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Vida decadente, del oso polar lejos de la banquisa

En la bahía de Hudson hay menos de 800 animales.

Oso polar

Oso polar

El Tiempo

POR:
AFP
septiembre 30 de 2022 - 08:37 p. m.
2022-09-30

En la Bahía canadiense de Hudson, en pleno verano, los últimos pedazos de hielo son como confetis en el agua azul. Un oso toma el sol frente a las olas, lejos de la banquisa, y de sus presas, las focas. De poco le sirve su pelaje blanco para camuflarse. A su alrededor, la costa es casi plana, con rocas, hierbas altas, sauces con flores violetas, y árboles endebles que luchan contra el viento para crecer.

(Descubren un virus de murciélago similar al covid).

Los osos de la región viven un periodo crítico. Cada año, desde finales de junio, cuando el hielo desaparece, se ven obligados a vivir en esta orilla y a ayunar. Un ayuno cada vez más largo y peligroso para ellos.

Una vez en tierra firme, “los osos suelen tener muy pocas opciones para alimentarse”, explica Geoff York, biólogo de Polar Bear International (PBI).

Este estadounidense acude varias semanas al año a Churchill, un pueblo a las puertas del Ártico en la provincia canadiense de Manitoba, para ver cómo evoluciona este animal en peligro de extinción. Se pueden ver fácilmente, desde vehículos todoterrenos adaptados a la tundra o desde lanchas en la Bahía de Hudson.

(Rusia y Chile, principales destinos de exportación de carne y lácteos).

Un equipo de la AFP acompañó a Geoff York a principios de agosto en una de estas expediciones.

Cerca del impresionante macho tumbado al sol hay restos de espinas. Nada a la vista que quite el hambre a este animal de unos 3,5 metros y alrededor de 600 kilos de peso.

“En algunos lugares pueden encontrar un cadáver de ballena beluga o una foca imprudente cerca de la orilla, pero la mayoría de las veces ayunan y pierden alrededor de un kilo por día”, afirma el científico.

En el Ártico el calentamiento global es tres veces más rápido que en otras partes del mundo, o incluso cuatro veces, según los estudios más recientes.

Poco a poco la banquisa, es decir las placas de hielo flotantes que constituyen el hábitat del oso polar, va desapareciendo. Según un informe publicado en Nature Climate Change en 2020, esto podría provocar casi la extinción de este animal: de 1.200 osos polares en la década de 1980 en el oeste de la bahía de Hudson se ha pasado a unos 800 en la actualidad.

En verano la banquisa comienza a derretirse cada vez más temprano y en invierno la glaciación se retrasa. Los efectos del calentamiento global rompen los ritmos. Ven reducida la posibilidad de acumular reservas de grasas y de calorías antes de que pasen hambre en verano.

El oso polar u oso blanco, también llamado Ursus maritimus, es un carnívoro que se alimenta principalmente de la grasa que envuelve el cuerpo de las focas. Pero ahora, durante el verano, este depredador del Ártico se ve obligado a veces a comer algas. Fue lo que le ocurrió a una osa y su osezno, cerca del puerto de Churchill, autoproclamado la ‘capital del oso polar’.

El límite fuera del hielo para las hembras, encargadas de alimentar a sus crías que amamantan hasta los dos años, ronda los 117 días frente a los 180 de los machos, cuenta el estadounidense Steve Amstrup, científico jefe de PBI. El número de nacimientos disminuye y cada vez es más raro que las hembras tengan tres crías, como solía ocurrir antes. Un mundo decadente que Geoff York, de 54 años, conoce muy bien después de haberse pasado más de 20 años recorriendo el Ártico para la organización ecologista WWF y luego PBI.

En la Bahía de Hudson, “los osos polares permanecen en tierra en promedio un mes más que sus padres o abuelos. Cuando se debilitan físicamente, se arriesgan más para encontrar comida, incluso acercándose a las personas”.

En Churchill, “donde a los osos les gusta esconderse” una localidad de 800 habitantes, los osos se han acostumbrado a frecuentar el vertedero, fuente de comida fácil, pero nefasta, para ellos. La única cárcel de Churchill es para osos: 28 celdas, a veces llenas en otoño, cuando los osos merodean en masa por los alrededores de la ciudad, a la espera de que el hielo vuelva a formarse en noviembre.

Hace unos años, los científicos temían que la banquisa estival del Ártico alcanzara rápidamente un punto de inflexión climático y desapareciera permanentemente una vez superada cierta temperatura. Los últimos estudios demuestran que el fenómeno es reversible.

AFP

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