no se dieron grandes sorpresas: se demostró que en Colombia los compradores de libros no tienen problema con el precio del libro, ni mucho menos con el tiempo para leerlos, y de ninguna manera el hecho de la obligatoriedad de lectura en el colegio los cohibió, porque simplemente son compradores y consumidores de libros, y por el contrario los lectores que no son compradores nos dejaron ver que el problema del precio no es en sí con el precio, sino con la posibilidad de acceder a este producto por préstamo de un amigo, cercano o una biblioteca, donde el reto de la industria no es el mercado sino la cultura misma.

Durante años sostuve, con poco éxito en el país, que la industria editorial debe actuar como cualquier otra industria de bienes masivos y no seguir amparada en la sombrilla de la cultura, que al final le causa mucho daño.

La percepción cultural que le hemos dado a los libros ha causado una clara idealización del producto, generando un segmento de elite de compradores, una concepción de gratuidad en el mercado, una percepción de educación y formación que han limitado a la industria.

Hoy al libro hay que comprenderlo con un producto más, que requiere ejercicios claros de marketing, canales, manejo de precios y sobre todo una gerencia enfocada a la satisfacción al consumidor y no a mantener un espacio cultural lejano del mercado. Básicamente el futuro de esta industria depende de la “desculturalización” del libro.

SE ACTIVA LA LECTURA PERO NO DE LIBROS

Es evidente que cada vez los colombianos leen más pero no libros, porque es mas divertido y socialmente funcional leer otras cosas, como mensajes de textos, chats, twitts, correos electrónicos, blogs, diarios e incluso comics, porque el libro sigue inmerso en un debate sobre la calidad cultural de los contenidos y en los lineamientos de los procesos editoriales, mientras que a nivel mundial la literatura comprendió, desde la época de la posguerra, que la producción culta es un subproducto de la industria y que lo fundamental es lograr que todos puedan leer, porque hay oferta para cada gusto.

Plantear esta ruptura en la industria no es fácil, porque es cambiar el negocio y sin duda redefinir los activos que estas tienen, más, la tecnología lo esta haciendo por ellos, logrando que un colombiano hoy lea cerca de 1.000 veces mas palabras al día que las que leía hace diez años. Esto se refleja en los inhibidores de compra que hoy tienen los libros en el mercado colombiano, que van mucho más allá de los libros.

La principal preocupación de las personas es tener tiempo libre para compartir con su familia o amigos, porque el rol del trabajo y por esto cuando le preguntamos a los colombianos que haría con una hora más al día, la mayor respuesta es estar con la familia y no leer un libro.

Esto demuestra que la particularidad del libro de ser un momento íntimo limita sus posibilidades en el mercado, que el fenómeno de acumulación de libros en pequeños apartamentos desmotiva su compra y que imaginarios como “leer en el carro es malo”, elimina el consumo.

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