Se acelera la conectividad rural en Colombia y la inclusión digital

Como lo evidenció la pandemia, la banda ancha ya no es un lujo; es una parte importante del tejido socioeconómico del país.

La utilidad de la conectividad, para hacer el bien
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Portafolio
septiembre 04 de 2020 - 04:03 p.m.
2020-09-04

A propósito del Conpes, que da lugar al “Proyecto Nacional Acceso Universal a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en Zonas Rurales o Apartadas”, declarado de importancia estratégica para el país, Colombia da un paso ejemplar que acelera la conectividad rural y promete cumplir con los objetivos que se ha trazado el Gobierno Nacional en términos de inclusión digital.

Este proyecto que dará acceso comunitario a internet en 10.000 centros poblados en zonas rurales (proyecto 10K como se le conoce en la industria), con cobertura en los 32 departamentos, da una respuesta efectiva y sostenible a las necesidades de conectividad en el país, en especial en aquellos lugares donde el Internet ha sido un espejismo, ya sea por la imposibilidad de llevar la infraestructura tradicional terrestre o porque los proyectos, hasta el momento, no tenían una perspectiva de largo plazo.

Por su alcance y modelo de acceso comunitario garantizado por más de ocho años , este es un proyecto ambicioso y sin precedentes, que traerá un impacto socioeconómico de gran envergadura para el país, empezando por que se beneficiarán cerca de 1.300.000 personas en las zonas rurales o apartadas y se potenciará la calidad educativa con la instalación prioritaria en más de 9.000 escuelas rurales antes de 2 años. Sin duda, la expansión de la conectividad traerá también efectos positivos para la economía en general. Por ejemplo, el Banco Mundial ha estimado que un aumento del 10% en la penetración de banda ancha fija aumentaría el crecimiento del PIB en un 1,38% en economías en vía de desarrollo.

Según Daniel Losada, Vicepresidente de Ventas Internacionales de Hughes Networks Systems., ahora más que nunca, la conectividad se convierte en la máxima prioridad y Colombia debe seguir apuntando a impulsar la adopción de Internet de alta velocidad en las regiones, incorporando infraestructura terrestre y no terrestre para proveer acceso a servicios de alta calidad a través de redes de banda ancha inalámbricas y satelitales.

Sin embargo, la implementación de tecnologías terrestres, como la fibra, es fácil en lugares densamente poblados como ciudades y corredores de carreteras. Pero a medida que la densidad de población disminuye en las zonas más rurales de un país, estas tecnologías se vuelven cada vez más costosas de implementar. Por ejemplo, según nuestra experiencia, el costo de extender la banda ancha a un grupo de 10 ubicaciones rurales que están a 1.5 millas del nodo de fibra más cercano tendría un costo hasta de 20 veces más que la implementación por satélite en esas mismas 10 ubicaciones.

En este tipo de áreas apartadas, las tecnologías no terrestres como los satélites tienen más sentido económico. Pueden proporcionar una amplia cobertura de área, altas velocidades y servicios de banda ancha, más ahora que se utilizan Satélites de nueva generación y alto rendimiento como JUPITER ™ 2 de Hughes, cuyas innovaciones han aumentado la eficiencia y rendimiento para transportar cantidades cada vez mayores de banda ancha mientras interoperan sin problemas con redes terrestres.

En este contexto, y retomando las expectativas del proyecto de acceso universal a Internet en Colombia, liderado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, las alternativas de banda ancha satelital de nueva generación, probadas en proyectos similares en India, México y Brasil, están llamadas a formar parte de la solución desde una perspectiva financiera, técnica y tecnológica. No solo porque están disponibles para el 90% de la población en Colombia, sino porque su alto desempeño y eficiencia a la hora de brindar servicios en la educación rural están probadas en más de 50 mil escuelas, como es el caso de Hughes.

Este es un momento crucial. Como lo evidenció la pandemia, la banda ancha ya no es un lujo; es una parte importante del tejido socioeconómico del país. Cuando se toman decisiones de financiación, como lo hace acertadamente el Gobierno de Colombia con el Proyecto 10K, sobre una base tecnológica neutral, está asegurando ganarle la carrera a la brecha digital.

Para llevar a buen término este proyecto estratégico, empresas de telecomunicaciones, corporaciones multinacionales, proveedores de tecnología, entidades gubernamentales y no gubernamentales debemos movilizarnos en torno a un solo propósito: acelerar la conectividad rural y así la inclusión digital de los colombianos.

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