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Un siglo de la OIT: El mundo laboral exige más que alertas

Hoy existen, por lo menos, 6 trabas que dificultan el trabajo y restan igualdad, calidad y perspectivas de vida a los 3.500 millones de trabajadores. 

Música en el trabajo

La OIT se creó en junio de 1919 como parte del Tratado de Versalles que puso fin a la Primera Guerra mundial.

123rf.com

POR:
Portafolio
mayo 15 de 2019 - 08:25 p. m.
2019-05-15

“La pobreza es un peligro para la prosperidad de todos” es una de las frases con las que la Organización Internacional del Trabajo, OIT, conmemora su primer siglo de vida en su web oficial pero expertos dicen que el actual momento laboral exige mucho más que eso.

“Necesitamos que trabajadores, empleadores y gobiernos actúen de una forma más coordinada, estrecha y realista no sólo sobre los principales frenos y obstáculos laborales que se enfrentan, que depredan aceleradamente la calidad y condiciones del trabajo digno y decente, sino sobre los inciertos y preocupantes retos que nos depara el futuro inmediato”, dice a Portafolio el economista brasileño Marcos Abreu.

(El Centenario de OIT y el futuro del trabajo). 


“El mundo ya entró en ese futuro de incertidumbre laboral en el que se mezclan la inteligencia artificial, que podría fortalecer las economías pero, provocar, al mismo tiempo, grandes alteraciones en el mercado laboral, con la profunda modificación de las reglas y, probablemente, una mayor depredación del trabajo digno que conocemos hasta hoy”, añade.


Esos cambios radicales exigen hoy una preparación mucho más amplia, que supera las fronteras de lo laboral. Se necesitaría “una inversión masiva en educación, una nueva generación de políticas de apoyo y protección social para la población y una movilización de los gobiernos y de todos los agentes sociales como nunca vimos anteriormente”, admitió Antonio Guterres, Secretario General de la ONU al comentar los retos laborales que el futuro depara a la OIT en un reciente discurso conmemorativo a su siglo de existencia.

El organismo se creó en junio de 1919 como parte del Tratado de Versalles que puso fin a la Primera Guerra Mundial,
donde 44 países expresaron su convicción de que la justicia social es primordial para lograr una paz universal y permanente.

Su nacimiento supuso el primer paso en la construcción no sólo del sistema multilateral sino de las actuales Naciones Unidas. La OIT fue facultada entonces para negociar y supervisar las normas mundiales del trabajo y eso no ha sido nada fácil, aunque por el trabajo realizado en los primeros 50 años la entidad recibió el Premio Nobel de la Paz en 1969. 

En los últimos 100 años, la existencia de la OIT “se puso a prueba con las turbulencias de la historia y las crisis económicas y sociales”. Sobrevivió a “la gran depresión, al autoritarismo, el colapso de la Liga de las Naciones y el exilio provocado por la guerra”, reconoció públicamente Guy Ryder, actual director del organismo.

(En el mundo, 2.000 millones de personas trabajan sin pago). 


Pero el nuevo siglo que inicia la OIT tampoco será fácil. Lo comienza en un mundo donde la miseria y la pobreza crecen como espuma y amenazan, más que en otras épocas, la prosperidad de todos, como alerta la frase del organismo mencionada al principio de esta nota, y ponen en peligro el espíritu de esa paz universal y permanente, con el que se creó el organismo hace 100 años.

LA ACTUALIDAD

Actualmente y sólo en América Latina, la miseria y la pobreza afectan a unos 245 millones de personas, según un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), divulgado en enero de 2019.

Además, persisten crecientes obstáculos laborales a nivel mundial que tienen que ver con la igualdad de género en la participación de la fuerza de trabajo mundial y con la creciente depredación de la calidad y la cantidad del trabajo, entre muchas otras cosas.

Por ejemplo, en 2018 unos 360 millones de personas fueron trabajadores familiares o auxiliares, y otros 1.100 millones trabajaron por cuenta propia, a menudo en actividades de subsistencia debido a la falta de oportunidades de empleo en el sector formal y/o a la ausencia de un sistema de protección social, según reconoce la misma OIT.

Además, admite que más de una cuarta parte de los trabajadores de países de ingreso bajo y de ingreso mediano bajo vivían en situación de pobreza extrema o de pobreza moderada.

Hoy existen, por lo menos, 6 trabas que dificultan el trabajo y restan igualdad, calidad y perspectivas de vida a los 3.500 millones de trabajadores que existen a nivel mundial, según reconoce la OIT.

Persiste, por ejemplo, una gran brecha en la participación laboral entre los géneros. La tasa laboral femenina fue del 48 por ciento en 2018, muy inferior a la masculina, que fue del 75 por ciento; vale decir que 3 de cada cinco de los 3.500 millones de integrantes de la fuerza del trabajo mundial eran hombres.

Por otro lado, la mayoría de los empleados en el mundo vieron disminuido su bienestar material, seguridad económica e igualdad de oportunidades y carecieron de margen suficiente de desarrollo humano pues el estar empleados no siempre fue una garantía de condiciones decentes de vida.

La OIT reconoce que muchos trabajadores aceptan hoy un empleo porque les toca sobrevivir, sin atractivo, ni incentivos y, en muchos casos, en pésimas condiciones económicas, sin protección social y sin el amparo de los derechos laborales. A eso suma el aumento de la tasa de dependencia (esto es, el porcentaje de personas económicamente inactivas con respecto a las activas) que plantea nuevos desafíos en términos de organización del trabajo y distribución de los recursos en la sociedad.

La OIT reconoce que el panorama laboral actual es incierto pues, aunque las condiciones económicas fueran estables, los riesgos macroeconómicos que existen son importantes y ya tienen un impacto negativo en muchos países.

Estima que la tasa de desempleo mundial en 2019 y 2020 debe mantenerse estable pero menciona que “las previsiones indican que el crecimiento de la población activa hará aumentar el número de personas desempleadas en 1 millón al año, hasta situarlo en 174 millones en 2020.

EL FUTURO 

Por eso, el nuevo siglo que inicia la OIT le será mucho más difícil pues le plantea un panorama ambiguo y confuso, con desafíos enormes que divisa, desconoce o no puede vislumbrar con precisión y para los cuáles, pese a su experiencia, la entidad aún no está preparada para enfrentar.

El problema inmediato “es que el futuro es hoy. Si la OIT ha sido pionera en la construcción de una globalización justa que amplió las oportunidades de trabajo, disminuyó las desigualdades y respondió a la demanda de los trabajadores por un trabajo decente, debe ahora ver, analizar y actuar más allá de la reducida visión del último siglo y sin las amarras burocráticas que distinguen su funcionamiento. Una renovación profunda, un concienzudo análisis de las transformaciones laborales que traerán los avances de la ciencia y la tecnología y la preparación de las nuevas leyes que se ajusten a esos cambios son urgentes”, afirma el economista Abreu.

Ryder, el Director actual de la OIT, considera que aunque el reciente informe elaborado por la Comisión mundial sobre el futuro del trabajo, de la OIT, “evidencia que, aunque crucial, nuestro futuro no está decidido. No viene dictado por el desarrollo tecnológico, sino que será el resultado de las decisiones que tomemos sobre el futuro que queremos y nuestras metas comunes para realizarlo”.

Tendremos, entonces, que cruzar los dedos.

Gloria Helena Rey

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