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Educación, clave en la revolución tecnológica

Todavía estamos hablando de cómo alinear la academia a la tercera revolución industrial, a pesar de que ya estamos viviendo una cuarta.

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La 4ta Revolución Industrial y los cambios tecnológicos que están tocando la vida de las personas en todas sus dimensiones, también están transformando la educación estableciendo condiciones que marcarán el desarrollo del conocimiento tanto en su aprendizaje como en su aplicación posterior en la actividad profesional.

A partir de estos cambios, se ha creado una gran expectativa sobre el impacto que tendrán en la actividad laboral y si el hombre va a ser reemplazado por las máquinas, mientras los expertos pronostican cuántos serán los desempleados y calculan cuántas nuevas posiciones podrían surgir.

Lo cierto es que los estudiantes hoy, se están formando para acceder a cargos que todavía no existen, lo cual les obliga a adaptarse, conocer y aprender el manejo de las nuevas herramientas tecnológicas, sin las cuales, su nivel de competitividad se verá limitado. Imaginen un abogado que no maneje smart Contracts, por ejemplo, o un médico sin conocimientos en Big Data. Por eso adoptar la tecnología de manera tempra y adecuada es clave, así como la capacidad de desaprender y volver a aprender para acogerse a la nueva realidad.

Esto hace necesario entender la urgencia de cambiar los modelos pedagógicos y metodologías actuales, a modelos que permitan al estudiante construir el conocimiento, saber cómo adquirirlo, validarlo por sí mismo y principalmente, cómo desenvolverse en una sociedad cambiante donde además de la tecnología, las habilidades blandas y la inteligencia emocional también serán factores de éxito en el mercado laboral.

¿EN DÓNDE ESTAMOS?

Es interesante contextualizar lo sucedido en el sector educativo a través del efecto de las últimas cuatro revoluciones industriales que hemos vivido como sociedad. La primera de ellas que todos conocemos como Revolución Industrial, hace referencia al impacto que tuvo la máquina de vapor y sucedió a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Esta primera revolución trajo consigo un impacto al sector educativo que para el momento fue una respuesta proactiva y acertada a las necesidades que surgían en esa nueva sociedad que se estaba industrializando. Dichas necesidades hicieron urgente crear un plan que permitiera desarrollar personas con habilidades similares y en masa, dando origen formalmente a los currículos que encasillaban a los estudiantes en un grado o año escolar según los conocimientos evaluados en el transcurso de este y consecuentemente la formalización de manera marcada de la educación superior donde se tendrían menús para formar abogados, ingenieros y doctores entre otros.

Para esto se diseñó un salón de clase con el fin de suplir esas necesidades de la época, donde los modelos de aprendizaje tradicionales y conductistas estaban a la orden del día mediante el uso de metodologías magistrales en las cuales el docente era la máxima autoridad dentro del salón al ser dueño del conocimiento que se estaba impartiendo.
Fue tanta la adaptación y el arraigo que este modelo educativo tuvo en esa época, que al llegar la 2da Revolución Industrial, con la manipulación de la electricidad y posteriormente su adaptación a la electrónica permitiendo la invención del procesador y por consiguiente del computador, el cambio en el sector educación fue mínimo, pues lo único que sucedió fue la inclusión de las habilidades necesarias para utilizar estas nuevas tecnologías dentro de ese currículo ya establecido y que tomaba fuerza por su éxito en la creación rápida de un mercado laboral. Por consiguiente, en esta 2da Revolución Industrial se siguieron usando los mismos modelos pedagógicos y la estructura de salón de clase de la 1era Revolución.

Posteriormente, a finales de los 90’s vino la 3era Revolución Industrial, la cual realmente generó un quiebre en la manera como veníamos viendo al sector educación. Comenzó con la llegada de Internet a nuestras casas de manera natural con lo cual empezamos a consumir información de manera desbordada y a comunicarnos de forma globalizada. La dependencia que empezamos a desarrollar por tener la información en cualquier lugar y en cualquier momento fue el boom que vimos en la primera década de siglo XXI con la independencia de internet sobre el teléfono y posteriormente el crecimiento en el ancho de banda que nos llevó de esperar de 3 a 4 minutos el visualizar una imagen a poder al día de hoy ver películas en tiempo real sobre la nube mediante streaming, siendo agnósticos al tipo de dispositivo que usamos (PC, celular, televisor, etc.) Todo esto trajo una nueva realidad al salón de clase y es que el conocimiento ya no era exclusivo del docente.

En este punto específico de la historia y que aún podemos vislumbrar hoy en algunas instituciones educativas, se delimitó la naturaleza de los tres principales actores de la educación, que alguien resumió en la frase “tenemos estudiantes del siglo XXI con profesores del siglo XX en salones de clase del siglo XIX”. Es decir, todavía estamos hablando de cómo alinear la educación a la tercera revolución industrial cuando ya estamos viviendo una cuarta.

Fallidamente pensamos que la digitalización de las instituciones educativas estaría marcada por llevar tecnología al plantel y seguimos viendo pilotos que buscan demostrar que con tecnología aprendemos más, cuando esta es solo un medio. La educación requiere de una transformación inteligente, más allá de la tecnología misma, que tenga en cuenta la metodología de aprendizaje que se quiere implementar, el diseño y hasta los colores del salón, las habilidades tecnológicas del docente y estudiante para posteriormente saber qué tipo de hardware, software y servicio es el requerido, así como las llamadas “habilidades blandas”.

Alumnos y profesores deben actualizarse y el aula de clase también debe transformarse para que la tecnología como medio se convierta en una herramienta realmente de valor al ser utilizada apropiadamente en la educación en cualquier nivel. Si una entidad educativa pública o privada todavía se está preguntando cómo la tecnología podría beneficiar a sus alumnos y profesores, deben darse cuenta que van un paso atrás, que los cambios hace rato iniciaron y que están perdiendo oportunidades de conocimiento, crecimiento y evolución.

Samir Estefan Vargas
Education Manager Lenovo

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