¿Qué pasó con Biosfera 2, el más extraño experimento científico?

A pesar de que no se cumplieron las expectativas, las personas sobrevivieron.

Biosfera 2

El objetivo era demostrar la viabilidad de un sistema ecológico cerrado y autosostenible que podría apoyar la vida humana fuera de la Tierra.

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Portafolio
abril 23 de 2019 - 10:36 p.m.
2019-04-23

Era un experimento inédito para salvar el mundo y permitir vida humana en otros planetas. Requería mucho dinero y mucho secreto.

El dinero -más de 200 millones de dólares invertidos entre 1985 y 2007 por el magnate y filántropo americano Ed Bass- y el secreto no fueron problema. El proyecto fue cerrado y sellado para impedir contacto con el exterior. El problema, sobre el cual ahora se conocen detalles, fue el extraño experimento en sí mismo.

Según los planes para empezar, se requirieron 3.800 especies de plantas y animales, incluidos insectos, colibríes y primates para poblar una selva tropical en miniatura, un manglar, un desierto y un arrecife de coral hechos a la medida.

Las aguas residuales se purificaban bombeándolas a través del suelo, donde los microbios eliminaban los contaminantes. El volumen constante de aire con mínimo intercambio para permitir el seguimiento de cambios sutiles a lo largo del tiempo, se lograba expandiéndolo durante el día y contrayéndolo durante la noche. La temperatura se regulaba con sistemas sofisticados porque no se permitía abrir ventanas y había un centro de energía con sus propios generadores, gas natural, torres de enfriamiento de agua y enfriadores de amoníaco, que permitían agua caliente y fría.

Económicamente también parecía viable: los turistas iban a ir por miles para recorrer el perímetro de la Biosfera 2. Los inventos producidos dentro podrían dar lugar a patentes lucrativas. Iban a desarrollar un modelo para construir otras biosferas a pedido, esperaban poner una en órbita para 1995 y eventualmente construir biosferas en la Luna y Marte.

Localizado en la base de las montañas de Santa Carolina en Arizona, Estados Unidos, Biosfera 2, un complejo de pirámides y cúpulas geodésicas de vidrio y acero, en tres acres propiedad de la Universidad de Arizona, fue oficialmente inaugurado y sellado en septiembre 26 de 1991 con ocho científicos y ayudantes dentro.

El objetivo era demostrar la viabilidad de un sistema ecológico cerrado, autosostenible que podría apoyar la vida humana fuera de la Tierra.

Las fallas comenzaron temprano. Entre 1991 y 1994 muchos de los animales y plantas recolectados, como en un arca de Noé moderna, comenzaron a morir por bajas cantidades de alimentos y de oxígeno. Las tensiones entre los miembros del equipo residente subieron de tono y la controversia alcanzó a ver la luz pública.

En realidad, el proyecto no era autosostenible y subrepticiamente Biosfera 2 había estado recibiendo semillas, vitaminas, trampas para ratones y otros suministros dos veces al mes.

Pronto quedó claro que producir alimentos era un gran desafío. Un ex empleado reveló que los ingenieros habían instalado un depurador de dióxido de carbono para que la atmósfera de la Biosfera 2 pudiera ser manejada artificialmente.

A tan solo un año de operaciones, la junta asesora del proyecto admitió que los objetivos estaban mal definidos y la ‘tripulación’ carecía de la experiencia científica necesaria.

Los colibríes y las abejas morían dejando los cultivos sin polinización. Gusanos y ácaros atacaban los cultivos y las cucarachas pululaban.

Dos científicos que habían estado internados por dos años en Biosfera 2 denunciaron su preocupación por la seguridad de las otras personas encerradas en el experimento, antes de ser arrestados por abrir cinco de las puertas y romper sus sellos, al igual que varios vidrios en el sistema de ventilación.

Estaban decididos a poner fin a la misión. Esa acción fue el comienzo del fin de uno de los experimentos más extraños en la historia de la ciencia. Hubo un par de purgas de personal y el liderazgo cambio en varias oportunidades, pero la operación nunca dejó de ser un gasto millonario sin posibilidades de rentabilidad.

Para muchos investigadores Biosfera 2 fue un fracaso colosal. “El experimento no logró generar suficiente aire respirable, agua potable y alimentos adecuados para solo ocho humanos, a pesar de un gasto de $ 200 millones” declaró la ecologista Rebecca Stewart.

Los científicos Joel Cohen y David Tilman escribieron: “nadie sabe aún cómo diseñar sistemas que proporcionen a los seres humanos los servicios de soporte vital que los ecosistemas naturales producen de forma gratuita”.

Al mismo tiempo hay factores positivos importantes: por dos años, ocho personas cultivaron papayas, remolachas, bananos, arroz y una gran cantidad de otros cultivos allí dentro. Nadie se enfermó seriamente. El agua que bebieron no los envenenó. Algunas especies se extinguieron, pero los ecosistemas perduraron.

“Nadie había construido un mundo ecológico sellado tan grande como Biosfera 2, y nadie había sobrevivido tanto tiempo dentro de uno”, explica el New York Times.

A pesar de las fallas, muchos de los datos recopilados han servido de referencia para otros estudios y existe todavía mucho material que puede ser útil para la ciencia, especialmente en nuestros días de calentamiento global y desaparición de especies. Desafortunadamente, gran parte de la información producida no fue nunca archivada.
Por ahora Biosfera 2 ha sido abierta al público como un parque de diversiones.

Cecilia Rodriguez
Especial para Portafolio

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