San Juan Girón, el pueblo que fue trasladado más de una vez

Sus habitantes son ciudadanos apersonados, de genios vivos, cortesanos y piadosos.

Archivo Portafolio.co

Girón

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octubre 05 de 2011 - 12:30 a.m.
2011-10-05

 

Sancho Girón de Narváez fue uno de esos presidentes de la Real Audiencia que no figuran en los textos de historia.

Su gobierno, que duró siete años a partir de 1630, se distinguió por sus peleas con los curas, y por los escándalos de corrupción.

Como don Sancho cobraba comisión por sus nombramientos, y ubicaba a sus parientes en los mejores cargos (algo que hoy jamás ocurre), se le siguió un juicio en España, que llevó a que fuera condenado a pagar jugosas multas.

Fue en homenaje a ese mandatario español que Francisco Mantilla de los Ríos bautizó la ciudad que fundó en 1631.

Después de Vélez, que data de tiempos de la Conquista, y de Málaga, que en su primera fundación no sobrevivió sino un año, Girón es la ciudad más antigua del departamento de Santander.

Les gana por medio siglo a otras poblaciones como San Gil o Socorro.

El problema con ese primer Girón fue que quedaba en tierras que pertenecían a Pamplona, por lo que el pueblo tuvo que ser trasladado más de una vez.

Hasta que finalmente, en 1653, un tal Juan Fernández de Córdova mandó fundarla donde hoy está, y le puso San Juan Girón, para dejar ahí también su nombre.

El sabio viajero bogotano Manuel Ancízar, en su célebre Peregrinación de Alpha, asegura: “Un pensamiento de minería, no de agricultura ni comercio, determinó la elección del lugar”.

Ancízar pasó por acá en 1850, y no quedó muy impresionado con la ciudad: “la rodean grandes barrancas de arena y cantos rodados, y la oprimen los áridos declivios de la serranía inmediata, que irradian el calor del sol”, escribió.

Y añadió: “Desde que surgieron a su alrededor pueblos rivales (se refería a Bucaramanga y Piedecuesta), Girón se paralizó, como lo demuestra su caserío decadente y antiguo, que, lejos de agrandarse por construcciones modernas, pierde cada día lo que le arrebatan por una parte el río no contenido en sus irrupciones sobre la estrecha vega, y por otra el tiempo que marca su tránsito con deterioros y ruinas pocas veces reparadas”.

Otro viajero ilustre, además de Ancízar en 1850, y Rosselli en el 2011, fue el cura boyacense Basilio Vicente de Oviedo, por allá hacia 1750.

Ya señalaba el sacerdote en esta ciudad algunos rasgos del estereotipo del santandereano: “La ciudad de San Juan de Girón del río del Oro, resonante por este eco, es corta, pero con buenas casas de teja, buena iglesia y dos capillas.

Su temperamento es muy cálido, por estar en un arenal, a la ribera del río y arrimada a un cerro.

Sus naturales, así hombres como mujeres, son bien apersonados, de genios vivos, cortesanos y piadosos; pero también son litigiosos unos con otros, y siempre se están compitiendo con discordias que fomentan por cualquier cosa”.

AL RITMO DE BUCARAMANGA

Girón ha vivido buena parte de su existencia a la sombra de Bucaramanga, particularmente desde que esta última fue elegida capital de Santander en 1886. Pero tiene sus ventajas quedar al margen del progreso, por su patrimonio arquitectónico de tiempos idos, ese “caserío decadente y antiguo” que describió Ancízar. Han quedado atrás la minería del Río de Oro, e incluso los cultivos del cada vez más anacrónico tabaco, cuya hoja está aún en la bandera del pueblo.

Hoy San Juan Girón y su gente tienen su presente en las industrias del área metropolitana, y en los turistas que deambulan por sus calles empedradas.

Diego Rosselli

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