Diarios de campaña: Una jornada con Hollman Morris

Acompañamos al aspirante de la Colombia Humana, Mais y UP a uno de sus recorridos por Bogotá. 

Hollman Morris

Ciudadanos se acercan para expresarle su apoyo.

Archivo particular

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Portafolio
octubre 22 de 2019 - 10:01 a.m.
2019-10-22

Son las 2 de la tarde del domingo 6 de octubre. Sobre la transversal 94 con calle 80C, en el barrio Quirigua de Engativá, está parqueado el camión de la campaña de Hollman Morris. Más tarde sabré que es el ‘Petromóvil’, o por lo menos así lo llama un entusiasta militante que no suelta un megáfono blanco con el que invita al evento en el que, promete, estará el senador Gustavo Petro.

Unas 50 personas, sobre todo ciclistas con banderas de Colombia Humana, que vienen desde Kennedy, rodean el vehículo, que tiene escrito varios mensajes: ‘Primera línea del metro subterráneo’, ‘Un millón de árboles en la Van der Hammen’, ‘250.000 cupos universitarios gratuitos’, ‘Hollman, alcalde’.

Van a ser las 3 de la tarde y el evento se suponía que empezaba a las 2. Una llovizna empapa la pequeña plaza en la que colaboradores reparten periódicos con las propuestas de Morris. Siguen allí las mismas 50 personas.

Desde el ‘Petromóvil’ hablan aspirantes a ediles de distintas localidades, invitan a más gente, prometen que falta poco para que llegue su candidato a la alcaldía.

“Me enteré de esto ahorita por Facebook y, como vivo cerquita, vine a buscar el periódico. Estoy mirando todas las propuestas de los candidatos. No he tenido la oportunidad de ver los discursos, pero, por el momento, él es de la corriente que me simpatiza”, confiesa Rosa Edith, quien, siendo ya las 3 p. m., decide que volverá más tarde, porque tiene cosas que hacer.

En el lugar hay varios políticos que apoyan esta campaña. Susana Muhamad, exsecretaria de Ambiente y aspirante al Concejo, recoge firmas con las que promete que se podrá detener el trámite del POT. David Racero, representante a la Cámara por Bogotá, habla de la renovación de la política. También está José Cuesta –exsubsecretario de Gobierno y aspirante al Concejo–, quien se me acerca.

“Sí sabe lo que le pasó a Petro, ¿no?”, la frase me sorprende, no tengo ni idea de qué le pasó a Petro. “Iba a llegar aquí a las 2. Él estaba en Apartadó ayer, cuando fue al aeropuerto le cerraron la puerta, aún no ha podido viajar. ¿No vio el trino responsabilizando al Gobierno Nacional de cualquier cosa que le pueda pasar porque tiene un esquema de seguridad frágil?”, me cuenta, dando a entender que no va a llegar al Quirigua.

Eso aún no se lo dicen a la gente. Siguen invitándola a escucharlo. Son las 3:30 de la tarde. Ya hay más personas, unas 200. Me entero de que Hollman está repartiendo volantes en el portal de la 80 y camino hacia ese lugar.

En la esquina de la calle 80, en la puerta de acceso de los buses al portal de TransMilenio, está Hollman hablando con algunas personas.


Lo acompaña un escolta, un videógrafo que graba todos sus movimientos y dos asesoras. Camina descomplicado, saluda amistosamente a quien se acerca. Reparte abrazos, se toma fotos con quien se las pide, agradece los buenos deseos e invita a que lo acompañen en su discurso.

“En la calle notamos que está el afecto, hemos crecido en reconocimiento. También sentimos que la gente está cansada de Peñalosa, porque les ha ido mal con TransMilenio, con la recolección de la basura, con la inseguridad, la gente se siente muy engañada porque lo vendieron como el gran gerente, y mire”, me conversa mientras caminamos.

–¿Y usted no va a engañar a la gente? –le pregunto.

“La diferencia viejo es que uno se ha jugado la vida por cosas. Me la he jugado por los derechos humanos y la paz, no por un contratico. Para nosotros, la apuesta grande son las transformaciones sociales de este país. La educación superior gratuita en Bogotá, el metro subterráneo”, explica.

–Pero ¿el metro elevado no está amarrado? –pregunto.

“Si se adjudica, lo tumbamos. Lo va a tumbar la gente el 27 de octubre, es la gente la que decide si se mete en un proyecto mediocre como el meto elevado o si elige el metro subterráneo”.

En las cinco cuadras que caminamos juntos recibió mensajes de afecto, propuestas, sonrisas. Cuando llegamos a la plazoleta, el lugar estaba completamente lleno. José Cuesta lo recibe, y se lo lleva aparte. Hablan en secreto. Sospecho que le está informando que Gustavo Petro no va a llegar.

Se sube a la plataforma del camión en medio de la algarabía. “¡Hollman, alcalde! ¡Hollman, alcalde!”, gritan cientos de personas. Se abre paso, saluda a todos y empieza su discurso.

“Acabo de hablar con Gustavo Petro –parece que el senador es la espina dorsal de su campaña–, ustedes saben, no pudo salir anoche de la ciudad de Apartadó. Pero les manda un fraterno saludo, un fuerte abrazo… y una tarea. Después de mis palabras, los invito a que salgamos a recorrer Engativá, y vamos a hacer lo que mejor sabemos hacer los militantes de la Colombia Humana, vamos a enamorar”. Lo ovacionan.

En su intervención habló de la propuesta de la universidad pública gratuita y de calidad. Del metro subterráneo. De construir una ciudad compacta y sostenible. De la atención en salud en los barrios. De brindar afecto, amor, educación y pedagogía a los consumidores de drogas. De los subsidios al transporte público para jóvenes. De internet gratuito.

También se refirió a un tema que le pregunté mientras caminábamos. ¿No hay una opción para unirse con Claudia López?

“Cuando me preguntan que si va a haber unidad, digo que no puedo unirme a programas que van a acabar con la ciudad, ustedes no me lo permitirían. El proyecto metro elevado es eso, Lagos de Torca es eso… Que se unan Galán, Uribe y Claudia López. Hay dos modelos de ciudad, y Bogotá tiene que elegir”.

Al término de sus palabras, una mancha blanca de banderas, camisetas y arengas avanza por la zona comercial de la transversal 94 invitando a los transeúntes a votar por la Bogotá Humana 2.0.

Cuando se acercaban a la calle 82, un grupo de no más de seis personas empezó a gritarles: “¡Guerrilleros, asesinos! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!”.

La tensión sube cuando un grupo de simpatizantes de Morris se detiene y empieza a responderles: “¡Paracos, asesinos!”. Unos minutos de insultos opacan la jornada, pero la marcha sigue.

En el camino, justo antes de que un aguacero se descuelgue, un vendedor ambulante se le acerca al candidato.

–¿Qué propone para nosotros? –indaga.

–Al vendedor informal lo dejamos trabajar, lo respetamos y concertamos con ustedes –le responde.

–El Ipes ha sido una manipulación al vendedor ambulante porque nosotros no estamos buscando empleo, ya tenemos uno, que ante los ojos de la sociedad no es digno, pero para nosotros sí lo es –contrapregunta.

–Hay una propuesta que me llama la atención, ¿qué tal vendedores informales en la junta directiva del Ipes? –sugiere Morris.

El hombre le extiende su mano, la aprieta fuerte y concluye: “Hollman, primero llegue a donde tenemos que llegar, y luego amasamos eso”.

Óscar Murillo Mojica
El Tiempo

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