Manos amigas para los migrantes venezolanos

Dos sacerdotes colombianos sirven, a diario, más de 4.000 almuerzos a personas de ese país, en el área de Cúcuta. Esta es su historia.

Premios Portafolio 2018

Los padres Francesco Bortignon y José David Caña han ayudado a miles de venezolanos.

Archivo particular

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Portafolio
noviembre 29 de 2018 - 09:24 p.m.
2018-11-29

Desde las cinco de la mañana, de lunes a sábado, miles de venezolanos hacen fila frente a la casa de paso La Divina Providencia, en el barrio fronterizo de La Parada, para recibir un desayuno y/o un almuerzo.

Son los que han cruzado el puente Simón Bolívar desde los municipios venezolanos aledaños a la frontera o viven ya en el sector. Así mismo, en Cúcuta, cientos de personas también hacen fila para recibir una de estas comidas en la mañana o al mediodía.

Son los venezolanos que han migrado a Colombia sin nada más que unos morrales o unas pequeñas maletas, sus hijos, y una incertidumbre por el futuro inmediato y también por el lejano. Ellos decidieron quedarse en la capital de Norte de Santanter, o están de paso y reciben la alimentación diaria y otras ayudas de parte de los sacerdotes Francesco Bortignon y José David Caña.

Con unas misiones de caridad ya andando, como la del Centro de Migraciones, el padre Francesco comenzó a atender a los venezolanos desde que comenzó la migración en el 2016. Por su parte, el padre Caña empezó oficialmente el 5 de junio del 2017 con la casa de paso de la diócesis de Cúcuta, apoyada por organizaciones internacionales.

El servicio es realizado por centenares de voluntarios de las parroquias de la zona, así como llegados desde Venezuela. Cerca de 120 personas se turnan diariamente para ayudar a preparar unos 1.200 desayunos y más de 3.000 almuerzos, en los cuales se consumen unos 300 kilos de arroz, 300 más de carne o pollo y otros tanto de granos, más ensalada. “Son comidas balanceadas, como lo mandan las organizaciones de cooperación internacional”, dice el padre Caña.

Entre los voluntarios venezolanos está el padre Richard García, de una parroquia de Rubio, municipio a una hora de la frontera, quien relata que viene al país un día por semana a ayudar en servir y consolar a las personas y también a recibir alimentos para repartirlos en su barrio.

Ana Urbina llegó a La Parada, hace un mes desde el estado Barinas, junto con sus dos pequeños hijos y su esposo. Él trabaja vendiendo lo que puede en las calles, mientras ella cuida de los niños. “Allá comíamos una sola vez al día y era lenteja con yuca todos los días. Aquí nos dan buena comida, además de salud, si los niños se enferman. El domingo es difícil para nosotros porque aquí no dan alimentos y nos toca comprarlos muy caros”, aseguró.

Pero, además, hay servicio de peluquería que hacen personas a manera de voluntariado, así como de salud, quienes también van todos los días a hacer consultas gratis y a repartir medicinas. Incluso, hasta un conjunto de música integrado por los mismos migrantes alegran la vida de las personas que están recibiendo el alimento.

“Lo bonito e importante de esta obra es que cada quien viene a ofrecer lo que tiene”, dice el padre Caña, mientras que el padre Francesco expresa que en los dos comedores se reparten unos 1.100 almuerzos diariamente, principalmente a familias con niños en estado de crisis alimentaria evidente.

Asimismo, ya trabaja en la adecuación de otro comedor, el cual espera que comience a funcionar a comienzos del año entrante. Entre tanto, en el Centro de Migraciones se les ha dado hospedaje, actividades lúdicas y servicios médicos a cerca de 5.000 personas en un año. El Centro tiene capacidad para 120 personas, pero debido a la gran población migrante, le dan albergue a unas 150. Tienen personal capacitado como sicólogos, trabajadores sociales y expertos en pedagogía infantil.

“La venezolana es una población que verdaderamente está pasando tristeza, hambre y desesperación en su experiencia humana y familiar”, finaliza el padre Francesco.
Ambos agradecen a todas las organizaciones nacionales e internacionales cooperantes, que ayudan de una forma u otra a esta obra.


Pedro Vargas Núñez
Editor Portafolio.co

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